El colegio: un agente de cambio

Ana Martínez
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La Paz, como primera comunidad de aprendizaje de Castilla-La Mancha, ha mejorado la convivencia y garantizado el éxito educativo gracias al desarrollo de sus tertulias dialógicas literarias y sus grupos interactivos

El colegio: un agente de cambio - Foto: Rubén Serrallé

Es un colegio ordinario. Con una línea para Infantil y Primaria, una sección de Secundaria que depende del IES Amparo Sanz y Educación de Adultos. El centro es antiguo, parece más un correccional que un agente transformador. Tienen la esperanza de que la apertura urbanística del barrio les pueda favorecer. A priori, nada es distinto al resto de colegios de la capital, aunque en su ambiente se respiran aires de empatía y de inclusión y en sus pasillos se camina sobre una implicación y una responsabilidad única y especial.
El profesorado del colegio público La Paz de Albacete, en el barrio de La Milagrosa, está en comisión de servicio desde que este centro fuera reconocido administrativamente como comunidad de aprendizaje en el año 2006. Su tarea no es nada fácil: se enfrentan cada día a una cultura de pobreza y necesidad en la que no tiene cabida un recorrido educativo para los hijos como alternativa de futuro.
El colegio La Paz sustituyó al antiguo San Juan con el propósito de convertirse en el elemento transformador del entorno. Para ello, uno de sus principales objetivos fue reducir al máximo el fracaso escolar, el absentismo y el abandono prematuro de su población y mejorar los resultados académicos, siempre con el interés de conseguir la continuidad del alumnado en las etapas no obligatorias, es decir, Bachillerato, universidad o Formación Profesional. Hoy, 150 niños y niñas cursan Infantil y Primaria y otros 70 lo hacen en algún curso de Secundaria. Su currículo es el mismo que el sistema educativo regla, pero se enriquece y adereza con el desarrollo de varias Actuaciones Educativas de Éxito (AEE) que fueron las responsables de su reconocimiento como comunidad de aprendizaje. La primera en Castilla-La Mancha.
«Un alumno no solo aprende en el colegio, absorbe de todos los agentes que trabajan en su educación». Son palabras de la directora de La Paz, Ana Isabel Garrido Talavera, quien de esta forma explica el sentido de las comisiones mixtas que funcionan en este colegio, formadas por docentes, familias, voluntarios y entidades implicadas en el entorno -Fundación Atenea, Hijas de la Caridad y Miguel Fenollera, Centro de la Mujer, Policía Local...-, comisiones que se encargan de definir el desarrollo de las AEE.
En esa singularidad que hace de La Paz un colegio inclusivo y diferente a los demás residen los grupos interactivos que fomentan la interacción y el diálogo entre alumnos, gracias a la participación de un voluntario que actúa como mediador e intenta que se practique la ayuda mutua entre iguales, de modo que aquel escolar que mejor lleve la materia ayuda al que pueda ir más retrasado. Aunque estos grupos interactivos se pueden desarrollar en todas las materias, en La Paz se realizan en Matemáticas, Lengua e Inglés, porque dependen del número de voluntarios en cada momento. «Familiares tenemos pocos; la idiosincrasia de este barrio es complicada, las madres tienen muchos hijos que cuidar y los padres participan muy poco», dice Francisco Jiménez, jefe de estudios de la sección de ESO donde desarrollan grupos interactivos cada día en todos los cursos.
Otra AEEestrella de La Paz son las tertulias dialógicas literarias que se realizan una vez a la semana y donde se trabajan una serie de obras clásicas en función de la edad. Así, mientras en Infantil es la maestra quien lee, en Primaria lo hacen los niños en el periodo lectivo y conforme crecen leen en sus casas para luego participar en las tertulias, donde tienen que hablar de esa parte, de ese renglón, de esa frase, de esa página, de ese capítulo que más les ha gustado... o no:«Lo bonito de las tertulias es cómo llegan a expresar sus emociones», apunta Ana Isabel Garrido.
En estos 14 años como comunidad de aprendizaje, La Paz ha conseguido romper esa barrera que había entre colegio y familias y mejorar la convivencia entre toda la comunidad. «Este proyecto es muy ambicioso, pero los frutos se verán a largo plazo», aclara la directora del colegio, quien asegura que además de reducir el absentismo y de ser un proyecto «muy inclusivo y nada segregador», se va consiguiendo que cada vez sean más los alumnos que terminan cuarto de la ESO..., aunque no todos: «A cuarto llegan menos de la mitad de los que empiezan en primero; muchos abandonan cuando cumplen los 16 años porque la enseñanza ya no es obligatoria, un hábito que queremos corregir», reconoce Francisco Jiménez, que reclama algún tipo de centro de Formación Profesional Básica cerca del colegio para que los estudiantes puedan especializarse en alguna profesión y las empresas vayan allí a buscarlos, pues por sí solos «se sienten rechazados, les cuesta salir del barrio y aquí no hay alternativas; una especie de cooperativa que pudiera apoyarlos estaría también muy bien».
La suerte de La Paz es contar en su claustro con un profesorado comprometido y sensible que se involucra en las familias y conoce la situación de cada uno de sus alumnos: «Esto engancha», concluyen.