Con la mirada en Las Tablas

A.Criado / A. Pobes
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Con la mirada en Las Tablas - Foto: Tomás Fernández de Moya

Más de 4,6 millones de personas han visitado Las Tablas desde su declaración como parque nacional en 1973 hasta diciembre de 2018.

Las administraciones trabajan desde hace años en el fomento del turismo como motor económico y de empleo, aunque ha sido esta última legislatura cuando se ha puesto un mayor énfasis en el reto de incrementar el porcentaje que representa este sector en el global del Producto Interior Bruto (PIB). Partidas presupuestarias más elevadas, proyectos ambiciosos y una apuesta por la calidad escenifican la revolución turística iniciada en la provincia. Hay territorios, con escasos recursos, en los que han tenido que tirar de imaginación para subirse a esta ola;otros, como Daimiel y Villarrubia de los Ojos, tienen una joya en forma de humedal sobre la que han planificado su estrategia.
Las Tablas de Daimiel, declarada parque nacional el 28 de junio de 1973, es un humedal prácticamente único en Europa, último representante del ecosistema denominado tablas fluviales, antaño característico de la llanura central de la Península Ibérica. Fue a partir de 1980, con la inauguración de sus populares pasarelas y la apertura de la primera oficina de turismo, cuando comenzó a recibir una mayor afluencia de visitantes. Desde entonces y hasta el 31 de diciembre de 2018, un total de 4.682.444 personas han visitado este espacio protegido, lo que representa una media anual de 120.623 visitantes.
El director de Las Tablas de Daimiel, Carlos Ruiz de la Hermosa, asegura que «el reto no es incrementar el número de visitas, sino conseguir que el visitante tenga un perfil más naturalista y pase más tiempo en el entorno, contribuyendo a crear riqueza». Recuerda que el parque nacional es «pequeño» y que el objetivo sería «mantener la cifra media de unos 180.000 visitantes de los últimos cinco años». El récord se produjo en 2010 con cerca de 400.000 personas, justo un año después del triste episodio de los incendios de turbas. La dirección del parque habilitó cuatro senderos, abrió un segundo centro de visitantes en el Molino de Molemocho e inauguró un punto de venta de artesanía, productos agroalimentarios y merchandising en diciembre de 2015.
Para evitar que el turista de Las Tablas se marche directamente a la vecina localidad de Almagro tras la visita al parque nacional, el Ayuntamiento daimieleño y los empresarios de la localidad llevan años trabajando para diversificar la oferta turística y ofrecer un servicio de calidad, con el fin de que estas personas entren a comer y comprar a la ciudad e, incluso, pernocten en alguno de sus establecimientos hosteleros. Ylo han hecho, en la mayoría de los casos, aprovechando las subvenciones  para las áreas de influencia socioeconómica de los parques nacionales que cada año convoca el Organismo Autónomo Parques Nacionales (OAPN).
Ruiz de la Hermosa apunta, por ejemplo, a las ayudas concedidas para el desarrollo del proyecto integral en el entorno de la laguna de Navaseca, entre las que se encuentra una partida de más de 200.000 euros para la construcción de una balsa de tormentas; para el yacimiento arqueológico de la Motilla del Azuer, que desde su apertura en 2014 ha recibido 38.115 visitantes; e incluso para la primera fase de las obras de restauración de la Venta de Borondo. Este inmueble quijotesco, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), es una de las asignaturas pendientes de cara al futuro, ya que posee un enorme potencial turístico.
empresarios. «Si echamos la vista atrás unos años, hemos mejorado bastante». Jesús Pozuelo, presidente de la Asociación Turística Tablas de Daimiel, mira al futuro con optimismo y vincula el éxito del sector a «una apuesta decidida por la calidad». Destaca, en este sentido, el esfuerzo realizado por los establecimientos hosteleros para ofrecer al visitante «una oferta de restauración de calidad», en el marco del Sistema Integral de Calidad Turística en Destino. Desde la Oficina de Turismo confirman que una docena de empresas de la localidad cuentan ya con el sello Sicted, un distintivo al que aspiran nuevos negocios en este 2019.
El objetivo, explica Pozuelo, es que el visitante de Las Tablas pase después a la ciudad a comer o hacer compras, para lo que se instalarán vallas de promoción y se embellecerá el acceso a la localidad desde el parque nacional. «Calidad y promoción», insiste el presidente de la Asociación Turística Tablas de Daimiel, que hace hincapié en que las pernoctaciones, aprovechando los nuevos reclamos turísticos del municipio, es otro de los retos a medio plazo. Actualmente existen plazas de alojamiento «suficientes», 270 camas (más algunas supletorias) repartidas en cuatro hoteles, de tres y dos estrellas, un hotel rural, un hostal y tres casas rurales. Sólo existen algún problema puntual en los puentes oSemana Santa.
Hay además dos empresas de ecoturismo que organizan visitas al Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel y la laguna de Navaseca, mientras que el Ayuntamiento gestiona directamente la Motilla del Azuer. En este sentido, Jesús Pozuelo demanda «un estudio de capacidad de carga de visitantes» para este yacimiento arqueológico, «para una mejor gestión» de este recurso turístico en auge.
Las Tablas son la joya de la corona de Daimiel y comarca. Todo los recursos giran en torno a este espacio natural. Y de eso, también es consciente el Ayuntamiento, pues «solo el hecho del nombre de Daimiel contribuye a la divulgación y conocimiento de nuestro municipio», comenta su alcalde, Leopoldo Sierra. A partir de ahí, empiezan a fluir actividades relacionadas con este ecosistema. Sucede con las empresas de turismo activo con visitas guiadas al humedal y otras tantas actividades. Sin embargo, el Consistorio daimieleño considera necesarias otras acciones que favorezcan que el visitante entre a la propia localidad. Y con ese reto encima de la mesa, el equipo de Gobierno trabajará en la renovación del Centro de Interpretación del Agua para hacerlo «más atractivo al visitante» y posibilitará la accesibilidad en la Motilla del Azuer para quienes por razones físicas no pueden desplazarse hasta la fortificación de la Edad del Bronce. El objetivo, «persuadir al turista a entrar en la localidad y hacer uso de sus servicios, ya sean hoteles, restaurantes y otra prestaciones relacionadas en este sentido con el sector». Todo ello, sin olvidar otras acciones ya emprendidas como la Laguna de Navaseca o la Venta de Borondo,   «donde hemos dispuesto los medios de los que disponíamos para contribuir a su conservación».
Las Tablas siempre han estado ahí. «Regalándonos un ecosistema excepcional y único en Europa» al igual que lo es La Motilla del Azuer como yacimiento arqueológico. El Consistorio, dentro de sus competencias, ha perseguido apostar por el turismo rural e impulsar proyectos al objeto de establecer nuevas herramientas que permitan diversificar la economía en el medio rural. Fiel reflejo de ello, ha sido la implantación en el último año del sello Sicted en establecimientos y servicios de la localidad, pues «siendo conscientes del despertar del turismo rural queremos seguir apostando en dos términos: calidad y nuevas herramientas como permitir una visita virtual a la Motilla del Azuer desde el Museo Comarcal».
Diferentes iniciativas que hacen de la Marca Daimiel un referente a otros niveles. Así sucedió, recuerda Sierra, con el Congreso de Ecoturismo del que salió la ‘Declaración Daimiel’ sobre ecoturismo y con los dos congresos internacionales de musealización y puesta en valor del patrimonio cultural Leagatum 2.0, pues «también es importante conjugar racionalmente la oferta y demanda de nuestra riqueza cultural y natural si queremos que el turismo funcione e impulse la economía de la zona». Y todo ello, con la mira puesta en Las Tablas. 

Con la mirada en Las Tablas Tomás Fernández de Moya
Con la mirada en Las Tablas - Foto: Tomás Fernández de Moya
Con la mirada en Las Tablas Tomás Fernández de Moya
Con la mirada en Las Tablas - Foto: Tomás Fernández de Moya