La IGP de la Berenjena estudia ampliar su zona de producción

Ana Pobes
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La IGP de la Berenjena estudia ampliar su zona de producción - Foto: RUEDA VILLAVERDE

Desde la Indicación Geográfica Protegida lamentan que la gente no quiera trabajar en su colecta y apuestan por extender el ámbito de actuación a más pueblos del Campo de Calatrava

«El principal problema que tiene la Indicación Geográfica Protegida (IGP) de la Berenjena es la falta de mano de obra en el campo». Así de contundente es el presidente de la IGP Berenjena de Almagro, Ramón González, quien lamenta que la pérdida de habitantes, el envejecimiento poblacional y el rechazo de los jóvenes a cultivar este producto llevan al Consejo Regulador al lanzar un grito de SOS a administraciones como la Diputación y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, organismos a quienes el pasado mes de enero enviaron un escrito solicitando medidas para resolver una situación que de no poner cartas en el asunto podría llevar al declive de este producto.
En el comunicado, la IGP plantea, tras su análisis en junta directiva, posibles soluciones que pasan por firmar un convenio de colaboración con algún país para traer mano de obra o ampliar la zona de actuación a otros municipios. En la actualidad, la berenjena se cultiva en siete municipios (Aldea del Rey, Almagro, Bolaños, Calzada de Calatrava, Granátula, Valenzuela y Viso del Marqués) y la intención es que se haga en otros muchos más y con mayor índice poblacional y que no estén en el pliego de condiciones, por ejemplo, Moral de Calatrava o Pozuelo. Nuevos lugares, comenta el presidente de la IGP de la Berenjena, que pertenezcan el Campo de Calatrava y ofrezcan una tierra «rojiza y volcánica», uno de los requisitos necesarios para sembrar este fruto. La iniciativa, insiste, salvaría la situación con posibles nuevos agricultores interesados en su siembra y nueva mano de obra y ayudaría, apunta, a conservar esa tradición de ser agricultor «y que se está perdiendo».
«No hay gente, y menos española, que quiera trabajar en el campo para la recolección de la berenjena», insiste González, quien recuerda además que recoger este producto supone «mucho trabajo», pues «cuando se siembra, hay que ir a recolectar todos los días en meses de mucho calor, agachado y venciendo aspectos incómodos como las espinas y el polvo que desprende». Un trabajo «diario y manual» que lleva a los agricultores a no arriesgarse a sembrar más hectáreas ante el temor de no encontrar personal para su recolección, ya que en una hectárea de terreno puede haber unas nueve personas trabajando a diario, de lunes a domingo. De no acudir una jornada, «el calibre pasa de ser una berenjena que interesa a los industriales, y que demanda el mercado, a ofrecer un tamaño que cuesta hasta procesarlo y que no quiere el consumidor. Por lo tanto, no sirve», argumenta al tiempo que lamenta que los fabricantes «trabajamos para abrirnos a nuevos mercados, pero no hay producción suficiente».
Un problema que califica de «grave» y que puede hacer peligrar este producto, del que solo se exporta un uno por ciento y que cerró 2018 con unos dos millones de kilos de producción, una cantidad similar al año anterior y que no cumplió con las perspectivas de crecimiento. El motivo, comenta, que la campaña se inició con varias semanas de retraso como consecuencia de las condiciones meteorológicas (no hizo mucho calor), lo que llevó a  registrar una cosecha «escasa en producción según los pronósticos pero de calidad».

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