Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


La risa va por barrios

21/02/2024

De la depresión a la euforia. Y viceversa. Es lo que va de la derrota a la victoria, de estar en el gobierno a verse en la oposición. De verse cuestionado a erigirse en líder todopoderoso. Y viceversa. El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo está eufórico porque su partido ha logrado la quinta mayoría absoluta en su tierra. Es para estarlo después de los nervios pasados cuando todo hacía prever un paseo militar. Feijóo afirma, con razón que ha ganado el plebiscito que le había planteado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sobre su liderazgo y lo ha ganado con creces, mientras que el jefe del Ejecutivo ha perdido el suyo. 

Feijóo tiene motivos para la euforia, que puede servir para curarle la depresión de no haber podido gobernar tras las elecciones generales, porque considera que ha dado con la clave para desterrar el sanchismo, la concentración del voto en el PP, como ha ocurrido en Galicia, por lo que vuelve a realizar un guiño a Vox para que se reintegre a la casa común del centro-derecha. Puede que cometa el error de considerar que Galicia, donde reina el PP, es el modelo exportable a toda España. Su obligación sin duda es intentarlo, porque la dispersión del voto pasa factura… Pero también permite gobernar. Si al presidente del PP le hubieran preguntado hace una semana si consideraba que las elecciones gallegas eran un plebiscito sobre su liderazgo, habría dicho claramente que no, aunque todo el mundo sabía que sí lo era. Ahora, con los votos escrutados saca pecho por el triunfo. Es lo normal en los comportamientos políticos, aunque en la vida real tenga otro nombre.

Por el contrario, el PSOE se encuentra en un proceso de búsqueda de cómo salir del bache, trata de hacer ver que su actitud con la ley de amnistía no ha tenido nada que ver con el batacazo que se ha dado, busca fuera de la acción del gobierno las causas de la debacle -que si su candidato no ha tenido tiempo, que si el problema son los liderazgos regionales, que sí él, BNG también defiende la amnistía…-. Es de prever que, por mucho que traten de disimular y no se les escuche una autocrítica lacerante, no sea tan ingenuos como para no intentar poner remedio a su situación en las próximas elecciones vascas y europeas. La negociación con Junts condiciona su capacidad de maniobra, porque ya no pueden dar marcha atrás en la negociación de la ley de amnistía, pero si los independentistas estiran mucho de la cuerda se puede romper.

Hacen bien el PP y Feijóo de disfrutar del momento, de aprovechar la debilidad en la que se encuentra el PSOE y su jefe de filas, de tratar de ahondar en la herida de que la responsabilidad de lo que pasa es única y exclusivamente de Pedro Sánchez y de su manía de intentar permanecer en el poder, aun a costa del prestigio y la historia de su partido, porque dada la volatilidad de las prácticas político-judiciales cualquier movimiento puede hacer que queden al descubierto flancos que permitan la recuperación del adversario, y la risa vuelva a cambiar de barrio.

Curiosamente, el BNG, tras las elecciones del domingo, puede sentirse como el PP después del 23-J. En su caso haber sido el vencedor moral pero sin posibilidad de alcanzar sus objetivos. Nada en cualquier caso comparable con la tristeza que reina a la izquierda del PSOE, que tiene tanto que reflexionar como ese partido.