"No admitieron las pruebas, fue el caso más frustrante"

P.M.
-

La muerte de un joven con un trastorno mental atropellado en la autovía fue uno de los casos que más ha marcado al abogado del Turno de Oficio José Ángel Rodríguez Herrera

"No admitieron las pruebas, fue el caso más frustrante" - Foto: Pablo Lorente

José Ángel Rodríguez Herrera es otro de los letrados del Turno de Oficio curtido en los juzgados y tribunales de Ciudad Real. Decidió cursar los estudios de Derecho porque «me veía identificado con la finalidad que tiene de regular la convivencia entre los ciudadanos y resolver los conflictos que puedan existir y creo que podía ayudar en esa labor de contribuir a hacer justicia desde la abogacía evitando situaciones de desigualdad y abuso», explica el letrado que en octubre cumplirá 20 años de ejercicio profesional. Está en el Turno de Oficio por el carácter social de la función que ejerce el abogado. Pertenece al Turno de Asistencia al Detenido y Turnos de Oficio Penal, Civil, Social y Contencioso-Administrativo. Su primer caso fue en Daimiel, una antigua falta de daños de una vecina que había vertido bastante pintura en la fachada de la casa de otra. El caso más difícil fue el asesinato de una mujer  a manos de su marido, un  hombre de unos 75 años,  en Piedrabuena en 2004.
 En cuanto al más difícil de defender, Rodríguez Herrera asegura que «todos los procedimientos tienen su dificultad si le dedicas el tiempo necesario y los preparas bien». El que más le ha marcado posiblemente sea «el fallecimiento de un  joven diagnosticado de un trastorno mental grave que murió en la autovía atropellado por un camión tras salir de un hospital sin llegar a ser reconocido en el mismo para ser tratado de dicho trastorno y en cuyo procedimiento la instrucción penal finalizó sin que ninguna prueba propuesta por mí fuera admitida a fin de averiguar las concretas circunstancias del fallecimiento del joven pues se entendió que ninguna prueba era pertinente ni necesaria. Ciertamente, fue el caso más frustrante que he vivido». Reconoce que es una profesión dura, sacrificada, con grandes dosis de implicación. Al final «es gratificante por la función social que prestamos», pese a los sinsabores y exiguas indemnizaciones, concreta.

 

 

 


Las más vistas