Aplausos de verdad

Leticia Ortiz (SPC)
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Las calles de Madrid se rinden ante una princesa que consigue unir en una unánime ovación al Congreso, donde los 'ausentes' solo tuvieron hueco en las preguntas de los periodistas

Aplausos de verdad - Foto: SUSANA VERA

Moverse por el centro de Madrid cuando el sol aún no brillaba y el frío calaba en los huesos era ayer una misión casi imposible. Escribía Jorge Bustos que en España sabemos que pasa «algo importante» cuando cortan las calles. Y parece que tiene razón a la vista de lo ocurrido en la capital. Pero ni las vallas ni los atascos ni ese otoño que parecía invierno frenaron a las miles de personas que esperaron pacientes y bandera en mano a la princesa Leonor en su largo recorrido. Saludaba sonriente desde el imponente Rolls Royce mientras la gente cantaba el Cumpleaños Feliz por todo Madrid. Curioso fue el momento en el que el cántico se mezcló con las salvas de honor a las puertas del Palacio Real.

Mucho antes de ese momento, tan regio como cañí, tan institucional como castizo, el Congreso había sido ya testigo del juramento de la heredera. Treinta palabras que son ya Historia de España. Treinta palabras que sirvieron para que el Hemiciclo resonase como hacía tiempo que no se escuchaba. Fue unánime y atronadora la ovación de casi cuatro minutos que recibió doña Leonor tras cumplir con el trámite constitucional. Acostumbrados últimamente a aplausos partidistas, de una u otra bancada, casi siempre teledirigidos, los de ayer sonaron a ostentación democrática, a orgullo parlamentario... y monárquico, también, porque se rindieron ante Leonor hasta los que se reconocen republicanos. Quién diría que ese escenario es el mismo que en los recientes y aún no acabados tiempos de la nueva política ha acogido intervenciones cuanto menos sonrojantes. 

No hay billetes

Que era día grande en el Congreso, y en Madrid, y en España entera, se notaba no solo en los atascos, sino en el ir y venir de ujieres que daban los últimos retoques para que el Hemiciclo luciese perfecto. Y, sobre todo, para hacer hueco a los casi 600 invitados. Conseguir hueco en la tribuna de prensa, por ejemplo, se cotizaba más que una entrada para la final de la Champions. Así que muchos acabaron (acabamos) siguiendo el acto en pantalla gigante en una de las salas de Comisión. Parecía aquello el cine. Un cine sin palomitas pero con comentarios en directo. Hubo chanzas sobre el nuevo error protocolario de Pedro Sánchez, dispuesto otra vez a usurpar un sitio que no era el suyo.

Aplausos de verdadAplausos de verdad - Foto: Matias Chiofalo Europa PressSenadores y diputados llegaron, salvo excepciones, con mucho tiempo de adelanto y luciendo sus mejores galas. Se mezclaban sus señorías con algún presidente autonómico despistado que acabó en un patio lleno de periodistas ávidos de respuestas. Los menos despistados dieron esquinazo a la prensa para evitar preguntas incómodas. Porque antes de que la princesa deslumbrase y acaparase -con razón- los focos, la atención mediática se la llevaron los ausentes. Y la foto, claro, la ya célebre foto del número tres del PSOE con Puigdemont para poner precio y fecha a la investidura. Lo primero está claro, la amnistía, lo segundo era tema estrella también de los corrillos de plumillas y políticos que no se ponían de acuerdo en si empezará el lunes o el martes de la semana que viene.

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Aplausos de verdad - Foto: AITOR MARTIN

Debates estériles de periodistas. Porque a la calle le importaban poco los ausentes. Porque tras las vallas, bajo el frío y pese a los madrugones, la gente comentaba «lo guapa que estaba Leonor», «lo bien que le sentaba el chaqué al rey», y «lo emocionada que se vio a la reina». Y aplaudían a rabiar a su princesa que, poco después, les iba a pedir una confianza -«confíen en mí»- que, visto lo visto ayer en la calle, ya tiene más que ganada.