El largo viaje de la 'zurra' desde el Prado hasta el auditorio

D.A.F.
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La celebración más anárquica de la Pandorga apareció asociada al concurso de 'limoná' pero con el traslado de ambos a La Granja, las distancias se hicieron mucho más patentes

El largo viaje de la ‘zurra’ desde el Prado hasta el auditorio - Foto: Fotos Rueda Villaverde

No existe una distinción clara entre los conceptos de limoná y zurra en Ciudad Real, puesto que en origen designan lo mismo: el refresco a base de vino, zumo de limón y azúcar. Pero en la práctica, hoy en día, el primer término se usa con más frecuencia para referirse al concurso que organiza la Federación de Peñas y el segundo, a la actividad que desarrollan los jóvenes a base de bailar, echarse vino por encima, ahora mayoritariamente tinto, y beber.

El origen de todo fue una convocatoria en la Feria de 1979, el 17 de agosto, con el nombre de I Concurso Provincial de Zurra. La idea partió de un grupo de amigos reunidos en la peña La Solitaria. Aquella agrupación fue la primera de Ciudad Real y aún estaría algún tiempo organizando el concurso hasta que el crecimiento del movimiento peñista dio lugar a la Federación de Peñas, que es la que ahora lo gestiona.

El año siguiente, 1980, fue el de la recuperación de la fiesta de la Pandorga por parte del Ayuntamiento, con Tomás Valle como primer pandorgo de la era moderna. Una de las actividades del programa fue el II Concurso Provincial de Zurra, que se celebró el 1 de agosto en el Prado. En las siguientes ediciones pasaría a celebrarse el 30 de julio.

El largo viaje de la ‘zurra’ desde el Prado hasta el auditorioEl largo viaje de la ‘zurra’ desde el Prado hasta el auditorio - Foto: Fotos Rueda VillaverdeEn los primeros años, quienes deseaban participar debían inscribirse en el desaparecido Bar Casa Braulio de la plaza Mayor. María José Redondo, hija del popular hostelero, recuerda que «vendíamos unos tiques por unas 300 pesetas, aproximadamente, luego el día del concurso se repartían los lebrillos, el vino, los limones y el azúcar, y a quien devolvía el lebrillo después del concurso, se le reintegraba una parte del dinero».

A la fiesta se sumaban numerosos jóvenes fuera de concurso, que hacían su propia limoná sin atenerse a reglas. En pocos años surgió la costumbre de acudir con pistolas de agua para mojar a otras personas. A ello contribuyó alguna promoción comercial de esos artilugios.

La broma tuvo éxito y en pocos años el jolgorio fue creciendo. De las pistolas de agua se pasó a modelos más sofisticados y con mayor capacidad y también a otro tipo de recipientes, cubos, bolsas de plástico, e inevitablemente los propios lebrillos fueran o no de concurso. En este sentido, la concejala de Festejos, Fátima de la Flor, recuerda que en aquellos años hubo personas que tomaron la costumbre de acudir al Prado con mochilas de sulfatar llenas de agua. Un diseño corriente puede tener una capacidad en torno a los 15 litros.

El largo viaje de la ‘zurra’ desde el Prado hasta el auditorioEl largo viaje de la ‘zurra’ desde el Prado hasta el auditorio - Foto: Tomás Fernández de MoyaTodo eso dio lugar a un efecto en cadena. Los que recibían la mojadura intentaban responder lo más rápido posible y si no disponían de agua echaban mano de otro líquido, es decir, vino.

Se intentó evitar problemas acotando una zona exclusiva para el concurso, pero el daño que sufrían los jardines llevó a buscar otro lugar para la celebración.

En 2004 se acordó que la limoná se realizaría en el recinto de La Granja, reservando la zona de la pista municipal para el concurso y dejando la pradera y sus alrededores para los jóvenes. Para aumentar su atractivo, se incluyeron actuaciones musicales y una instalación de agua pulverizada. 

El largo viaje de la ‘zurra’ desde el Prado hasta el auditorioEl largo viaje de la ‘zurra’ desde el Prado hasta el auditorio - Foto: RUEDA VILLAVERDEPero tanto ese año como el siguiente, los jóvenes preferían seguir con su zurra en el Prado, incluso llegaron a extender su celebración a la plaza Mayor. Más avanzada la tarde se encaminaban a La Granja para seguir allí la fiesta.

En 2006 el Ayuntamiento tomó una decisión drástica al vallar el Prado el 30 julio, lo que acabó con el caos en el centro de la ciudad y 'convenció' a los jóvenes para que definitivamente realizaran la fiesta en el recinto ferial.

A partir de ahí, ambas partes tuvieron un crecimiento aún más acelerado en su participación, con algún encontronazo entre los participantes en una y otra cita.

El largo viaje de la ‘zurra’ desde el Prado hasta el auditorioEl largo viaje de la ‘zurra’ desde el Prado hasta el auditorio - Foto: Fotos Rueda VillaverdeLa zurra era una fiesta a la que acudían miles de jóvenes de diversas localidades, no sólo de la capital, mientras que el concursó de limoná se trasladó en 2011 al interior del Auditorio Municipal de La Granja, donde siguió creciendo hasta que llegó en un momento en el que ya no era posible admitir más grupos participantes.

El año pasado surgió un nuevo cambio, la limoná pasó a organizarse en la pradera y la zurra, en el interior del auditorio. El concurso ha llegado este año a 150 inscripciones y lo previsible es que el próximo año aún se extienda más. 

Esta permuta de espacio permitió, de paso, controlar mejor la afluencia a la zurra joven, establecer un control de entrada y evitar la participación de menores de edad.