El descorche de Fenavin

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Ponencias, charlas y catas centran las primeras horas de una Feria Nacional del Vino que arranca abogando por recuperar viejas variedades y poniendo el acento en la mujer

El descorche de fenavin - Foto: Rueda Villaverde

A las diez de la mañana la maquinaria de Fenavin ya estaba a pleno rendimiento, a falta de dos horas para que tuviera lugar la inauguración oficial de la muestra. Mientras en los expositores se cerraban detalles de última hora, en los pasillos se producían los esperados encuentros entre compañeros de profesión y los primeros clientes, que de la mano del vino fueron llegando a esta décima edición de la Feria Nacional Vino, que desde primera hora de la mañana contó con el apoyo del sector y de los profesionales del vino. Los que llegaron con intención de vender su producto, los que están en Ciudad Real para comprarlo y los que vinieron para hablar de él, los protagonistas de una agenda de actividades teóricas y prácticas.
Abría sus puertas Fenavin un año más con tres escenarios claves. El más grande, ese escaparate del vino destinado a las bodegas y cooperativas, preparadas desde el primer momento para hacer negocio salpicado tecnología; el más deseado, esa galería del vino que llegaba este año avalada por más de 1.400 referencias vinícolas que hablan de la diversidad del vino en este país y que ya a primeras horas de la mañana recibía a los profesionales más madrugadores, para convertirse horas después en un constante devenir de gente; y las aulas del vino, las que a lo largo de los próximos tres días acogerán el grueso de las 103 actividades programadas, que concentran lo que podría llamarse la otra cara de la feria.
Catas, estudios, mesas redondas y hasta referencias gastronómicas centraron las primeras horas de esta apretada agenda en la que los ponentes se acercaron al vino a nivel teórico y práctico. A veces incluso aprovechando los sentidos. Esto ocurría especialmente en la cata a ciegas que dirigía en la mañana de ayer la sumiller del casino de Madrid, María José Huertas y en la que el vino se olió, se saboreó, se tocó, pero no se miró, aunque sí se escuchó. «El vino no entiende de barreras», reconocía Lorenzo Villahermosa, director de la ONCE de Ciudad Real, quien exponía a la puerta de esta cata que el color de un buen vino «no siempre llega por los ojos, también puede hacerlo «por la boca y la nariz».

El descorche de fenavin
El descorche de fenavin - Foto: Rueda Villaverde
Los sentidos también se agudizaron en la cata propuesta por la bodega Verum que de la mano del proyecto Ulterior, ha recuperado algunas variedades de la tierra perdidas «pero que se adaptan mejor a las nuevas condiciones climatológicas, como la albillo real», explicó el enólogo de esta bodega, Elías López, quien aprovechó esta cita para invitar a otras «bodegas a apostar de cara a mejorar el mercado apostando por generar categorías», a partir de esta variedades.
Minutos después, esta misma mesa, pero presidida por diferentes protagonistas, convertía al vino en un nuevo cristal desde el que mirar la realidad, en concreto la realidad de la mujer, «cada vez más presente en este sector», como subrayaron en la mesa algunas de esas mujeres que ya han demostrado su valía. Una de ellas, Manuela Romeralo, directora de los cuatro restaurantes del estrella Michelín Quique Dacosta, que reconocía haberse metido en este mundo «hace unos 20 años, por inconsciente -ya que no sabía que era un mundo de hombre-», y que coincidía con Ángela Marulanda, la mejor maitre de 2018, en qué más que por género, el futuro del sector pasa por estar pendientes «del talento y la excelencia». Con esta mesa se daba una de las muchas puntadas que hay previstas desde la organización para hacer de ésta edición «la que más carácter femenino tiene de todas las celebradas», como recordó la moderadora de este acto, Eva María Rodrigo Sánchez, de la agencia Vayro. Antes que ellas, otras féminas ya habían contando su historia pasada y presente, con la excusa de un libro, Reina de copas.
Se habló del vino desde su perspectiva más comercial, con parada en China, como mercado a tener en cuenta, y en Inglaterra, con la mirada puesta en un Brexit, que dibuja un futuro temido por los españoles, y que reclama una necesaria «subida de los precios justificada por todo lo que supone hacer vino y sus escenarios», como dijo Abel Duarte,  investigador en la School of Management de la Curtin University de Perth (Australia). Pero también desde su visión más tradicional, la que lo confirma como básico de la gastronomía. Esto ocurría en una de las ponencias más anecdóticas de la mañana, La Grastrotontería. Moderada por el periodista Andrés Sánchez que defendió que es el momento de desmontar los falsos mitos culinarios «como el de los menús degustación y el minimalismo culinario», especialmente en la época en la que estamos «la era del producto, en la que la gente lo que quiere es comer a buen precio». «Lo que tenemos que hacer es recuperar la cocina buena, de mercado, de terruño», exponía a unos minutos de esta mesa «crítica» que ofrecía un escenario como Fenavin «a la que debemos que se haya creado una cultura del vino».
El descorche de fenavin
El descorche de fenavin - Foto: Rueda Villaverde
La agenda apenas si daba sus primeros pasos ayer llenado los pasillos de caras conocidas, no sólo del mundo del vino, también de la canción, la gastronomía y la cultura que confirmaron un año más, el poder de convocatoria del vino. 
 


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