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Javier López

NUEVO SURCO

Javier López


El arzobispo y el deán

20/10/2021

El deán de la catedral de Toledo, Juan Miguel Ferrer, se va, dimitió la semana pasada y no tiene ganas de más líos. El lío ha sido monumental a cuenta de un vídeo grabado intramuros catedralicios por el grupo C. Tangana y Nathy Peluso. El título de la pieza es 'Ateo', una muestra cálida de amor, con carnalidades sugeridas, que el deán en un comunicado valoró como «la historia de una conversión mediante el amor humano». Si ha sido ingenuo o excesivo el deán con la interpretación del videoclip para cuya grabación cedió el espacio es algo que tendríamos que preguntárselo a él. Lo cierto es que el vídeo se mueve en el terreno de la ambigüedad más o menos calculada y al final la historia sobrevenida les va a venir de maravilla a los autores para incrementar su impacto comercial. Suele pasar en estos casos.
Contra la postura del deán, y contra la propia grabación en el interior de la catedral, se levantaron las viejas fuerzas del catolicismo toledano que aún conservan su poso y su intensidad. Sonadas protestas, actos de desagravio y reparación con velas y rezos de rosario,  acompañados y sostenidos por la postura pública del titular del Palacio Episcopal, el arzobispo Francisco Cerro Chaves. El arzobispo, que no lleva mucho en su puesto, ya no es ese cardenal de solera y tronío que tradicionalmente ocupaba la sede de la catedral primada con la solemnidad honorífica de ser primado de España y de las tierras americanas. Mucho ha cambiado todo este asunto eclesial toledano en los últimos años y el cardenal Cañizares fue el último que se acercaba algo al viejo perfil, y ya no tanto como los anteriores sobre todo en lo referente a la influencia en otras instancias de poder, también civil.  Pero hay inercias y querencias que se mantienen dentro de los viejos muros de la ciudad.
Hablamos de cosa rotunda y seria, el cardenal de Toledo era persona de influencia sonada en cuestiones varias.  Franco consultaba sus decisiones más peliagudas con Plá y Deniel y, ya en democracia, el cardenal Marcelo González Martín, que parecía hecho a la medida justa de Toledo y sus cosas,  hacía resonar su voz grave y potente con amonestaciones de calado y discursos que a veces ocupaban páginas enteras de la prensa de la época. Lo del arzobispo Francisco Cerro es ya otro tiempo y otra historia, y dicen los que están metidos en lo eclesial que es hombre de cercanías, como un cura de pueblo. Sorprendió su nombramiento en diciembre de 2019 porque ya se alejaba definitivamente del perfil tradicional de las mitras toledanas y consolidaba la tendencia reciente de que el ocupante de la silla no fuera cardenal,- lo máximo en la jerarquía eclesiástica después del Papa-, algo impensable hace unos años.
El arzobispo Cerro, como hombre de parroquia que dicen que es,  sabe que al final él se debe a su parroquianos y a los más ruidosos, en este caso el viejo catolicismo toledano que es sin duda de armas tomar por más que sus efectivos sean ahora menores y menos intensos, y por más que el deán Ferrer, ya en retirada, haya pretendido interpretar, como el papa Francisco, el signo de los  tiempos y hasta la verdad profunda del evangelio, quizá, eso sí, con algo de ingenuidad, o por un buen contrato,  que no parece menor el asunto monetario en el alquiler del espacio para grabar una pieza musical bastante mediocre, por lo demás.
Dos visiones divergentes puestas de manifiesto a la luz pública en dos comunicados con enfoques contrarios sobre el mismo hecho, y sobre todo dos momentos vitales totalmente distintos. Un deán en las últimas semanas de su mandato que ha adelantado su salida a cuenta de este asunto con una dimisión pactada, y un arzobispo recientemente nombrado que tiene que afrontar en las mejores condiciones posibles su estancia en una plaza compleja como Toledo.
Un deán en sus últimos momentos hablando de amor humano a cuenta de un videoclip calentito grabado en la catedral, y un arzobispo que quiere contentar a sus parroquianos. Todo estaba visto para sentencia, y se ha resuelto finalmente sin grandes follones públicos, pero, ojo, porque el episodio es una muestra más del momento de encrucijada que se vive en la Iglesia Católica, con fuerzas y tensiones contrapuestas, con mucho que perder si no actúan con tino. Ahora estamos en uno de esos momentos de cambio y convulsión total, y tendrán que mover ficha. Lo sabe el Papa Francisco, también el arzobispo y el  que ha sido últimamente deán de la catedral toledana.