Emilio de Justo despunta en el regreso de 'El Cordobés'

Agencias
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El extremeño, con dos orejas, no ensombrece la vuelta a los ruedos de Manuel Díaz tres años después

Emilio de Justo despunta en el regreso de ‘El Cordobés’

El extremeño Emilio de Justo, con dos orejas y una gran dimensión de su toreo, puso ayer el verdadero argumento a la emotiva tarde en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), en la que Manuel Díaz El Cordobés reapareció en los ruedos cortando un solitario apéndice.

Regresaba El Cordobés después de tres años sin torear por una lesión de cadera que le ha obligado a pasar hasta tres veces por el quirófano. Había quien pensaba que era el final de Manuel Díaz, que jamás volvería. Pero no. La lucha, el sacrificio, la afición y el amor por su profesión han hecho que haya vuelto a enfundarse el traje de luces.

Es verdad que en su primero, un buen toro de Juan Pedro Domecq, le costó un poco a Manuel cogerle el aire. Pero poco a poco fue cogiendo confianza y, aunque la faena no fue redonda ni quizás estuvo a la altura del astado, hubo momentos muy templados sobre la diestra, amén de un natural suelto de exquisito trazo, un final marca de la casa en la que no faltaron desplantes o guiños al tendido y una eficaz estocada, que le valieron para cortar una oreja.

Y no hubo más trofeos para él porque el descabello no fue su aliado en el quinto bis después de una faena aseada que subió de revoluciones cuando El Cordobés interpretó su famoso «salto de la rana».

Más allá de la emotividad de la efeméride, el toreo en su sentido más grandilocuente brotó de los trastos de Emilio de Justo, que dejó pasajes que evidenciaron una vez más el gran momento que atraviesa. Firmeza de plantas, quietud, seguridad, temple y, sobre todo, mucha verdad por el sitio que pisa, por la manera tan de frente de hacer los cites, por lo ajustado que se los pasa (los toros) y por la hondura que quiere siempre imprimir a los muletazos. En el primero, dos orejas. En el segundo, la espada no le ayudó y le privó de llevarse algo más.

Completaba el cartel Enrique Ponce, que dejó momentos de buen toreo en su bravo primero y anduvo más justito con el exigente cuarto.