Antonio García-Cervigón

Buenos Días

Antonio García-Cervigón


Sabina canta y emociona

21/11/2023

n Nueva York. Ofreció un concierto en el Madison Square Garden lleno hasta la bandera. Una noche más, el flaco cabalgó su poesía como El Cid a Babieca. Dicen las crónicas que Sabina tiene algo especial. Es difícil, quizá imposible, encontrar a un cantante con tanto tirón popular en las orillas del español: de Tierra del Fuego a Alaska, de Guayaquil a Barcelona. Y repite:«Mi patria y la de mis canciones es el español». A nadie le importó si Sabina cantó bien o cantó mal. Eso nunca ha importado. «Siempre he querido envejecer sin dignidad, aunque al fusil ya no le quede ni un cartucho». Cantó y sonó una banda detrás impecable, bajando el tono y fraseando lo lento, aparentando buen toreo que con la muleta en la izquierda recibe al morlaco. Fueron momentos exultantes donde todo el mundo se olvidó de su edad. Fue una noche, ante todo, de emoción y conexión entre el público. Venían a ver su última gira fuera de España. 
Los tiempos son muy oportunos para apostar por el español como vehículo cultural. Son fechas propicias para fortalecer las grandes instituciones como el Instituto Cervantes y la Biblioteca Nacional y crear la anunciada ley de mecenazgo, que sería un instrumento eficaz y básico para conseguir que la sociedad civil pudiera contribuir al desarrollo de la cultura, como realizan muchas asociaciones y grupos de la mano del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música. Nuestro país contó con un puñado de voces, tal vez, las mejores del mundo a mediados del pasado siglo: Victoria de los Ángeles, Alfredo Kraus, Pilar Lorengar, Pedro Lavirgen, Montserrat Caballé, Teresa Berganza, Vicente Sardinero, Jaime Aragall, Plácido Domingo, José Pons y José Carreras. La mayoría de ellos han cantado como Sabina en el teatro del Madison Square Garden de Nueva York.
Tres de ellos pasaron por las Semanas de la Zarzuela. La crítica destacó las condiciones vocales en Pedro Lavirgen para interpretar papeles lírico-dramáticos por su potencia, densidad, interesante color, suficiente extensión, resistencia, anchura, vibración, arrojo, temperamento, entrega muy honrada, llegaron a florecer en su carrera artística. Las palabras del compositor Tomás Marco, en el homenaje que los discípulos le ofrecieron al maestro en vida hace pocos años, retratan la bonhomía de este tenor universal, «la maestría, la experiencia y el saber estar es algo que debe ser transmitido». Pedro Lavirgen llenó los escenarios de medio mundo, dejó constancia de su valía y de su entrega a las obras y a los públicos. Después, como profesor, ha sabido dejar en otros su constancia y que perviva su magisterio. El género lírico, especialmente la ópera, está totalmente dominado por las emociones que se transmiten de modo directo y espectacular al público. Los aficionados a la ópera solo tienen un equivalente en cuanto a temperamento y devoción por las estrellas, como los hinchas de fútbol. Y esa particular relación entre lírica, público y divos marca a fuego a los grandes artistas que desarrollan sus habilidades en sus respectivas carreras. Otro de los malogrados cantantes que dejó su carismática voz en el teatro Cervantes de La Solana fue Vicente Sardinero. Voz timbrada, de hermoso color y excelente técnica. Una maravilla. Y en esas estamos.