Adiós a una vida dedicada a la política

Ana Pobes
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Ángel Caballero deja el servicio público tras nueve legislaturas gobernando con mayoría en Alcolea, convirtiéndose así en el más veterano de los alcaldes de la provincia

Adiós a 36 años de vida política - Foto: Tomás Fernández de Moya

ana pobes / alcolea de calatrava
Ángel Caballero cerrará un capítulo de su vida el próximo mes de junio, cuando el día 15 entregue el bastón al nuevo regidor de Alcolea de Calatrava, municipio en el que nació, en el que reside y del que ha sido alcalde durante 36 años. Tiempo en el que ha vivido «por y para sus vecinos». El alcalde decano de la provincia, tras nueve legislaturas ganadas todas ellas con mayoría absoluta, asegura que «es el momento de retirarse y dejar paso a gente nueva» que «trabaje para consolidar los proyectos ya realizados». Y que no son pocos, comenta con satisfacción el que fue también vicepresidente de la Diputación durante 16 años. 
Entró en el Ayuntamiento en 1983 con 27 años, y motivado por esa tarea sindical y política que desempeñaron sus antepasados. Y eso, «de alguna manera te condiciona». Pero su vinculación a la Iglesia, admite, también le animó. Fue el presidente provincial del movimiento de Acción Católica denominado entonces Junior, «donde se hablaba del compromiso dentro y fuera de la Iglesia». Y una cosa llevó a la otra, pero también «el reto personal». «Ni yo imaginaba que iba a estar tanto tiempo». Dicen que la política engancha. Y a él le enganchó hasta tal punto de convertirse en el más veterano de los alcaldes de la provincia. Es el mayor de seis hermanos, y de alguna forma ha transmitido también ese gusanillo político a José Manuel, su hermano pequeño y actual presidente de la Diputación y candidato del PSOE a las Cortes regionales y que al igual que el partido, le ha apoyado en su decisión, «muy meditada». «Uno viene al mundo para intentar hacer lo que pueda y dejarlo un poco mejor de como se lo encontró, y me voy satisfecho», argumenta.
En un mes dirá adiós al Ayuntamiento, su segunda casa en estas casi cuatro décadas, y colgará para siempre las llaves de la Alcaldía, esas que han hecho que su despacho haya estado siempre abierto para todos los vecinos. Ahora, y con 65 años, sus responsabilidades como alcalde dejarán paso a otras muchas inquietudes y proyectos que la política le ha impedido realizar. Llega el momento de dedicarse más a la familia, a los amigos y a conocer mundo, donde le esperan numerosos lugares por visitar. Dejará su vocación política por la altruista, por lo que en sus planes está colaborar con la ONG de Cooperación al Desarrollo que hay en Alcolea de Calatrava, y que trabaja principalmente en Perú. Y es que, insiste, «ser alcalde de un pueblo como Alcolea ya es altruismo puro y duro». Pero «la vida es también una oportunidad para aprender», y con ese objetivo intentará mejorar sus dotes informáticos, algo de lo que anda «regular», comenta entre risas. 
Recuerda como si fuera ayer el primer día que se sentó en el sillón de la Alcaldía. Ahora hay «alrededor de 50 entre funcionarios y trabajadores de los planes de empleo», pero por aquel entonces solo había una persona, además de un sereno, un ordenanza y una señora de la limpieza contratada a media jornada. «Imagínese lo que se podía hacer en un Ayuntamiento con tan poco personal. Estábamos deseando que se acabara un año para empezar el presupuesto del año siguiente porque no había dinero ni para comprar bombillas». Años más tarde, entró la Autonomía y con ella, algo más de dinero, pues los pocos recursos procedían del Gobierno Civil. Fue entonces cuando se empezaron a ver los primeros proyectos como el arreglo de alguna calle y «alguna obra de alumbrado». A partir de entonces, han visto la luz otras muchas iniciativas que han llevado a cubrir «todas las necesidades básicas», por lo que «ahora toca la parte más bonita; la de embellecer y dar continuidad a los proyectos consolidados. Ya no merece la pena invertir más en infraestructuras», pues «los pueblos se han convertido en los prestadores de todos los servicios». 
«Todos los pueblos han cambiado radicalmente desde entonces», enfatiza para relatar, a modo de anécdota, que los dos primeros años sólo pasaba por el Consistorio «un rato por la tarde, cuando regresaba de dar clase de El Robledo», porque «no había prácticamente nada que gestionar ni recursos que pedir a otras administraciones». «Venía y no había nadie en el Ayuntamiento, ni nadie se acercaba a hablar con el alcalde. Incluso tampoco había mucho que firmar, la mayoría reemplazos de la mili». 
Para ser alcalde de un pueblo «hace falta mucha resiliencia». «Es complicado. No duermes porque te llevas las preocupaciones a casa, pero luego asumes que no tienes en tu mano la posibilidad de resolverlo todo». Dificultades y vicisitudes que quedarán en su memoria. Es el caso, por ejemplo, cuando hace cinco años se apostó por arreglar la plaza y los vecinos empezaron a recoger firmas. No querían que se reformarda. «Aquello me impactó». Hoy, la plaza se está arreglando. Aquel fue un momento difícil pero no el único, pues recuerda cuando 1986 se tuvo que trasladar a los niños a unas antiguas aulas para construir un consultorio en las escuelas. La decisión generó también un gran revuelo en el pueblo. Diferentes situaciones que resolvió con las cuatro cualidades que, según él, debe tener «un buen gobernante»: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Aptitudes, señala, que «si uno es capaz de aplicarlas, funcionan». 
Señala que los municipios han cambiado, pero también el panorama político con la llegada de pactos, «acuerdos que enriquecerán» y cree que«la verdad se construye mejor teniendo que negociar». Declara que la cultura del pacto «existe ya en otros países de Europa, aunque aquí aún nos queda un poco, pero eso no es negativo» aunque considera que «en los pueblos falta tiempo para llegar a pactos», pues «en algunos anecdóticamente solo se presenta un partido». En Alcolea serán tres los partidos que concurrirán a las elecciones: Partido Popular, PSOE y UCIN. Su deseo para los comicios de este domingo: mayoría absoluta para el PSOE.