Obispos en la Catedral

HIlario L. Muñoz
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Obispos en la Catedral - Foto: Tomás Fernández de Moya

Torija estará acompañado en la iglesia de Santa María del Prado por cuatro antecesores en el cargo y será la séptima persona en el templo

La Catedral de Ciudad Real abrirá sus puertas este lunes a las 8.30 horas para un día histórico en el que se celebrará el entierro del obispo emérito Rafael Torija, durante el que en su mandato se creó la Diócesis de Ciudad Real. A las 11 horas está previsto un entierro al que acudirán autoridades eclesiásticas de la Conferencia Episcopal, así como de las administraciones públicas para dar su último adiós a Torija, entre ellos diputados, senadores y representantes militares de la provincia.
El acto se iniciará con una misa que oficiará el actual obispo junto al otro obispo emérito Antonio Algora y otros obispos que acudirán a la Eucaristía. «Sobre el féretro se dispondrá: casulla, evangeliario, mitra y báculo», informó la Diócesis en un comunicado. El féretro estará en la vía sacra, el pasillo central donde asperjará e incensará el féretro. El espacio en el que hoy se entierra es el anteriormente ocupado por Estenaga, en la vía sacra, pasillo central del templo. Tras la misma se procederá a la inhumación. Para la ocasión se ha convocado a la Coral Diocesana que está compuesta por jóvenes de todos los pueblos de la diócesis, a la que acompañarán los seminaristas, tanto del Seminario Mayor como del Seminario Menor.
Entre las autoridades confirmadas se encuentra el decano-presidente del Real Consejo de las Órdenes Militares, Pedro de Borbón-Dos Sicilias, duque de Calabria, y entre las eclesiásticas estarán los obispos eméritos de Albacete, Ciriaco Benavente, y los de Orihuela-Alicante, Victorio Oliver y Rafael Palmero.
Torija será el quinto obispo cuyos restos reposan en el subsuelo de la Catedral. Además existen otras dos personas que se encuentran enterradas en la basílica como son el caballero que encargó la construcción de la capilla del Santísimo, donde ayer se encontraba la capilla ardiente, y el secretario del obispo Narciso Estenaga, Julio Melgar, fusilado junto a él en las proximidades de la pedanía miguelturreña de Peralvillo, en 1936, y elevado a beato.