Escolástico González

Fontanería Pública

Escolástico González


50 años de un viejo club de amigos. San Juan de Ávila

09/10/2023

Previo a la construcción de la actual parroquia de San Juan de Ávila, edificio como tal, en 1973, mediante decreto del Obispo de Dora y Prior de las Órdenes Militares D. Juan Hervás, ya se había creado el caldo de cultivo necesario para una nueva parroquia. En ese caldo de cultivo, tres ingredientes: un barrio marginado socialmente, una comunidad de religiosas y un cura joven. Anterior al edificio parroquial que se conoce actualmente, la actividad se desarrollaba en un salón de actos del colegio de San Francisco de Así y en un pequeño piso de 40 metro cuadrados del Barrio de Vistalegre -que pertenecía también a las monjas de la Comunidad de San Francisco de Asís – germen inicial de toda actividad religiosa y social con un club juvenil de amigos que tuvo allí sus primeros inicios y que después se trasladaría a la nueva parroquia y un nombre propio, sin el cual, la nueva comunidad parroquial no hubiese tenido la dimensión social que adquirió: Pedro Jaramillo Rivas.
La parroquia de San Juan de Ávila, construida sobre el solar de un ruinoso e insalubre matadero, marcó un hito en la vida de unos nuevos barrios surgidos al norte de la ciudad y nacidos al albur de la especulación inmobiliaria y de las cooperativas de vivienda. Eran los años finales de la dictadura, años de nuevas construcciones de vivienda de protección oficial y de bonanza para las cooperativas. La parroquia se construyó entre las viviendas sociales del Barrio del Padre Ayala y la Comandancia de la Guardia Civil, al lado de dos nuevos barrios obreros. 
La demarcación de la nueva parroquia, desde las Calle de Toledo, Estación Viacrucis y Carmen hasta llegar a puerta de Toledo, incluida toda la periferia, le otorgó una configuración económica y social diversa y distinta a la existente en sus inicios en los salones de San Francisco de Asís, en el corazón de Vistalegre, que se hizo presente en un variado nivel cultural y económico con la llegada de los nuevos feligreses. En el perfil sociológico de la nueva parroquia, creada en el 73, coinciden militares de carrera, Guardias Civiles, funcionarios, empresarios y trabajadores con posiciones económicas muy distintas. El ámbito territorial elegido para la nueva parroquia no fue caprichoso y respondía a criterios que hoy para muchos resultarían demasiado progresistas. 
Lo que sí predominaba en la vieja y en la nueva demarcación era una amplia población juvenil procedente de la generación del baby boom. Quizás, por ello, el primer club de amigos para jóvenes, el del piso de 40 metros cuadrados, formado mayoritariamente por jóvenes trabajadores que habían accedido tempranamente al trabajo manual de aprendiz y cuando finalizaban su jornada encontraban allí un punto común que traspasaba los límites del ocio para adentrarse en la formación del individuo, incluso sin saberlo ellos mismo. Muchos de los que asistían no lo hacían por ir al club, es más, ni lo conocían por ese nombre, iban a ver qué les decía el cura joven del barrio que había sabido ganar su confianza. 
Terminada la construcción de la nueva parroquia, ya con nuevos espacios, continuó el club de amigos y pronto supo incorporar a las actividades a otros jóvenes con un nuevo perfil procedente de distintos puntos de la ciudad. Quizás, ese objetivo, y no otro, era el perseguido por el artífice de la creación de dicho club de amigos. De cualquier forma, y en cualesquiera de los casos que se quieran plantear, el alma de la nueva construcción de San Juan de Ávila, y al mismo tiempo su primer párroco e impulsor de una nueva forma pastoral en los barrios de esta parte de la ciudad, fue Pedro Jaramillo Rivas.
En aquel club de amigos y dentro de las múltiples actividades que organizaba a lo largo de la semana lo mismo se hablaba de la teología de la liberación, del aborto, de las clases sociales, de la pareja, de la sexualidad, de la biblia y de las escrituras, que se comentaba una película del momento en un cineforum perfectamente organizado o se organizaba un debate sobre el rol de las comunidades cristianas en la iglesia. En definitiva, se trataba de practicar otro modo de ocio alternativo y distinto cuando la movida comenzaba a abrirse camino en la mayoría de las ciudades y la apertura cultural y política hacía soñar en otro modelo de sociedad. Experiencias similares dentro de las parroquias donde se canalizaban las inquietudes políticas del momento, existían muchas, especialmente en las grandes ciudades. Pero, experiencias como las de Ciudad Real, con Pedro Jaramillo, de formación humana del individuo, muy pocas y doy fe de ello. 
Los 50 años de la apertura de la parroquia no significan nada si no se asocian a la persona de Pedro Jaramillo. Afortunadamente para todos, aún sigue activo en su apostolado misionero a 8.000 km de distancia. Es muy posible que, los años como párroco no sea la época más brillante de su dilatada y larga carrera como sacerdote. Ni la más fructífera. Estoy seguro que ha tenido otros años posteriores que le han reportado muchas más satisfacciones personales, en los ámbitos nacional e internacional. También estoy seguro, por haberlo conocido, que, en décadas posteriores, su trabajo ha llegado a mucha más gente, mientras que en los mejores años de su juventud estuvo entregado a un grupo de jóvenes, y de una de las colectividades más humilde de esta ciudad, dedicando su saber y esfuerzo a costa de renuncias personales
Podía haberse quedado fuera de Ciudad Real, tuvo la oportunidad, y estoy seguro que hoy tendría la mitra y el báculo que tienen los pastores de la iglesia, sin embargo, su trabajo, ha estado y lo sigue estando con los jóvenes más desfavorecidos. Su paso por esta Diócesis, posteriormente, como Vicario continuó siendo un ejemplo, y, a día de hoy, en Guatemala, continúa con su mismo espíritu de lucha abogando por la formación de peligrosos jóvenes, no solo profesional, sino también y especialmente en valores, convencido que, desde esa formación humana, se construye una sociedad mejor. Siempre he dicho, públicamente, que una de los grandes errores de la jerarquía eclesiásticas ha sido no otorgarle la cruz pectoral y el anillo de pastor de la iglesia. Espero, y deseo, que esta ciudad, donde desarrolló su actividad durante más de 40 años, le reconozca su mérito y aportación cuanto antes. 
Muchos jóvenes, de todos los barrios, y no solo de los límites de la parroquia, en aquella ciudad clasista, y, aún mucho más provinciana que la que tenemos en la actualidad, se acercaron buscando simplemente ocio juvenil y encontraron un mundo de valores. Las actividades religiosas daban paso a la vertiente cultural, al asociacionismo, a la política, al amor, a la pareja, a la amistad, a la convivencia entre clases desiguales, al respeto de las ideas, a la formación humana, siempre desde perspectiva de la libertad del individuo. 
Al contrario que muchos mortales pienso que los amigos se cuentan por cientos a lo largo de la vida de una persona: amigos de la infancia, amigos del colegio, amigos de juventud, amigos de la universidad, amigos del trabajo, amigos de la pareja, amigos de la política, amigos del deporte, amigos de los viajes, amigos del divorcio, amigos en definitiva que han estado a tu lado en un momento determinado y han contribuido a las emociones y a los sentimientos que dan forman a tú vida y te acompañan en el tiempo. Quizás, un encuentro de aquellos viejos amigos de la parroquia de San Juan de Ávila, que pertenecimos al mismo club, pueda servir para un merecido reconocimiento a Pedro Jaramillo. .