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Antonia Cortés

Desde mi ventana

Antonia Cortés


Diplomacia

27/01/2022

La ciudad no se para. Sus ciudadanos, tampoco. La normalidad se convierte en lo más deseado, aunque se sepa que no es normal lo que está ocurriendo. Igual ellos no lo están viendo... o no lo quieren ver. Madrugan, se levantan, desayunan, llevan a los niños al colegio, trabajan… Nada ha cambiado en su día a día, pero saben que la tensión está, aunque no la respiren, aunque no quieran respirarla. Si encienden la televisión, la radio o leen los periódicos lo ven, lo escuchan. Los medios de comunicación tienen su foco puesto en Ucrania, no dejan de hablar de la situación creada en los últimos días. Cada paso que se da se cuenta en el mismo momento en que se está dando. Y las cosas pintan regular, como una cuerda que se tensa y se tensa a la espera de que uno deje de hacerlo… o hasta que se rompa. El fósforo está en la mano a punto de encenderse, una pequeña llama que podría crear un nada deseado desastre. ¿Quién quiere la guerra? A la gente de a pie se nos escapa casi siempre lo que se cuece en las altas esferas.
El conflicto no es nuevo, viene de muy atrás. Pero no llevemos nuestra mirada tan lejos, nos quedamos en 2021. La llegada de miles de soldados rusos a la frontera de Ucrania no fue una acción sin intenciones; la movilización de medios militares por parte de la OTAN ahora, tampoco. Escuchar las declaraciones de los mandatarios de unos y otros países, a veces, pone los pelos de punta. La embajadora de Estados Unidos ante la OTAN, Julianne Smith, ha sido muy clara, sus palabras aseguran que están preparados para actuar si hubiera que hacerlo, si Rusia atacara a Ucrania. Por si acaso, a los americanos que viven en la zona ya les han animado a que abandonen el país. La tensión es un hecho.
Provocaciones. Medir fuerzas. Dónde se sitúan unos y otros países. Si Ucrania es atacada por Rusia, la OTAN no puede quedarse cruzada de brazos. El resto de aliados también han barajado todas las posibilidades. Discursos y discursos. Está claro que las cosas no andan bien, pero la apuesta por un diálogo, por agotar todas las estrategias diplomáticas también está sobre la mesa.  El anuncio de que una delegación de Parlamento Europeo va a viajar a Ucrania este domingo es una clara apuesta por la vía de rebajar esas tensiones creadas. El objetivo será, según la Eurocámara, «desescalar la situación y evitar las consecuencias desastrosas de una posible guerra en Ucrania». Leer la palabra crea tristeza y el recuerdo de otra que suma ya una década.
En Siria las cosas también transcurrían como siempre. Días antes de que estallara la guerra, los turistas paseaban por sus ciudades más hermosas haciendo fotos. Era marzo de 2011. El conflicto aún sigue. Esperemos que en Ucrania no se rompa la cuerda y que la sensatez y la diplomacia gane.