7 años de cárcel por violar a una mujer en el baño de un bar

Pilar Muñoz
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La Audiencia Provincial juzga probado que el procesado, portero de una conocida discoteca de Ciudad Real, es autor de una violación. La víctima se ha conmovido tras conocer la sentencia porque la han creído

7 años de cárcel por violar a una mujer en el baño de un bar - Foto: Tomás Fernández de Moya

El Tribunal de la Sección Primera de la Audiencia Provincial ha condenado a siete años de cárcel a  Wilson Stalin V. V., ecuatoriano de 42 años, por un delito de agresión sexual con acceso canal, esto es, violación. Según la sentencia a la que ha tenido acceso La Tribuna, el procesado forzó a una mujer de 33 años en el cuarto de baño de un bar de la calle de La Mata la mañana del 3 de agosto de 2018. El acusado, portero de una conocida discoteca de la capital, es una persona que puede llegar a intimidar por su aspecto físico, un 1,87 metros de altura y 117 kilos, aseveraron en el juicio la fiscal Mariluz Campo y el letrado Jesús Corella, que ha ejercido la acusación particular.
La víctima ha respirado tras conocer la resolución del Tribunal habida cuenta de que la ha creído. Una prueba de cargo, avalada por  la exposición de los forenses.
El letrado Jesús Corella también  ha expresado su satisfacción por la sentencia al considerar que se ha hecho justicia.
La Audiencia ha condenado al procesado a siete años de cárcel y a indemnizar a la víctima en la cantidad de 12.000 euros por los daños morales causados.
El Tribunal juzgan probado que esa mañana del 3 de agosto de 2018 el procesado Wilson Stalin V. V. se encontraba en un bar de la calle de La Mata e inició una conversación con una mujer de 33 años,  que le presentó un «conocido común».  Tras tomar unas consumiciones, el acusado se le insinuó para mantener relaciones íntimas, hecho que incomodó a la mujer, que se apartó para acabar con la situación. Lejos de conseguir disuadirle, la cosa fue a más y la mujer se fue al cuarto de baño del local. El hombre la siguió, logró entrar y forzarla pese a la resistencia y oposición de la mujer.
La defensa «puso especial énfasis en que las relaciones habían sido consentidas dado que el acusado y la víctima no presentaban ningún tipo de lesión, dijo que ella era una persona de 33 años, que no gritó ni alertó al resto de personas que se encontraba en el bar».  
Fue sometida, «no prestó su consentimiento y no podemos pedirle heroicidades, que se pusiera a gritar», remarcó la fiscal tras aludir a la sentencia contra ‘la Manada’ dictada por el Tribunal Supremo.
El letrado Jesús Corella también peleó en este sentido y sostuvo que el procesado «actuó con prevalimiento». La violencia, añadió, no sólo se expresa con acometimientos, rasgando la ropa y haciendo moratones, también se produce sin llegar a ello, «sólo las proporciones del acusado (1,87 y 117 kilos) intimidan, aún más en un espacio pequeño, donde fue sorprendida y sometida», remarcó el abogado. Tampoco obvió el informe de los forenses. Jesús Martín-Tabernero, que exploró a la víctima en el hospital tras la denuncia, declaró que la mujer «se vio desbordada por la situación, por la supremacía del acusado y no supo reaccionar», algo que según el veterano forense se puede  entender.