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En el cerebro de la lucha contra el coronavirus

Hilario L. Muñoz
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Salud Pública ha triplicado su personal en la provincia para frenar la pandemia gracias a recopilar información para la toma de decisiones

En el cerebro de la lucha contra el coronavirus - Foto: Tomás Fernández de Moya

La primera semana de marzo del año 2020 fue cuando la jefa de Epidemiología de la provincia de Ciudad Real, Matilde Chico, empezó a ver el tamaño de la ola del COVID. En aquel momento llegaban noticias de Italia, se dio el primer caso positivo en la provincia y se atisbaba que se aproximaba un tsunami, una pandemia que haría tambalear la sanidad pública si no se le ponía freno. La primera línea sanitaria en aquel momento todo el mundo la tenía clara:los médicos y los enfermeros en los centros de salud, en los hospitales y en las UCI. Muchos pensaban en ellos en sus aplausos. Además de ellos, en aquellas jornadas hubo una segunda línea que también estuvo trabajando 24 horas, siete días a la semana, sin descanso. Fue el ‘cerebro’ de cada paso que se ha dado para frenar la pandemia desde esos días de marzo y hasta estos días de otoño, con una provincia en riesgo bajo por primera vez en 14 meses. Ha sido un personal sanitario algo más desconocido, y situado en la silla de mandos para controlar la pandemia se ha sentado todo este tiempo Matilde Chico.

Ahora ella dirige un ‘cerebro’ ampliado, casi triplicado respecto al que había en los primeros días de aquel mes de marzo. En la oficina de Salud Pública se ha pasado de cinco a quince personas, ha llegado a haber hasta 20 profesionales de la sanidad en los principales picos de la pandemia. Se trata de personal al servicio de la prevención, que antes de la pandemia llevaba el control del cáncer o de notificar enfermedades de declaración obligatoria, como la tuberculosis. Ellos tomaron en marzo los mandos de cada decisión para frenar la dispersión del virus. 

«La labor es coordinar toda la información para la acción», resalta la jefa de Epidemiología. «La información se analiza y se decide qué es lo que tenemos y qué podemos hacer para controlar, según las incidencias y los brotes». Esto ha hecho que, en algunas ocasiones, haya sido necesario hacer cribados masivos, en otros el control de poblaciones o el cierre de negocios. «Ha sido muy doloroso, porque ha implicado tomar medidas que no solo son impopulares, sino que afectan a la población, a su trabajo y a sus vidas, igual que nos afectaba también a nosotros mismos», señala. 

Sin el trabajo de este centro de control de la pandemia y sin el apoyo de los rastreadores sería imposible que Ciudad Real estuviese en el momento en que está, con las menores cifras de hospitalizados y con cero casos en la mayoría de municipios de la provincia. Atrás queda el primer momento cuando nadie se esperaba lo que vino. «No estábamos preparados ni había recursos humanos suficientes ni se contaba con un sistema de información fuerte». Por este motivo, en aquel momento se fue realizando lo urgente, trabajando en las PCR, en la toma de datos, en el control de los contactos de quienes habían dado positivo. «Sabíamos que teníamos que darlo todo» y así lo hicieron con jornadas maratonianas para crear un sistema que sirviera para controlar la epidemia. 

Por eso piden que los trabajadores de salud pública no sean «los grandes olvidados» de la pandemia. «Parece que estamos en un barco distinto a los sanitarios, pero hemos sido claves para el control». Chico reivindica que, en estos momentos, la salud pública siga en el centro de la Sanidad. «En mi opinión, no debe estar enfocada a curar al enfermo, sino enfocada a prevenir, a crear salud» y ese es el papel de estas personas que han trabajado cada día en el control de la pandemia.