La provincia sumará 158.000 habitantes durante el verano

R. Chavarri
-

La población estacional crece en hasta un 37 por ciento en la provincia y dispara el número de residentes hasta superar los 588.000 habitantes, excluidos los de la capital

La provincia sumará 158.000 habitantes durante el verano - Foto: RUEDA VILLAVERDE

La Ciudad Real vaciada, la provincia que encadena seis años consecutivos perdiendo población y que cerró 2018 por primera vez por debajo de la barrera de los 500.000 habitantes desde el año 2004 vive los meses de verano una ‘alegría’ demográfica que llevarse a sus estadísticas, la que refleja la Encuesta de Infraestructura y Equipamientos Locales del Ministerio de Política Territorial y Función Pública y que apunta a un notable incremento poblacional ligado a los movimientos que se producen en la mayoría de los municipios de la provincia
La cifra que maneja el Ministerio que depende en funciones de Luis Planas despeja el problema poblacional, aunque sea durante los meses de verano: Ciudad Real, excluyendo la capital, pasa de tener unos 429.000 habitantes a superar los 588.000. Sumada la población de Ciudad Real, 74.743 según el INE, la provincia supera los 662.000 habitantes gracias al flujo de población que llega y elige la provincia para pasar sus vacaciones.
Aunque es cierto que Ciudad Real es la provincia que menos población estacional registra durante los meses de verano de Castilla-La Mancha, este boom demográfico supone que una decena de municipios y pedanías multiplique por diez o más su población empadronada el resto del año, con municipios como Fuencaliente, Luciana, Cabezarrubias del Puerto o Hinojosas de Calatrava que elevan su población por encima del 300%.
La alcaldesa de este último municipio, Isabel María Mora, destaca que ese incremento poblacional, sobre todo, se registra durante el mes de agosto, coincidiendo con las fiestas (del 19 al 23).
En este municipio de unos 540 habitantes, a pesar de «triplicar y en ocasiones cuadruplicar» la población durante el estío, la convivencia vecinal no se ve resentida debido a que gran mayoría de visitantes son o bien familiares de vecinos residentes o bien hinojoseños de nacimiento que viven fuera durante el resto del año, sobre todo por motivos laborales, y que aprovechan estas fechas vacacionales para regresar al pueblo.
De este modo, la gran mayoría de visitantes suele quedarse a vivir durante el verano en casas de familiares y otros optan por alquilar por semanas, quincenas o meses, mientras que aún hay quienes a pesar de vivir fuera siguen manteniendo casa en Hinojosas de Calatrava. También están los que optan por hacer uso de la casa rural El Valle, ubicada en término municipal hinojoseño.
«Es increíble ver cómo durante el verano llega tanta gente a nuestro pueblo, la mayoría de ellos conocidos, y por eso desde el Ayuntamiento intentamos ofrecer el mayor número posible de actividades culturales y recreativas, sobre todo pensando en los más pequeños», apuntó Mora, con eventos como una ruta de la tapa, un encuentro de encajeras y la Semana Cultural.
Este empuje demográfico no siempre ha sido positivo para Ciudad Real. Según el INE, el saldo migratorio de la provincia con el resto de España, anotando los que llegan aquí a vivir y los que se van desde aquí a otro punto de la provincia dejó una pérdida de población de más de 2.000 personas en 2018 que palió, en cierta medida, la llegada de inmigrantes, que anotó la llegada de más de 400 extranjeros a la provincia y que fue positivo por primera vez en Ciudad Real desde 2011.
Además, en el plano laboral, Ciudad Real está considerada en los informes del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social como una de las grandes provincias ‘emisoras’ de población hacia el resto de comunidades y provincias, especialmente con destino a Madrid, donde el sector de la construcción ayuda a configurar uno de los principales corredores de movimiento de población de toda España, con beneficios para la comunidad madrileña.
Sin embargo, el verano cambia esa realidad y la cara de muchos municipios. El gran beneficiado de esta realidad demográfica estival es Valdepeñas, que gana unos 10.000 vecinos en verano junto a localidades como Pedro Muñoz y Malagón, que multiplican por 1,6 el número habitual de residentes.
El alcalde pedroteño, José Juan Fernández, explica a La Tribuna que en los últimos «cuatro o cinco años, cuando llega el verano, es mucha la gente que viene a Pedro Muñoz, gente que tenía relación en su época con el pueblo pero que se fue a Cataluña, al Levante o a Madrid y que ahora vuelve o en ocasiones son los hijos de esas personas las que regresan para estar con familiares todo el verano si los padres no tienen la oportunidad de quedarse todos los meses». Fernández habla de ejemplos concretos: casas de abuelos o tíos llenas, de cuadrillas de amigos que se multiplican o de viviendas alquiladas en verano y de gente yendo y viniendo para alcanzar una población que rondaría, según Fomento, las 12.000 personas frente a las 7.300 que aparecen oficiales en el padrón. «Hablamos de una población que crece y que requiere de más servicios, cuando los ingresos son los mismos. Eso hay que revisarlo». El alcalde de Pedro Muñoz, de hecho, reclama tener en cuenta esta realidad a la hora de repartir tributos entre los municipios: «A los pueblos nos encanta que la gente venga, que pasen el verano con nosotros, pero reivindicamos que no somos un parque temático, los pueblos hay que mantenerlos todo el año, hay que recoger basura, mantener el alumbrado… servicios que requieren un esfuerzo económico importante y en el reparto de esos tributos que llegan del Estado solo cuenta el que está empadronado».
Otro municipio afectado por esa llegada de población estacional es Malagón. Una de las doce localidades de la provincia que en 2018 ganó vecinos, en el verano suma también habitantes desde sus más de 8.100 empadronados hasta alcanzar la barrera de los 12.000 residentes. Su alcalde, Adrián Fernández, admite la repercusión que esa llega de población tiene en la economía municipal en comercio, bares o tiendas. «El pueblo se nota en verano que crece y a la gente le gusta seguir viniendo», admite Fernández, que habla de un Malagón «que ha pasado de ser pueblo en decadencia a ser de futuro y referente en la provincia» y, además, «preparado para albergar a los visitantes». La clave, el ‘efecto’ Santa Teresa y los últimos años jubilares vividos «que nos permite saber lo que es albergar a los vecinos de la provincia y de fuera que llegan a visitarnos». La localidad, por ejemplo, recibió más de 50.000 visitantes en 2015 coincidiendo con los 500 años del nacimiento de la Santa. «Para nosotros es un orgullo tenerlos», apunta el alcalde malagonero que asegura que en su municipio están «perfectamente preparados» para atender a la población que llega estos meses de verano.