Sin espada no hay paraíso

Leticia Ortiz (SPC)
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Manzanares y David de Miranda pinchan sendas faenas de triunfo en la tradicional Corrida Picassiana de Málaga ante una irrregular corrida de Garcigrande con la que El Juli no tuvo opción

Sin espada no hay paraíso

Bonito detalle tuvo El Juli con Saúl Jiménez Fortes al inicio de la corrida. Recibía el malagueño el Capote de Paseo de la Feria de 2018 y el madrileño le cedió su montera para que saludase, en torero, a su afición. Tenía hueco el local en la tradicional Corrida Picassiana, pero su lesión en el tobillo le obligó hace unos meses a cortar su temporada y a centrar sus esfuerzos de recuperación en el próximo año. Tras el cariñoso homenaje de La Malagueta a su torero, la tarde no se abrió de manera especialmente halagüeña, con un toro de Domingo Hernández de noble condición, pero escasa transimisión. Cumplió el trámite, sin más, El Juli. No tenía emoción el animal, con una movilidad que siempre hace más llevadera la faena, pero tampoco el madrileño dio ese pasito más en busca de conectar con un tendido que presentó la mejor entrada de la presente Feria. 

Poco pudo hacer el madrileño con el cuarto, extendiendo su gafe con esta plaza. Pero que nadie lo olvide: en el pecado lleva la penitencia. Si como figura exiges una ganadería como esta, tan al límite de casta y bravura, es posible que en alguna plaza te toque bailar con la más fea, esto es, con ese toro que ha dado un paso más allá del límite y que solo se asemeja al toro de lidia en su aspecto. 

Regresaba Manzanares a La Malagueta como autor de la mejor faena de la presente Feria. Si nos pusiéramos cursis podíamos alegar que el Mediterráneo inspira a un alicantino de nacimiento como él. Pero mejor vamos a dejarlo. El caso es que, de nuevo, dejó impronta Manzanares en el coso de la capital de la Costa del Sol. No auguraba mucho el de Domingo Hernández, inédito en los dos primeros tercios, y con un ir y venir cansino. Pero, poco a poco, y a base de no obligarle en la muleta, Manzanares consiguió que el astado fuese entregándose. Especialmente destacadas fueron las series con la franela montada en la espada, aprovechando así el derecho, el mejor pitón del toro. Bajó la mano el matador y respondió su enemigo. Si hay que poner un pero sería el ajuste, ese hándicap tradicional que siempre se ha echado en cara a este matador. Pero ese pasito de menos en el cite lo suplió Manzanares con su empaque 'marca de la casa'. La espada, esta vez sí, volvió a ser un cañón que le permitió cortar la primera oreja de la tarde.

Sin espada no hay paraíso
Sin espada no hay paraíso - Foto:

Tenía otra oreja, como mínimo, tras su faena al quinto, pero quiso asegurar el doble trofeo con una estocada recibiendo. Pinchó en el primer intento y solo metió media espada en el segundo, necesitando un descabello para matar al animal. Quedó difuminada por esos fallos la faena, que sin estar al nivel de la que protagonizó el pasado sábado, sí mostró que Manzanares ha vuelto para quedarse. Noble y con clase el de Domingo Hernández, el alicantino aprovechó sus acompasadas embestidas para ligar un trasteo de altos vuelos, sobre todo con la muleta en la mano derecha. Hubo un cambio de mano y uno de pecho que puede que aún duren en La Malagueta. Una barbaridad. 

La baja de Pablo Aguado, tras el percance que sufrió en Gijón obligó a la empresa Toros del Mediterráneo a buscar un sustituto casi a última hora. No ha tenido suerte la firma gestora del coso malagueño. Dos de los toreros destinados a tirar de la taquilla, Roca Rey y Pablo Aguado, no han podido cumplir con sus compromisos por sendas lesiones. De la corrida anterior salió el nombre del sustituto, David de Miranda, triunfador numérico del festejo del domingo al cortar una oreja a cada toro de su lote. Pechó el onubense con el sobrero de La Palmosilla después de que el titular de Domingo Hernández quedase mermado en su condición tras una fea voltereta al clavar los pitones en el albero. Dos tandas le duró el animal, que buscó el refugio de tablas y que, pese a los esfuerzos del joven matador, no quiso abandonar su querencia. Imposible cualquier intento de hilvanar un trasteo.

El sorteo le fue favorable a De Miranda con el sexto, el más enclasado de la irregular corrida de Garcigrande y Domingo Hernández. Cumplidor, sin más y como todos los anteriores, en varas, el astado pedía firmeza y pulso lento en el último tercio. Y le concedió el deseo el matador, aunque no en todas las fases del trasteo. Por momentos se aceleró y el conjunto entre ambos quedó descompasado, como quienes bailan a distinto son. Se afianzaron, toro y torero, a medida que el trasteo avanzaba. El animal, entregándose más en la muleta, y el matador, atemperando sus prisas y recurriendo a esa quietud y a esa verticalidad tan suyas. Aumentó de intensidad el trasteo, con un público entregado que se levantó de sus asientos tras las ajustadas bernardinas que sirvieron de vibrante epílogo de la labor del onubense. Pero, de nuevo, la espada emborronó el conjunto. Otro trofeo perdido con el filo del acero. Y es que, sin espada no hay paraíso. De Miranda dejó, eso sí, ganas de volverle a ver.

 

Plaza de toros de Málaga. Lunes 19 de agosto. Corrida Picassiana. Más de tres cuartos de entrada en tarde soleada y con calor

Toros de Domingo Hernández y Garcigrande (cuarto), correctos de presentación y nobles en conjunto, pero escasos de casta y raza. Destacaron por su clase el quinto y el sexto.

El Juli (de grana y plata); estocada casi entera saliéndose (saludos); media estocada y descabello (silencio).

José María Manzanares (azul eléctrico y azabache); estocada arriba (oreja), pinchazo, estocada y descabellos (saludos).

David de Miranda (burdeos y azabache); estocada baja tras dos pinchazos y un metisaca que hacía guardia (ovación); estocada caída tras dos pinchazos (saludos).

Incidencias: Tras romperse el paseíllo, Saúl Jiménez Fortes recibió el Capote de Paseo del Ayuntamiento de Málaga como autor de la mejor faena de la feria de 2018.