¡Qué dirán los del pueblo!

Nieves Sánchez
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¡Qué dirán los del pueblo! - Foto: Tomás Fernández de Moya

Encantados, los vecinos de Calzada ovacionaron y aplaudieron 'Dolor y gloria' en la noche de su estreno, en el cine de su pueblo, con alfombra roja y un mensaje de Almodóvar directamente para ellos

«¡Si nos vieran las del pueblo!» exclama Penélope Cruz en el papel de Jacinta, recién llegada a Paterna, con su hijo pequeño Salvador de la mano y a las puertas de una cueva. Pero antes de eso y de todo, de tanto dolor y tanta gloria, antes de que Antonio Banderas apareciera sumergido en el agua, Pedro Almodóvar ya les había advertido, aunque de poco sirvió, porque sus vecinas de toda la vida ya se sentían identificadas con Jacinta.
«Se ha dicho que es una autobiografía, pero tenéis que tener claro que es una película, eso sí, os aseguro que sentiréis como propio el papel de la madre». Y de principio a fin así fue, porque con la insistencia de Jacinta de que su hijo la llevara al pueblo a morir, Almodóvar reconoció que en ella está «absolutamente representada» su madre. «Es la añoranza que tenía de vosotros, de sus vecinas y de Calzada de Calatrava», donde la noche del viernes, en una sala de butacas, 400 personas reían, lloraban y comentaban por lo bajo cada frase, y guiño extrapolable a la vida del pueblo y de la propia familia del cineasta, porque la realidad necesita de la ficción para ser una y completa.
En Dolor y gloria, la última película de Pedro Almodóvar, vuelve a haber mucho de La Mancha, de sus raíces, de las relaciones de su madre con sus vecinas y de como estas mujeres han marcado la personalidad y la trayectoria del calzadeño, cuya cara apareció por sorpresa a las 21.00 horas en la gran pantalla del Centro Cultural Rafael Serrano, con una camisa de flores, resaltando sobre un fondo amarillo y con un mensaje para sus paisanos: «Queridos familiares y vecinos, espero que os emocione mucho, que os entretenga y os guste, porque es una película que realmente pertenece a la cultura manchega». 
Minutos antes de esto, el hall del centro cultural, el que fuera en los años 50 el cine de verano del pueblo, espacios que olían «a pis y jazmín», era un hervidero de gente, de todas las edades, más jóvenes y más viejos, en pareja, en pandilla o en familia. «Yo he visto todas y soy muy fan, sobre todo de las de los 80», decía Jesús Valencia cerca de María Ciudad, quien recordaba que fue una de las que ya brindó en un bar de Calzada, viéndo la gala por la tele, por el primer Oscar del manchego, el de Penélope gritando: «¡Pedro!»
Las palomitas iban y venían, como los posados y los ‘flashazos’ frente al photocall y los selfies con el atrezo original del largometraje, alrededor del que se formaban corrillos de comentarios y altas expectativas. «¡Aquí lo queremos mucho, pero no se deja ver por el pueblo!» A Santa Caballero le brotaban las palabras al ritmo que se le vertían las palomitas. «¡Qué las tiras!» le decían las amigas, y ella reía. «Es que yo soy prima de Pedro y vecina suya, puerta con puerta, de toda la vida. Mi padre y su madre, primos hermanos». 
Autoridades, invitados, gente de todos lados y las miradas puestas en la familia, donde más que gloria hay dolor estos días. «Han muerto recientemente dos de sus tías por parte de padre, Raimunda y Julia, y la familia está de luto», contaban por el pasillo las vecinas, arregladas, de domingo, con abrigos, tacón, bolso en la mano y labios rojos. Agustín Navarro, el marido de su tía Cecilia, fue el que en el último momento apareció. «Lo queremos mucho y siempre que sale por la tele pues sentimos mucho orgullo», explicaba entrando por la puerta del patio de butacas para disfrutar de un tipo de cine que admira. «A mí no me gustan los tiros ni la violencia y las películas de mi sobrino son muy reales, muy naturales». 
Dentro, en el «Hollywood calatravo», la sala estaba completa, sincronizada con el resto del mundo para proyectar la historia de Salvador Mallo, un director en el ocaso de su carrera, interpretado por un magistral Banderas, al que Jacinta le dice: «Hijo, no vas a tener una buena vejez porque has salido a la familia de tu padre». Otra vez risas, comentarios y chascarrillos por esta frase y por todo lo que encierra la película de la infancia de Almodóvar en Calzada.
«Fantástica, he visto casi toda su obra y esta está entre sus tres mejores películas», destacaba a la salida Iñaki Larrea, un bilbaino afincado en Ciudad Real desde hace años, que se encontraba en la gloria en una noche de estreno y de encuentro con el cine almodovariano más íntimo y personal. «Es muy nuestra, muy de la tierra, es puro Almodóvar o te gusta o no te gusta», remarcaban con orgullo y admiración los de su pueblo.