Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Tres crisis

29/12/2023

España padece una triple crisis, económica, institucional y ética, según el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, que contrapuso sus causas con el triunfalismo del Gobierno, y su intento de copar todas las instituciones por afines al Ejecutivo, excepto el poder judicial, el dique que resiste y que seguirá bajo una vigilancia especial por parte del PP. Entre ambas posiciones, la esperanza es que en el justo medio exista una España real, con luces y sombras, donde el deseo expresado por ambos líderes de dialogar sea una propuesta real y no un señuelo mientras se produce, la alternancia en el poder. "Le debo a España el Gobierno que no alcancé en julio", dijo Feijóo, como si no hubiera sido cosa del juego de mayorías parlamentarias y de sus errores estratégicos previos.   

Al hilo de la moción de censura contra la alcaldesa de UPN, Cristina Ibarrola, que ha salido adelante con el apoyo del Partido Socialista de Navarra al candidato de EH Bildu, Joseba Asirón, Feijóo retiró al PSOE la calidad de partido constitucionalista y partido de Estado por haber saltado una línea roja que se había comprometido a mantener y que convierte al PSOE como el partido "con menos crédito ético y menos palabra de la historia", frente a lo que su partido se sitúa como la alternativa dado que ya dos tercios de los españoles se encuentran gobernados por políticos populares -y de Vox-, y aun así, se muestran dispuestos a ayudar al gobierno, "si se deja", a la espera de acceder al gobierno cuando lo decidan los independentistas una vez que retiren su apoyo a Pedro Sánchez, ante los que "se ha allanado" y frente a los que el PP se sitúa como "la casa común del constitucionalismo"

Feijóo, en su balance del año, en el que cada mes encontró una mentira, una desafección o una traición qué, en cualquier otro país, dijo, habría hecho caer al Ejecutivo, se comprometió a gobernar para todos, sin levantar muros ni trincheras y diciendo siempre la verdad. Sin embargo, varias de sus afirmaciones pueden ser, sino rebatidas, sí contextualizadas; en otras padece olvidos interesados, y en otras más vuelve a caer en consideraciones que ya se suponía superadas por él mismo. En ningún momento hizo referencia a los pactos con Vox, de tal manera que al presumir sobre la amplitud de su poder político se olvidó que en muchos casos se debe al concurso del partido de la ultraderecha, y volvió a deslizar que si no gobernaba era porque no quería atajos para llegar a La Moncloa y porque tenía principios, obviando que la compañía de Vox -al que regañó por atacarle a él- fue lo que le impidió alcanzar acuerdos con otros partidos. Sí fue convincente a la hora de exponer las contravenciones de la futura ley de amnistía con la separación de poderes y la igualdad de los españoles ante la ley.  

El líder del PP, que fue muy duro en la presentación del caos de la economía, dio la impresión de que proponía soplar y sorber al mismo tiempo, al proponer las consabidas rebajas de impuestos con la reducción de la deuda y el déficit público, a lo que añadió una dosis de populismo sobre los beneficiarios de algunas medidas del decreto anticrisis que irá al Congreso.

Y sigue la yenka con respecto a la renovación del Consejo General del Poder Judicial, de tal forma que de las palabras de Feijóo no resulta fácil descifrar si han levantado el veto o cifran toda su esperanza en que la supervisión de la Comisión Europea les dé toda la razón.