Devoción por la Perchelera

Pilar Muñoz
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Devoción por la Perchelera - Foto: Pablo Lorente

Cientos de personas ven partir a la Dolorosa de Santiago envuelta en aromas de incienso y jazmín

Caía la tarde cuando atravesaba el umbral del guardapasos la imagen de la Dolorosa de Santiago para enfilar la calle Quevedo e iniciar su recorrido por la ciudad. En las inmediaciones se agolparon cientos de personas para ver partir el paso de palio de la Dolorosa de Santiago.
Eran las 20.15 horas cuando el himno de España anunciaba el inicio de su peregrinar portada por su cuadrilla de costaleros y precedida de un centenar de mujeres ataviadas con la tradicional mantilla y de una larga fila de hermanos y devotos que iluminaron el recorrido de la Dolorosa de Santiago.
Con aromas a incienso y jazmín, sonaron los primeros tambores y cornetas de la Semana Santa de Ciudad Real, declarada de Interés Turístico Nacional. Abría la procesión la Banda de Nuestra Señora del Prado La Pasión, seguida de un hermano con la cruz de guía que daba paso a otros que portaban los estandartes de la Hermandad con los Misterios Dolorosos.
El paso de palio profusamente adornado con claveles rosas y ramos de orquídeas y otras pequeñas flores en las esquinas,  fue mecido  por sus 36 costaleros a las órdenes del capataz.
La Reina del Perchel fue por llevada por su cuadrilla de costaleros con paso corto y ‘picao’, cautivando a las miles de personas que presenciaron la procesión a lo largo del recorrido, con una temperatura más veraniega que primaveral.
La Dolorosa de Santiago, una de las imágenes más bellas de la Semana de Pasión de Ciudad Real, lucía su manto azul bordado en oro y saya de terciopelo granate, en la que llevaba prendida la medalla del Ejército, del desaparecido Regimiento de Artillería de Ciudad       Real, que en su día fue nombrado Hermano Mayor Honorario de Nuestra Señora de los Dolores de Santiago. Por ello, ayer la escoltó el teniente coronel de la Batallón de Helicópteros de Almagro y comandante militar de Ciudad Real, José  Manuel Galvañ Bonmatí, junto a otros militares de la base.
En uno de los varales del paso colocaron un lazo negro por el alma de una hermana fallecida.