Juan Bravo

BAJO EL VOLCÁN

Juan Bravo


Lo que ahora toca: recomponer la imagen

04/12/2023

Sánchez sabe perfectamente que su imagen ha quedado hecha añicos y que si no la recompone, más bien antes que después, estará literalmente acabado como político. Cuando uno miente tan flagrantemente como él lo ha hecho, es sumamente difícil mantener la credibilidad primordial. Un padre que engaña miserablemente a su mujer y es sorprendido por sus hijos sabe que, en adelante, las cosas serán muy duras para él.
Sin embargo, como un perfecto fajador, y esperemos que, por lo que a él mismo respecta,  mejor aconsejado por sus asesores áulicos, que lo fuera en el maldito embrollo de la amnistía de la tropa catalana, ya empezó el pasado día 30 a lavar su imagen. Cuenta para ello con su agudo conocimiento de la psicología del español medio, propenso a olvidar las afrentas y pendiente, ante todo, de su cuenta corriente y de su cartera; y, sobre todo, con el descarado manejo de los medios de comunicación (para lo que, además, cuenta con la inestimable ayuda de todo un experto en la materia como es su amigo Rodríguez Zapatero). Él está convencido de que, con paciencia, y con la ayuda de ese bálsamo de Fierabrás que es el discurrir del tiempo y el olvido, todo volverá a ser como antes.
El problema, sin embargo, es que se le ha empezado a helar la risa, como a Macbeth (con quien el personaje tiene cada vez mayor semejanza). Y, asimismo, que ha sido tal su grado de exposición al contagio, que hasta el ciudadano más abstruso se ha dado perfecta cuenta de sus peculiaridades psíquicas y mentales, como bien puso de manifiesto Pérez Reverte el pasado miércoles en el programa 'El hormiguero', con una sorna acaso excesiva y un pelín prepotente, como es habitual en él.
Y, por si faltaba algo, va a tener, durante el tiempo que dure el actual mandato, adherido a su piel, cual urticaria, a Puigdemont, recordándole, como el hombre del frac, la deuda que tiene contraída con él. Cierto que no me cambiaría con Sánchez por todo el oro del mundo, pero él sigue confiando en su buena estrella y en sus 'bolaños' de turno que, como piezas bien engrasadas, actúan y se mueven al compás que les marca el nuevo flautista de Hamelin, que no reparará en medios con tal de salir adelante.
El primer argumento con el que compareció en televisión el pasado jueves es bastante sutil, intentando sembrar la duda entre sus detractores sobre el hecho, bastante  problemático, por no decir dudoso, que supondría que la Historia le diera la razón. Mas ¿cómo compadecer ese argumento con la reunión secreta que, para cuando esta columna vea la luz, se habrá celebrado en un hotel de Ginebra, entre las 'partes negociadoras' con observadores internacionales de por medio, espléndidamente pagados por el Estado español, o sea, por todos nosotros, una reunión que tiene todas las trazas de una capitulación por parte de España, que, una vez más –y ya van unas cuantas–, se deja avasallar, cuando no vejar, por tipos de aviesas intenciones y peor calaña.
Estos 'fouchés' llegados a la política con unas terribles ansias de mando, y que tanto nos recuerdan al 'padre Ubu' de Jarry, podrán  resultar de un valor inestimable, como malos, para novelistas maniqueos como el citado Pérez Reverte, pero, para el ciudadano cabal que ora y labora, pueden resultar a la larga una auténtica pesadilla por su falta de humanidad y empatía; y eso por no hablar de una juventud que no anda sobrada de referentes y de ejemplos vivos para vivir con dignidad y con decencia, con palabra y honestidad.
Y es que, si algo está pagando el pato en medio de este desbarajuste es nuestro sistema educativo que, como pez asfixiado en charca infecta, agoniza irremediablemente, falto de medios e ilusión.