Aspira a ser figura y conquistar Las Ventas

Belén Monge Ranz
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Carla Otero es la única alumna de la Escuela Taurina de Guadalajara. Una novillera contesón y valentía que lo da todo en el ruedo, como se vio en su debut de luces

Carla Otero es su nombre artístico, el que figura en su capote. - Foto: Florencia Foresi

Tiene arte, valentía, entrega y osadía; llegar a la élite, a mandar en el ruedo, es lo que busca Carla Otero cuando se viste de luces. Esta joven novillera, madrileña de nacimiento pero alcarreña de adopción, tiene a sus 16 años el arrojo, carácter y tesón que se precisa para dedicarse al duro oficio taurino. Carla lo tiene claro, quiere ser torero, porque así quiere que la llamen en vez de torera. Es la única mujer de la Escuela Taurina de Guadalajara. El pasado día 14 cruzó la puerta grande de la Plaza de Toros del Colmenar Viejo en hombros tras cortar dos orejas; el 21 repetía hazaña en la Feria de Santa Ana de Roquetas de Mar y, por último, este 4 de agosto, se volvió a lucir en Pontevedra; lo hizo rodilla en tierra, con unos faroles de bella factura, verónicas y alguna gaonera que hizo levantar al público.
Aunque también le gusta ir de compras, jugar al pádel o montar a caballo, tiene el veneno del toreo metido en el cuerpo y el aplomo y carácter que se necesita para ser una pura sangre del toreo en un mundo todavía de hombres. Se introdujo en este mundillo con apenas 12 años, a través de su hermano David -también alumno de la Escuela Taurina- y, desde entonces, la plaza, el ruedo y los tendidos forman parte de su día a día.
Al igual que Muriel Feiner, escritora especializada en Tauromaquia y fotógrafa neoyorquina, para Carla el toreo también es unisex. Estudia en el Liceo Caracense y, aunque siente pasión por el mundo de la lidia, lo quiere compaginar con los estudios; es su plan B por si falla algo en algún momento.

La joven remata una serie con un aire torero.
La joven remata una serie con un aire torero. - Foto: Fermín Rodríguez
Fue la primera chica que entró en la Escuela Taurina de Guadalajara cuando tenía 12 años y es la única que sigue al pie del cañón. Lleva algo más de tres años toreando. En su propia casa, en Sotolargo (Valdeaveruelo), tiene un burladero donde entrena de salón con un toro simulado, y para tratar de hacerlo de la manera más real posible, usa la muleta siempre que puede. Disciplinada y más partidaria de hablar con el estoque y la muleta, aprovecha la temporada de verano para perfeccionar y ahondar en lo que se ve más floja. «En invierno se entrena menos porque hay que estudiar y no es temporada», afirma, mientras asegura que en ningún momento le ha supuesto ningún problema ser chica. «Nunca me he sentido discriminada por ser mujer. Cuando entré era la más pequeña y siempre me han tratado con mucho cariño y mimo», subraya, a la par que reconoce que es un mundo difícil y complejo tanto para las mujeres como para los hombres. La primera vez que toreó, lo hizo con el que fuera entonces su maestro, Jesús de Alba, en un tentadero de Sandra Sopeña, en Yunquera de Henares; luego ya debutó sola en Galápagos y al cumplir los 14 -la edad reglamentaria- ya era becerrista. Hoy es más noticia que nunca porque acaba de tener su debut de luces sin picadores y salió a hombros; fue en Roquetas de Mar, vestida de color obispo.
Para la torero fue un día especial. «Artísticamente no fue la mejor faena, pero me sentí muy a gusto», subraya esta joven brava y nada supersticiosa que aspira a la gloria taurina y tiene en Cristina Sánchez y Alejandro Talavante a sus referencias. Asegura que disfrutó «por momentos» tanto con la plaza como con el novillo; quiere llegar a la cima, a ser figura y sueña con abrir la puerta grande de Las Ventas y en que algún día la recuerden por marcar la diferencia.
Pasa miedo cuando se pone delante del toro pero lo supera con concentración. El toreo con mano izquierda o pase natural es lo que más le gusta y lo que más le cuesta, el capote y la espada, ese último esfuerzo de entrar a matar del que reconoce que depende todo. «Muchos se me han ido por ahí y me fastidia, por eso es lo que trabajo más», afirma seria.
Y cuando en un mismo día Carla y su hermano David coinciden en algún evento taurino, a los padres no les queda más remedio que dividirse. El miedo no les impide a ninguno acudir a la plaza a ver a sus hijos porque también sienten orgullo de esos hijos que comenzaron su afición al mundo de la tauromaquia a través de los encierros. Y es que si algo tiene esta provincia es encierros.
Ahora toca seguir en la lucha. Dedica una media de cinco horas diarias. Le supone sacrificio pero le compensa. Cuando sale a la plaza lo da todo. Respeta a quien no le gustan los toros, pero asegura que sí ve afición por parte de los jóvenes como ella. No sabe si algún día podrá vivir de esta profesión por lo va a intentar. Tiene carácter y tesón suficiente para triunfar.