A juicio un peluquero por estafar en la compra de material

R.Ch.
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Piden cinco años de cárcel para un peluquero de Ciudad Real que compró material para su negocio e incluso un coche utilizando los nombres de personas que le habían entregado su curriculum para encontrar un trabajo

A juicio un peluquero por estafar en la compra de material

El ‘negocio’ era sencillo: realizaba compras de material de peluquería, algunos pedidos eran de más de 18.000 euros, que cargaba a nombre de personas que no tenían nada que ver con esa operación pero que le habían entregado su curriculum en su peluquería o eran antiguas parejas. Él se quedaba las compras y dejaba a la víctima de la estafa con el pago pendiente de una operación que desconocía. Así lo hizo, al menos, una quincena de veces, según el escrito de la Fiscalía de Ciudad Real que solicita cinco años de cárcel y el pago de casi 40.000 euros en indemnizaciones para el dueño de una peluquería de la capital, Luis Francisco S. G., que llegó a poner a nombre de otras personas incluso la línea telefónica de su negocio y a poner como avalista a otra mujer para comprarse un coche.

Los hechos que se juzgan a partir del próximo martes se produjeron entre los años 2013 y 2014. Luis Francisco S. G. ya había sido condenado por otra estafa en Madrid a una pena de dos años de cárcel, que le fue suspendida en 2013. Esta vez, la Fiscalía de Ciudad Real le vuelte a acusar de otra estafa por comprar “multitud” de productos relacionados con el negocio de la peluquería a diversas empresas del sector, si bien no realizaba los pedidos a su nombre, sino con el de los terceros de cuyos datos se valía, sin contar ni con el consentimiento ni con el conocimiento de estos, “y ello con el deliberado propósito de eludir el pago de las facturas correspondientes a los productos adquiridos, cuyos importes se cargaba en cuentas bancarias facilitadas por el acusado, pero carentes de suficientes fonods para hacer frente a los pagos correspondientes”.

El ‘plan’ comenzó en enero de 2013. El acusado se interesó entonces por la compra de productos a una mercantil con motivo de la visita realizada por el comercial de la firma a su peluquería. Aparantó ser un simple empleado, realizando un pedido a nombre de quien dijo ser su supuesto jefe, su expareja sentimental, por 202,43 euros. Un mes después, con otra visita comercial, comentó su intención de montar una peluquería nueva con otra persona y concertó un nuevo pedido ya por más de 8.300 euros, facilitando los datos de esa persona, aunque el domicilio de entrega era el del acusado.

Luego llegarían nuevos pedidos por 1.443 y 1.352 euros más, otro de 824, uno más de 1.289… “Nulos resultados” tenían las reclamaciones de cobro que llegaban a las personas que aparecían como responsables de las compras y que no sabían nada de esas operaciones. Otra factura de cométicos por 4.515 euros, dos más de 398 y 815 euros, a nombre de la que decía que era su novia y socia y que esta vez, el acusado terminó pagando “pese a sus excusas dilatorias” 670 euros.

En octubre adquirío una máquina de cavitación de 2.600 euros, en diciembre, cargó a ua compra de 4.300 euros más a nombre de la que dijo que era su socia de la que aportó fotocopia de una cartilla bancaria supuestamente a nombre de ella, fotocopia del DNI y el contrato de la operación que le dejó para que lo firmara porque estaba supuestamente hospitalizada.

También el acusado hizo suyo otro pedido que cargó a otra persona por más de 18.000 euros y otro nuevo por casi 5.400 euros de una compra que cargó a otra mujer totalmente ajena y a la que también puso su nombre en la factura de la línea de teléfono de la peluquería. La deuda, 141 euros.

Las estafas, por más de 45.000 euros, se completaron con el intento que realizó Luis Francisco S. G. junto a la también acusada S. C. C. M., para la que se piden un año y nueve meses de cárcel, de comprar un coche, su Seat León. Para lograr la financiación designaron como avalaista a otra persona, totalmente ajena a los hechos y cuyos datos, al igual que había hecho antes, pudieron disponer de cuando esa mujer entregó su curriculum en la peluquería, así como fotocopia de su DNI, “que le había sido requerido de modo subrepticio supuestamente para trabajar en el establecimiento”. Llegaron a aportar una nónima también de una gran superficie de la capital a nombre supuestamente de la víctima con su firma en el apartado de recibí, pero que correspondía a la acusada que sí había trabajado en el centro comercial. Finalmente, presentaron los impresos que documentaban el contrato de financiación con la firma como fiador de la mujer que nunca participó ni en la compra ni en la financiación ni que llegó a estampar su nombre en ningún documento. El coche estaba valorado en más de 25.000 euros “y los recibos no fueron atendidos por los acusados, quienes ya desde el inicio no tuvieron la intención de satisfacer las cutoas convenidas”, indica la Fiscalía.