La pobreza se enquista en la provincia

C. de la Cruz
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El Programa de Acogida y Acompañamiento de Cáritas registra un aumento de su actividad asistencial con una media de ayudas superior a los peores tiempos de la crisis

La pobreza se enquista en la provincia - Foto: Pablo Lorente

Los rezagados de la sociedad del bienestar, los más vulnerables de un sistema que no les permite regresar del olvido. Cáritas Ciudad Real pone luz a una oscuridad que se ha convertido en un fenómeno endémico constatando que la pobreza se cronifica en nuestro entorno. 
Aunque los rostros permanezcan ocultos, las cifras hablan por sí solas. El Programa de Acogida y Acompañamiento, dentro del Área de Parroquias, llegó a 4.565 personas en 2018 con un total de 27.225 ayudas: Alimentos, vales de ayudas económicas para objetos de primera necesidad, ayudas para el alquiler, pago de suministros de luz, material escolar, farmacia, ropa, calzado… 
Durante los años 2017 y 2018 cada persona que acudía a este programa de Cáritas recibía una media de seis ayudas, el número más alto de la serie histórica confeccionada por la organización de la Iglesia Católica. Ha descendido el número de personas atendidas respecto a años anteriores, con el número más elevado en 2013 (7.947), pero los que permanecen necesitan más protección para sobrevivir. 
La permanencia en el círculo de la pobreza también se evidencia en el número de personas que acumulan tres o más años de atención en el Programa de Acogida y Acompañamiento: el 41,4% de los atendidos en 2018 recibían ayuda, como mínimo, desde 2016. Tampoco mengua el número de las personas que llegan por primera vez a Cáritas: el 23,9% en 2018, tres puntos porcentuales más que en 2017. 
La coordinadora del Programa de Acogida y Acompañamiento de Cáritas Ciudad Real, María Dolores Olmedo, es muy clara: «Hay gente que se ha quedado, está estancada y no puede salir. Las personas están en una situación muy vulnerable, antes había gente que estaba en el límite y conseguía salir, ahora es muy complicado volver». El trabajador social de Cáritas Interparroquial Francisco Alhambra advierte que «no es tan difícil caer, no es tan difícil verte en una situación de necesidad».
EL PROCESO. La parroquia actúa como centro neurálgico de atención al que cualquier persona puede acudir, aunque en las localidades de mayor población Cáritas cuenta con sus propias dependencias. Se pone en marcha una maquinaria bien engrasada con la labor de voluntarios y técnicos. «Hay gente a la que le cuesta mucho pedir ayuda, es duro. La primera vez es la más violenta», señala Alhambra, y es que «la ayuda casi es una excusa para llegar a otras necesidades, se establece una conexión muy cercana». 
Más allá de recibir asistencia en forma de dinero o con productos de primera necesidad, en Cáritas «se trabaja con las personas, poniendo metas. Cada persona tiene unas necesidades diferentes, cada situación es un mundo». Así, se incide en la  búsqueda de empleo, se llevan a cabo diferentes talleres, se trabaja  la competencia del hogar, el analfabetismo, el absentismo escolar…
PERFILES. Los casos son tan diversos como los 4.565 atendidos en 2018, pero hay algunos perfiles recurrentes. Tanto Olmedo como Alhambra destacan a los desempleados mayores de 55 años que cuentan con prestaciones muy bajas; los ancianos, que se encuentran entre los colectivos «más olvidados. Personas mayores, solas o casi solas, que viven con muy poco y no hacen ruido»; los inmigrantes, «que no tienen familia, que están solos, desorientados y no han ido nunca a los servicios sociales»; empleadas de hogar que no tienen contratos; trabajadores con jornadas parciales; familias con hijos en situación de desempleo, temporeros…
Junto a ellos, en los últimos años se ha producido un repunte de asistencia de familias monoparentales, mayoritariamente con mujeres al frente, además de que «también están llegando familias muy jóvenes, que sus madres y abuelas también venían a Cáritas, es la transmisión generacional de la pobreza», advierten. En definitiva, desempleados en su gran mayoría o con trabajos muy precarios. 
ESCAPAR. En Cáritas se dan los primeros pasos para que «la propia persona sea autónoma y quiera caminar en la vida por sí mismo», pero sin trabajo no hay futuro. María Dolores Olmedo explica que «el 85-90% de los atendidos no pasa de los estudios básicos y algunos ni los tienen. Es muy complicado en estos casos acceder al mercado laboral». Francisco Alhambra subraya que «parece triste que todo se reduzca al empleo, pero es el que te da autonomía». 
¿Qué queda entonces? Parece que los sectores a los que se pueden acceder sin formación son la hostelería, el campo o las labores domésticas. Y si no se consigue, llega la explotación dentro de un submundo que convive con nosotros. Por delante, un duro camino de reinserción donde Cáritas se posiciona como un soporte fundamental.  


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