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Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Desescalada con Marruecos

21/01/2022

Los dos gestos que ha realizado el rey Felipe VI en los últimos días junto a la visita del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Luis Albares a Washington, donde se ha entrevistado con el secretario de Estado, Antony Blinken, tendrían que ser suficientes para que las relaciones bilaterales con Marruecos entraran en la vía de la recuperación de la plena normalidad.   

Ante las dificultades para cerrar la crisis, desatada por la llegada a España del líder del Frente Polisario para ser tratado de covid y el posterior uso por parte de Marruecos de su población para la entrada masiva en Ceuta, -de la que todavía queda el rastro de casi un millar de menores no acompañados en la ciudad autónoma-, el Gobierno ha decidido jugar la baza del rey para que las aguas vuelvan a su cauce. Hace meses que el rey alauita, Mohamed VI, anuncio que iba a abrir entre ambos países "una etapa inédita" con lo que daba a entender que situaría la amistad con España al mismo nivel que mantiene con Francia, su aliado tradicional más firme, pero desde entonces hasta hoy no ha habido ninguna muestra que tradujera las palabras en hechos.  

Felipe VI, en la tradicional recepción al Cuerpo Diplomático acreditado en España, instó a Rabat a "caminar juntos" y comenzar a materializar esa nueva fase "sobre pilares más fuertes y sólidos", para dos días después, visitar el stand de Marruecos durante la inauguración de Fitur, a pesar de que este país cierra fronteras con España en cuanto que se produce un repunte de las infecciones por la pandemia.   

Si la exigencia de Marruecos era un gesto por parte del jefe de la Casa Real, que tradicionalmente mantiene unas relaciones excelentes con la Casa Real alauita, las pruebas se han multiplicado. Si lo que pretende Marruecos es que el Gobierno, además, cambie de política con respecto a la situación del Sahara Occidental lo único que ha obtenido es el compromiso del ministro de Exteriores con su homólogo estadounidense de "unir fuerzas" para la solución del conflicto del Sahara "que ya dura demasiado y para el que hay que encontrar una solución". La posición española no ha variado y se basa en un acuerdo entre las partes alcanzado con la mediación de la ONU.  

Marruecos encontró en Donald Trump un aliado que alteró el equilibrio geoestratégico al aceptar la soberanía marroquí sobre el Sahara a cambio del reconocimiento de Israel, mientras que también España debe hacer equilibrios entre Marruecos y Argelia, que han roto relaciones diplomáticas y se disputan la hegemonía en el Magreb, al tiempo que el Polisario ha desenterrado el hacha de guerra en la zona.     

La situación actual no le interesa a ninguno de los dos países, pero ahora corresponde a Mohamed VI dar la orden para que vuelva la embajadora de su país y que se materialice la nueva etapa de relaciones sin maximalismos por parte del vecino del sur tan interesado en que se reconozca la unidad territorial con el Sahara, como España en que se acepte la legalidad internacional. Por el camino han quedado distintos desaires mutuos que es preciso comenzar a superar sin olvidar que entre dos países vecinos que al mismo tiempo son socios y adversarios para ganarse el favor de Estados Unidos y las inversiones los roces seguirán siendo frecuentes.