Humanos y mutantes radioactivos en Siberia

Sara Borondo
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Humanos y mutantes radioactivos en Siberia

La serie inspirada en los libros de Glukhovsky deja atrás Moscú para iniciar un camino en tren hacia el esperanza

E n el libro Metro 2033 el escritor y periodista ruso Dmitri Glukhovsky narraba cómo varios miles de personas habrían sobrevivido a una guerra nuclear refugiados en la red de metro de Moscú. El estudio 4A Games convirtió esa historia en un videojuego que gustó por la combinación de combates, sigilo y survival horror con la que el protagonista, Artyom, luchaba contra humanos con malas intenciones y seres mutados fruto de la radiación. 
Metro: Last Light sacó la acción de los túneles a las calles de Moscú, habitadas por oscuras criaturas y ahora el tercer juego, Metro: Exodus, añade a la jugabilidad la exploración de grandes zonas. La acción se sitúa en 2036: un cuarto de siglo después de la guerra nuclear Artyom abandona el mundo que conocía en compañía de un puñado de Spartan Rangers y se suben a la Aurora, una locomotora de vapor a la que se han realizado modificaciones, para viajar durante todo un año en busca de nuevas posibilidades al otro extremo de Rusia. Estos paisajes y sus condiciones se convierten en parte activa del juego al tener que encontrar la forma de sobrevivir en condiciones extremas o con radiación. Por suerte, hay zonas seguras y un sistema de fabricación de objetos que lo posibilitan.
El tren sirve de campamento y en él el protagonista se relaciona con el resto de Spartans como Anna, la mujer de Artyom, el jefe de la expedición Miller o Tokarev, el encargado de crear alguna de las armas que se utilizan, desde la potente escopeta Shambler al silencioso Tikhar capaz de usar balas incendiarias o bolas de acero. Estas armas se van mejorando a lo largo del juego para adaptarlas al estilo del jugador y será necesario tenerlas siempre a punto para que no se encasquillen. 
Durante el trayecto, el grupo establece relaciones entre sí dentro del Aurora y debe combatir contra grupos de humanos que llevan aislados décadas en un entorno hostil y contra nuevos tipos de mutantes y sobrevivir a la escasez de recursos y la radiación, que provoca peligrosas anomalías energéticas. Este último detalle recuerda al juego de culto S.T.A.L.K.E.R.: Shadow of Chernobyl, donde trabajó buena parte del estudio.
Frente a otros juegos de tiros que priman la acción rápida, Metro: Exodus anima al jugador a explorar los escenarios para descubrir todas las historias que hay en ellos y sus posibilidades y a decidir cómo afrontar cada misión, sobre todo si ataca un emplazamiento humano. Si asalta de día encontrará más resistencia porque todo el campamento estará despierto y si lo hace de noche se podrá infiltrar más fácilmente pero también corre más riesgo de encontrarse con animales mutantes o con alguna anomalía. Y no hay que olvidar que también busca crear tensión en el jugador racaneando la munición, alternando zonas oscuras en las que no se sabe qué acecha con otras abiertas que incitan más a la acción. 
El propio Glukhovsky, creador de los libros que inspiró la serie, ha participado en los videojuegos elaborando los guiones, lo que garantiza el mismo espíritu que en sus títulos y que la historia del juego tiene vida; las decisiones que tome el jugador tendrán consecuencias en la trama. Ya a la venta para PS4, Xbox One y PC.