Nuevos rostros para decir adiós al alcohol

H. L.M.
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Integrantes de Alcohólicos Anónimos en la capital señalan que han llegado más usuarios a sus reuniones, de edades variadas pero con el policonsumo de sustancias a sus espaldas

Nuevos rostros para decir adiós al alcohol - Foto: RUEDA VILLAVERDE

Martes y viernes en la parroquia del Larache y lunes y jueves en el centro social del Pilar se celebran los encuentros de Alcohólicos Anónimos. Siempre se organizan de 20 a 22.00 horas para el tratamiento de un colectivo que se mantiene en el tiempo pero que este verano ha visto lo que para ellos son «muchas caras nuevas», con hasta cuatro personas que han llegado buscando una ayuda que no encuentran en otro lugar. «Algunos han venido mandados de la Unidad de Conductas y Actividades y han estado en Alcohólicos Rehabilitados», otra de las organizaciones que trabajan con un colectivo en crecimiento en España pero que no tiene sede en la capital. «Se trata de gente joven, con un chaval de 50 años, y un matrimonio que viene algo más mayor», expuso María, nombre falso atendiendo al modo de trabajo de la propia organización y una de las integrantes de uno de los grupos de alcohólicos anónimos de la capital.
María, una de las antiguas integrantes de Alcohólicos Anónimos, nota como los nuevos rostros llegan con policonsumo, en el que ya no es solo alcohol sino que también hay drogas o juego. «Cuesta lo mismo salir pero una cosa lleva a la otra», apuntó. «Todos somos alcohólicos en la organización y lo único que hacemos es darnos apoyo unos a otros», dijo María, con el recuerdo de que no importa ni la procedencia de estas personas, si vienen o no derivadas de la UCA, donde existen medicamentos para paliar los efectos de la falta de alcohol en el cuerpo, ni tampoco si hay otras sustancias que consuman además del alcohol.
El caso de María, una mujer alcohólica y en tratamiento, es paradigmático porque a ellas les suele costar más estar en este tipo de recursos. Con 68 años, ella ha vivido dos vidas. «En la calle era una persona pero en casa era otra, donde me ponía las botas con el alcohol», argumenta. Cuando dejó de trabajar, tras dos décadas en algunos negocios de la noche, fue el momento en que empezó a beber «a escondidas», aunque al final daba igual que hubiera o no gente siempre encontraba la oportunidad de «echar un trago al vino». Era una vida en la que siempre «mentía» y decía que estaba mareada por indisposición. «Cuando mi marido salía de casa nunca sabía cómo me iba a encontrar al llegar» y al final estaba en la cama «con los ojos rojos».
Por eso, finalmente, decidió ir a Alcohólicos Anónimas cuando comprendió que «el alcohol le controlaba» y ya ni se acordaba de cómo había sido su día. Fue primero a Alcohólicos Anónimos en Barcelona, donde trabajaba, hasta que decidió regresar a Ciudad Real y seguir con la terapia. Su vida es una muestra de que el alcohólico tiene un largo periodo hasta recuperarse y que llega por muchos motivos. «Llevo treinta años en Alcohólicos Anónimos», expone María, una de las primeras mujeres en acudir a estos encuentros en los que se aborda, con la complicidad de personas que han pasado por la misma situación, cómo superar la adicción.  
María apunta que, pese a su experiencia, no mira a los jóvenes o el botellón pensando en su futuro o en la posibilidad de acabar siendo un alcohólico. «Hay una línea que se traspasa, en la que ya es necesidad» por lo que no es la cantidad sino la necesidad. Por este motivo, al igual que ha ocurrido este verano desde la organización recuerdan que se debe reflexionar en esa línea y apuntan que también existe un encuentro, dirigido, a los familiares de la persona que padece la adicción.