El fin del sueño americano

M.R.Y. (spc)
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Donald Trump aprovecha la pandemia para endurecer su política migratoria y frenar la llegada de decenas de miles de 'sin papeles'

El fin del sueño americano - Foto: Sáshenka Gutiérrez

La pandemia por el coronavirus ha sido la excusa perfecta para que Donald Trump cerrase las fronteras de Estados Unidos al mundo, pero, principalmente, a sus vecinos del sur, impidiendo la entrada de decenas de miles de personas durante los últimos meses que aguardan en México la oportunidad de cruzar a EEUU y cumplir así el llamado sueño americano.
Con las presidenciales a la vuelta de la esquina -el mandatario se jugará su reelección en noviembre-, el republicano está aprovechando su sillón en la Casa Blanca para hacer una campaña que está ahora mismo paralizada y pretende sacar pecho ante los suyos al frenar esa migración contra la que tanto ha cargado bajo la justificación de que «pueden traer el coronavirus».
El pasado 18 de marzo, Trump emitió una orden que niega la entrada a EEUU a todos los solicitantes de asilo. Una medida que ha prorrogado hasta mediados de junio -y que después de dos extensiones, podría seguir alargándose en el tiempo- y que permite a las autoridades expulsar del país a los migrantes indocumentados -más de 10.000 sin papeles han sido deportados a México desde entonces y otros 20.000 han sido rechazados en la frontera- sin necesidad de llevar a cabo proceso judicial alguno. Los pocos derechos con los que contaban los demandantes de refugio se han esfumado con la pandemia como justificación y la posibilidad de que las decenas de miles de personas que aguardan a cruzar la frontera se esfuma tan rápido como se ha propagado el coronavirus.
Ha sido, por tanto, la oportunidad perfecta para que el mandatario pudiera implementar la política migratoria de sus sueños: cerrar las fronteras, poder deportar directamente a migrantes sin trámites legales, con devoluciones inmediatas y prohibir, de manera temporal, los permisos de residencia a extranjeros. 
Como muestra, los datos. En abril de 2019, EEUU tenía casi 20.000 personas en los centros de detención de la frontera sur. En abril de 2020, el número no alcanzaba los 100. En 2018, el último año del que hay balance completo, concedió asilo a 38.600 solicitantes, de los que 13.248 eran indocumentados. Entre marzo y abril, se realizaron 59 entrevistas a demandantes... Y solo se admitió a dos de ellos.


Blindado al exterior

A pesar de que no acepta cometer error alguno, Trump es consciente de que las consecuencias de la pandemia -no de su gestión, sino de la crisis sanitaria como tal- puede hacerle perder apoyos a falta de poco más de cinco meses para las elecciones. Por eso, para evitar que pueda pasarle factura política, ha recuperado una de las consignas que, en 2016, le llevaron a la Casa Blanca: alentar el aislacionismo de EEUU frenando, además de muchas relaciones internacionales, la llegada de extranjeros, incluso de manera legal -con la suspensión de los visados de residencia-.
Este blindaje, bajo la defensa de «prevenir contagios» que lleguen desde el exterior, también ha servido al presidente para alentar que los nuevos puestos de trabajo que se creen tras la pandemia -se han destruido más de 25 millones de empleo en estos dos meses- sean para estadounidenses y «no para los de fuera». Eso sí, con excepciones, como los programas de trabajadores invitados, esenciales en la agricultura, un sector que es uno de sus principales caladeros de voto.
«Tienen mucha suerte de que yo sea su presidente. ¡La frontera está muy cerrada y el muro se está construyendo rápidamente!», aseguró el dirigente hace unos días en su cuenta de Twitter, en un claro alegato a que no piensa ceder en sus planes, apuntando, además, que su proyecto de terminar su muro con México -su promesa estrella en la campaña de hace cuatro años - sigue adelante. Y su plan de América Primero -que bien podría denominarse América (EEUU) Lo Único- está más en vigor que nunca.