Pendientes del último recibo

HIlario L. Muñoz
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Pendientes del último recibo - Foto: Rueda Villaverde

Un usuario de las ayudas de pobreza energética recuerda que acudió a ellas tras llevar años en paro, con una paga de 430 euros y una hipoteca de 300. Ha adeudado meses, puesto la calefacción por horas y solo durante los días más fríos del año

No estoy al día pero lo llevo controlado. Gracias a Dios llevo un recibo pendiente nada más». El alivio que implica ese ‘solo’ al decir que se debe un recibo de gas y electricidad es una muestra de la situación a la que conduce la pobreza energética y el momento por el que atraviesan las familias que lo piden. Las declaraciones pertenecen a Juan, nombre ficticio a petición de Cruz Roja, la entidad por la que se solicitan las ayudas, y uno de esos más de 10.000 ciudadrealeños que han pedido una ayuda para abonar facturas pendientes a la Consejería de Bienestar Social. Juan lo lleva haciendo desde el invierno de 2015 tras una situación insostenible de paro durante años en los que solo entran en casa los 430 euros de ayuda, que se quedan en 130 tras pagar la hipoteca de 300 euros. Con esos 130 euros deben comer cuatro personas y pagar esos recibos claves. «Se lleva muy mal, te comes mucho la cabeza, lo ves por tus hijos a los que no puedes darles lo que quieres, son mayores y ya saben lo que hay», señala.
«La temperatura de mi piso siempre ha rondado los 18 grados», explica este solicitante de ayuda, quien argumenta que en su vivienda lo normal es estar con jersey y alguna manta. «La calefacción en un año entero no se enciende más de 10 horas», explica, mientras argumenta que la supervivencia del día a día se realiza añadiendo algo de apoyo familiar a las cuentas, aunque los padres estén jubilados y «50 euros sean un mundo para ellos», apunta.
La situación en esta situación estado de pobreza energética conlleva «impotencia» argumenta este usuario de las ayuda. «Estoy trabajando toda mi vida y ahora me he quedado parado. Es imposible conseguir trabajo cuando se tienen 45 o 50 años. Si consiguiera uno sería lo mismo que si me hubiera tocado una Primitiva», asegura. Antes del paro, trabajaba en el mundo de la banca y de los seguros, siempre de cara al público, hasta que un despido llevó al paro, a los dos años a la ayuda y en el invierno de 2015 a verse en el buzón con avisos de cortes y con una montaña de facturas por pagar. «Ves que no puedes y acudes a la asistenta social» y entonces arranca un circuito para saber cómo y dónde solicitar unas ayudas que esta familia nunca pensó que iba a necesitar. «Nos mandó a Cruz Roja y nos han ayudado en lo que pueden también».
Juan es consciente que en su situación hay muchas otras personas y que «es imposible llegar a todo el mundo». De hecho, en 2017 entró en uno de los planes de empleo y al verse con unos pocos ingresos optó por ponerse al día en los recibos con el sueldo y no pedir los 150 euros para el pago de facturas electrónicas. «Mientras que he podido pagar no he pedido ayuda porque hay mucha más gente en peor situación que yo. Si pides una ayuda que no la necesites se la vas a quitar a otro», argumenta. De este modo, con los ingresos que van llegando, la familia se pone «medio al día» reconoce Juan, quien recuerda que cuando se paga uno, al poco entra otro.
Este beneficiario de las ayudas también nota ese cambio de actitud que se ve en las estadísticas oficiales y considera que hay menos temor a estos retrasos. «Yo no sé si viene por las eléctricas o el Gobierno que las hayan quitado, yo no he llegado a tener corte porque te pones en contacto y lo arreglábamos», argumenta. De hecho, la familia se encuentra incluida en un programa de familias en situación de vulnerabilidad por lo que no se efectúan estos cortes de luz. «Por los recibos que he llegado a tener pendientes sí que me la hubieran cortado seguro», indica este usuario de las ayudas.
La última ayuda la pidió el pasado año para abonar los recibos que quedan pendientes, en concreto cuatro recibos que le faltaban por abonar. «Según llega voy a Correos corriendo para pagar los más antiguos». «De momento no vamos mal y las cosas deben ir a mejor, porque yo lo he visto tan mal que a peor ya no pueden ir», concluye cuando reflexiona sobre su situación.