La música más popular para el Prado

Diego Farto
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La Agrupación Musical de Ciudad Real brindó el primero de sus dos conciertos de feria en el templete de la música como un resumen de sus diferentes actuaciones del verano.

Un instante del concierto. - Foto: Tomás Fernández de Moya

Los jardines del Prado se convirtieron hoy en punto de encuentro entre quienes llegaban de contemplar el pasacalles matutino con participación de y quienes acababan de asistir en la catedral a la misa pontifical presidida por el titular de la diócesis, Gerardo Melgar, el objetivo de unos y otros era asistir al concierto de la Agrupación Musical de Ciudad Real convocado a las 12.00 horas.
Una parte de los músicos, sobre todo los de viento metal y algunos de percusión, había participado solo unos minutos antes en el citado pasacalles, por lo que mientras preparaban sus instrumentos y ordenaban las partituras en el atril, aún mostraban los ojos chispeantes y el rostro coloreado por el recorrido que acababan de acometer.
Momentos antes de convocar a sus músicos para que aprestaran sus instrumentos, el director de la banda, Jesús Miguel Gracia, refirió a La Tribuna que estas actuaciones de feria (habrá otra el día de la Octava en el mismo lugar y a la misma hora), «son un pequeño resumen de los conciertos que hemos realizado a lo largo de este verano, con música que sabemos que le gusta a la gente, pasodobles, zarzuelas, bandas sonoras», con el añadido de que también se buscan piezas capaces de atraer a los niños por su actualidad, como es el caso de la música de El Rey León.
El director de la Agrupación Musical de Ciudad Real detalla que esta pieza sonó por petición expresa de los miembros más jóvenes de la propia formación.
El detalle curioso estuvo en el pasodoble que se marcaron ante todos los espectadores el pandorgo, Julio Santiago Sánchez y la dama honor, María del Carmen González del Villarreal, que según los entendidos en dicho género musical y bailable, mostraron bastante soltura.
Por lo demás, el concierto se desarrolló con la tónica ya habitual, los trabajadores del Ayuntamiento ponían a disposición de los espectadores la carga de un camión de sillas, de modo que una vez agotadas las plazas dispuestas en el frontal del templete de la música, cada quien podía acercarse al vehículo, pedir su silla y colocarla donde buenamente pudiera. Del mismo modo, los clientes de las terrazas cercanas también fueron espectadores casi de primera fila.