Vida y muerte en el Alarcos almohade

Hilario L. Muñoz
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La UCLM analiza por primera vez a los árabes que habitaron el cerro en el periodo entre 1195 y 1212 a través de los restos de su cementerio

Vida y muerte en el Alarcos almohade - Foto: Rueda Villaverde

La batalla de Alarcos del 19 de julio de 1195 tiene aspectos por estudiar todavía. Entre ellos está saber cómo fue la vida de los árabes que  se quedaron a vivir en el castillo tras la contienda. Los almohades estuvieron allí hasta 1212, cuando con la batalla de las Navas de Tolosa, el cerro, el castillo y las tierras volvieron a manos cristianas. En esos 17 años estos ciudadanos vivieron y murieron en esta tierra y de aquel periodo queda un pequeño cementerio, situado junto al antiguo camino de entrada al castillo, como marca la tradición árabe y que sitúa los cementerios cerca de las puertas de las ciudades. Se trata de un espacio apenas investigado, descubierto hace más de una década y al que este año dedicarán sus esfuerzos la parte medievalista de las excavaciones de la UCLM en el yacimiento de Alarcos, encabezadas por el profesor de Historia Medieval de la universidad regional, Antonio de Juan.
Este grupo comenzó sus trabajos este lunes y seguirá con ellos hasta el próximo 14 de septiembre. Apenas dos semanas en las que abrirán algunas de las tumbas, donde aún se encuentran los restos de los almohades que habitaron Alarcos. Hasta el momento solo una de ellas se había analizado. El objetivo fue conocer qué tipo de enterramiento era. Si era almohade, los cadáveres estarían de medio lado y con la cabeza mirando hacia la meca, como marca la tradición, en la posición que se llama de cúbito lateral y que es claramente distinto al enterramiento judío o cristiano.
En estos cementerios no hay ornamentación en las tumbas, los cadáveres se entierran con un sudario y el motivo que no se haya realizado un análisis de las tumbas es que hasta el momento no había en el equipo una antropóloga forense. Ahora, a los investigadores de la UCLM se une Lucía Muñoz, de la Universidad Complutense, que está realizando una tesis y que con lo hallado en esta campaña podría recrear cómo fue la vida de estos habitantes de Alarcos, a través de la lectura de los huesos y de las tierras.

Vida y muerte en el Alarcos almohade
Vida y muerte en el Alarcos almohade - Foto: Rueda Villaverde
primeros estudios. «Vamos a hacer estudios  ahora», dijo De Juan, para lo que abrirán «cuatro o cinco tumbas» con la intención de hacer una comparativa de estos restos con los de los cristianos encontrados en Alarcos o con los soldados que se encuentran enterrados en la fosa de la batalla. «Nunca habíamos hecho una campaña para hacer el estudio de lo que es el cementerio», dijo De Juan, como un modo de remarcar la importancia de este análisis.
Hay que tener en cuenta que en aquellos 17 años no hubo, en principio, un ejército almohade en Alarcos, ya que los árabes llevaron sus tropas a Calatrava la Vieja, su antigua capital. «Hubo un contingente no muy grande desde 1195 a 1212», dijo De Juan, quien expuso que son personas que llegaron con sus familias por lo que hay tumbas de personas adultas pero también de niños que van a dar bastantes datos sobre el tipo de gente que pudo ocupar Alarcos en ese tiempo. A través del análisis de sus huesos se pueden conocer aspectos como la alimentación o las enfermedades.
En el cementerio de Alarcos hay 36 tumbas, divididas en dos tipos muy diferenciados: las macabrillas y con cipo, por lo que se van a excavar unas y otras. «El cipo es una columna o una señal, una piedra hincada, que señala la cabeza y los pies», explicó De Juan. Mientras, las macabrillas se construyen con piedras de forma escalonada y culminadas con argamasa y a veces alguna decoración. Actualmente queda su construcción con esa forma escalonada. Se trata de una tumba de la que hay pocos ejemplos en La Mancha. Como peculiaridad añadida, las tumbas de este cementerio son muy profundas, ya que los habitantes buscaron tierra virgen, otro de los requisitos del enterramiento árabe, y la zona del cementerio se encuentra en un espacio donde hay muchos escombros de la construcción del castillo.
Vida y muerte en el Alarcos almohade
Vida y muerte en el Alarcos almohade - Foto: Rueda Villaverde
Estas dos características las conoce bien Celia Cuesta, una de las estudiantes que participan en esta campaña de excavación y cuyo trabajo de fin de grado versa sobre estos cementerios árabes. «Es una oportunidad de poner en práctica lo que hemos hecho en la carrera y en mi caso que he hecho en el trabajo Fin de Grado sobre los cementerios islámicos», dijo Cuesta, que lleva excavando con De Juan en Alarcos varios años.
Antes de abrir cada una de las tumbas, ayer se hicieron fotografías que se sumarán a un estudio pormenorizado de cada una para poder rehacerla una vez concluyan los trabajos. «Se trata de una campaña de pura investigación para sacar muchos datos de cómo era este tipo de gente», dijo De Juan, quien recordó que desconocen cómo finalizará la campaña y qué se encontrará finalmente porque no saben qué material puede haber de aquellos 17 años en que Alarcos fue almohade.
 


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Vida y muerte en el Alarcos almohade - Foto: Rueda Villaverde
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Vida y muerte en el Alarcos almohade - Foto: Rueda Villaverde
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Vida y muerte en el Alarcos almohade - Foto: Rueda Villaverde
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Vida y muerte en el Alarcos almohade - Foto: Rueda Villaverde
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Vida y muerte en el Alarcos almohade - Foto: Rueda Villaverde