El acusado inició la riña, pero no fue el autor de la agresión

Manuel Espadas
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Testigos y la propia víctima exculpan al acusado de haberle golpeado durante el Carnaval de Miguelturra y señalan a un amigo de éste. La acción particular retira su acusación pero el fiscal la mantiene por ser el que provocó el enfrentamiento

El acusado, en el banquillo mientras testifica al que todos apuntan como autor real de la agresión. - Foto: M. E.

El acusado no fue el autor material de la agresión, sino que fue su amigo, que en la vista oral celebrada esta mañana en la Audiencia Provincial acudía solo como testigo. Siete años después de que ocurrieran los hechos, en una madrugada de los caranavales de Miguelturra de 2017, se ha desvelado el equívoco y se han identificado correctamente las distintas autorías, de tal modo que la persona que se sentaba en el banquillo, de iniciales J. C. G. N., unicamente fue el que, presuntamente, habría iniciado una riña en la calle Ancha, mientras que su amigo, de iniciales J. M. S. A. y experto en artes marciales, sí habría sido el que golpeó repetidamente al denunciante cuando este estaba en el suelo, ocasionándole la fractura de un dedo, de huesos de la cara y de varias piezas dentales.

Así lo han descrito el acusado, la propia víctima y los testigos del enfrentamiento, amigos del denunciante. Todos ha coincidido en relatar ante el tribunal que el imputado y su amigo, que estaban en estado de embriaguez, increparon a uno grupo de amigos con el que coincidieron en la calle. El acusado habría iniciado la riña dando una bofetada a uno de ellos, con el que se quedó forcejeando en el suelo. A pocos metros, su amigo se habría emparejado con la víctima, a la que derribó y golpeó repetidas veces, hasta dejarlo sin sentido, según los testimonios. "Si no llego a separarlos, lo habría matado", ha declarado el que habría recibido esa primera bofetada, que fue capaz de deshacerse del acusado y acudir en auxilio de su amigo, el denunciante. La única persona que ha testificado esta mañana y que no ha coincidido con esta versión ha sido la del presunto agresor real, J. M. S. A., que sí ha admitido que se enfrentó con la víctima, aunque, aclara, solo se defendió de ella. "Nos empezaron a pegar y nos defendimos; no recuerdo haber golpeado a nadie", afirmaba este practicante de kick-boxing y de jiu-jitsu.

Tras estas peleas en Miguelturra, los dos amigos eran trasladados al Hospital de Ciudad Real en ambulancia, y en el interior de la misma el segundo de ellos, el supuesto agresor, se hacía una foto que después colgaba en Instagram alardeando de lo que había sucedido. Después, en el centro hospitalario, según las declaraciones del grupo de amigos, tanto el acusado como su compañero les buscaron para continuar la pelea.

El acusado, en pie mientras le toma juramento el magistrado.El acusado, en pie mientras le toma juramento el magistrado. - Foto: M. E.

 

El fiscal mantiene los dos años de prisión

A tenor de esta prueba testifical tan rotunda, el abogado de la acción particular, Rodrigo García, retiraba la acusación contra J. C. G. N. y anunciaba a la sala su deseo de que se abra un procedimiento judicial nuevo contra el que sí sería el autor material de la agresión, dado también que el auto de sobreseimiento provisional que le exculpaba en un inicio aún no ha prescrito. Sin embargo, el fiscal mantenía su petición de dos años de cárcel por un delito de lesiones acogiéndose al concepto jurídico de la teoría del 'vínculo de la solidaridad', por el cual, en una riña colectiva, todos los participantes son igualmente responsables de los daños causados. "Alguna responsabilidad tendrá", sostenía Jesús Gil, subrayando que fue él quien empezó el enfrentamiento dando la primera bofetada. También solicita una indemnización de 15.372 euros para la víctima.

Ángel Rico, abogado del acusado, pedía para él una sentencia absolutoria, negando que se estuviera juzgando una riña tumultuando, sino que el objeto del procedimiento era solo el enfrentamiento individualizado entre el agresor y el agredido. "Ha habido una instrucción en la que no se delimitaban las responsabilidades", lamentaba el letrado.

La sesión la cerraba el acusado con sus últimas palabras, en las que daba las gracias a la víctima y a los testigos "por decir la verdad". J. C. G. N., sentado en el banquillo, en ningún momento ha cruzado la mirada con el que entonces era amigo, en el momento de declarar este.