Javier López

NUEVO SURCO

Javier López


La vida, el periodismo y el vendedor de camisas

03/04/2024

Cuando, en una cierta edad, digamos que en la zona media de la vida, uno tiene que afrontar una aventura inesperada hay una sensación que se repite una y otra vez, y se concreta en una pregunta que atormenta machaconamente: «¿Qué ha pasado?». Me ocurrió hace unos años, no demasiados, cuando tuve que aprender a vender camisas en un centro comercial para hacer frente a un momento de crisis ante la imposibilidad de ganarme la vida, al menos de una forma suficiente, con lo que me era propio: el periodismo.  Me convertí entonces en integrante del numeroso ejército de «los de vida quebrada», todo ello después de haber dirigido proyectos de comunicación, conducido programas informativos en cadenas importantes durante más de diez años, entre ellas TVE, y escrito un libro, además de haber participado en cientos de tertulias, programas de debate y otros acontecimientos relacionados con el oficio que me ocupaba y del que me enamoré cuando de adolescente leía los periódicos con mi querido abuelo. 
Lo más bonito de toda aquella experiencia fue aprender un nuevo oficio, que me gustó, y disfrutar de unos compañeros de gran calidad. Lo más doloroso, viéndolo con una cierta distancia, es el tener que afrontar la dura prueba del «callejón sin salida», la total indiferencia de algunas de las personas que te podían echar una mano y no lo hicieron, las puertas que nunca se abrían, y, una vez metidos en harina del nuevo  oficio, esa sombra de sospecha que siempre pesa sobre ti y que se resume en la apreciación de «si está aquí, vendiendo camisas, es porque algo habrá hecho, o será que  no vale para lo suyo». Lo cierto es que lo pase bien vendiendo camisas, aún con la certeza irrebatible ( y no pecaré de falsa humildad) de que en ese preciso momento de mi vida podría estar conduciendo programas importantes en radio o televisión, o escribiendo editoriales de altura, pongamos por caso.
Vender camisas fue una experiencia que me dio una nueva perspectiva y me ayudó a valorar el punto y hora en el que se encuentra nuestro oficio, que se nos ha llenado de zampabollos, mediocres y vanidosos; en masculino y femenino, lo proclamo, hasta el punto que la mierda y la podredumbre nos llega ya hasta las cejas. De aquella experiencia nació «El vendedor de camisas, un testimonio brutal sobre la crisis del periodismo en un mundo en estado transmutativo». Como escribió Eusebio Cedena, en la primera entrevista que me hicieron al respecto, «necesitaba explicarme» y levantar un testimonio que puede ser válido no solamente para periodistas en ciernes o ya metidos en oficio, sino para toda esa generación intermedia, de la que formo parte, que tiene que encarar, y cada vez más, vueltas bruscas de la vida y reinventarse de forma insospechadas, hasta extremos inverosímiles. En realidad, el texto  es una suerte de testamento vital sobre una parte importante de mi camino, tan plagado de experiencias como de expectativas, algunas cumplidas, y decepciones. Es un levantar acta en un momento en el que ya se deja de esperar, o muy poco, y uno se agarra a sí mismo, sin más.
La vida, el periodismo y el vendedor de camisas. Esos son los tres conceptos claves de esta obra que ahora reseño yo mismo en mi espacio en  La Tribuna, este lugar que en los últimos más de diez años, hasta en los peores momentos, me ha servido de columna en la que apoyarme todos los miércoles. Recuerdo esos martes en el centro comercial cuando, entre camisa y camisa, iba pensando como enfocaría la columna que tendrían que publicarme aquí al día siguiente: el tema, los matices, la frase destacada. Y aquí seguimos, guardando un cierto respeto aún y a pesar de todo a un oficio del que me enamoré de jovencito y del que en este momento hago balance. La historia estaba pidiendo paso, y tenía que salir, negro sobre blanco. No había mejor título, 'El vendedor de camisas', porque, bien mirado, creo que en el fondo, y de alguna manera, siempre he sido justamente eso, un vendedor de camisas. Cuando llegué al centro comercial, y vieron mi currículum, me preguntaron sorprendidos: ¿Qué ha pasado para que tú estés aquí?. Después de darle muchas vueltas decidí escribir la historia. Era lo mejor que podía y sabía hacer. Debía explicarme.

ARCHIVADO EN: Periodismo, RTVE