Alta traición

Nieves Sánchez
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Alta traición - Foto: Tomás Fernández de Moya

Montiel regresó a su pasado más glorioso, al día que Enrique de Trastámara vence a su hermano Don Pedro I y le arrebata el trono de Castilla

No hubo sorpresas. Enrique de Trastámara venció una vez más al ejército de su hermanastro, el rey Don Pedro I ‘El cruel’, en el Llano de la Fuente, al alba del 14 de marzo de 1369, entre vivas al último rey de las tres culturas y entre gritos de traidor al que se convertiría en Enrique II de Castilla, el fraticida, el que acabaría horas después con la vida del perdedor. Hay puñales en las sonrisas de los hombres y cuanto más cercanos son, más sangrientos. 
La historia de una traición volvió a repetirse en Montiel, un pequeño municipio de 1.400 habitantes que revivió este fin de semana su pasado más glorioso y ayer retrocedió a la batalla que puso fin a una guerra entre hermanos, en sentido literal y figurado, que se perpetuó durante más de 15 años. Decenas de actores, todos vecinos del municipio, y más de cien recreacionistas de distintos puntos de España han dado vida a los nombres que escribieron la historia de esta tierra hace más de siete siglos. 
«Ha sido un fin de semana muy intenso y hoy ya se acaba todo con la batalla», decía Francisco Marín,  llegado de Mallorca con su mujer y sus hijas para ayudar a recrear la Batalla de Montiel. Muy cerca de él, Rafael Valle, vecino del municipio, contaba que es su primer año como actor de las jornadas, en las que «sin duda» repetirá. «Se vuelca todo el pueblo, los trajes los hacemos en las casas y la verdad es que es un fin de semana que esperamos con muchas ganas, porque Montiel se transforma», destacaba María José Martínez, que lleva ya diez años portando en el desfile medieval uno de los pendones de la comitiva real.
En los rostros se percibía el cansancio a tres días de actividades y en las calles el intenso olor a carne recién asada, a cuero, a piel.  Mujeres vestidas con los ropajes de las damas de la época, mesoneros, vendedores de especias, arqueros, caballeros, bufones y acompañamiento. Montiel era un hervidero de gente de todos los puntos de la provincia. El desfile medieval comenzó, a ritmo de música de gaita y tambor y en la cara del rey ya se percibía la tensión. «En ese momento más que menos se pueden ver, pero cuando lleguen al campo de batalla, se van a lanzar y a decir de todo», reía y decía un vecino de Montiel. 
Una vez en la explanada, cercada para la ocasión, cientos de personas tomaron posición para no perderse un ápice de lo que iba a ocurrir, para que en sus móviles quedaran inmortalizados para siempre los momentos de la batalla. Las espadas que se utilizaron en el último combate no se clavaban ni causaban bajas, ni las lanzas y piedras que se lanzaron hicieron mella en los corazones. Nadie pereció, ambos bandos se abrazaron una vez acabado el combate y todos aplaudieron entre risas porque solo se recreó la historia. El rey pedro se entregó y horas después su hermano lo asesinó y así se volvió a contar un final que se conoce desde hace siglos, la historia de una traición que dejó una frase para tiempos venideros: «Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor».

Alta traición Tomás Fernández de Moya
Alta traición - Foto: Tomás Fernández de Moya
Alta traición Tomás Fernández de Moya
Alta traición - Foto: Tomás Fernández de Moya
Alta traición Tomás Fernández de Moya
Alta traición - Foto: Tomás Fernández de Moya