Condenadas al olvido y la discriminación

Mario Villar (EFE)
-

Millones de mujeres viudas en el mundo están abocadas a la ruina y la miseria tras perder a sus maridos, una situación que, según denuncia la ONU, se está acrecentando con la pandemia

Condenadas al olvido y la discriminación

Olvidadas o, aún peor, activamente discriminadas, millones de viudas en países de todo el mundo viven condenadas a la pobreza y a la exclusión. Un problema que se está acrecentando como consecuencia de la pandemia de la COVID-19. El virus, que se ha demostrado mucho más letal para los hombres, ha dejado a muchas más mujeres sin sus maridos y, en numerosos lugares, ha agravado los problemas a los que se enfrentan, en especial en los países en vías de desarrollo.

Así lo advertía Naciones Unidas coincidiendo con el Día Internacional de las Viudas, una conmemoración que se celebra oficialmente cada 23 de junio desde hace una década.

Para muchos activistas, sin embargo, hay poco o nada que celebrar: «Es un día para estar muy enfadados por el completo silencio y por las enormes cifras de viudas de todas las edades que están creando los conflictos y la COVID-19», explicaba Margaret Owen.

Owen es una de las grandes voces en este ámbito como fundadora y presidenta de Widows For Peace Through Democracy (WPD), una ONG británica que sirve de paraguas a entidades de distintos países y que trabaja para proteger los derechos de las viudas en todo el mundo, en especial en zonas de conflicto o postconflicto.

Según la ONU, en el mundo hay más de 258 millones de viudas, pero su situación ha estado tradicionalmente invisibilizada y las medidas de apoyo por parte de los gobiernos son en general escasas.

El dolor que acompaña a la muerte de un marido es para muchas mujeres solo el inicio de un calvario que puede incluir prejuicios, estigmas, restricciones y tradiciones dañinas.

En algunos casos, pueden llegar a ser separadas de sus hijos, forzadas a rituales que incluyen sexo forzado o «traspasadas» a una nueva pareja como un hermano u otro familiar de su marido.

El problema más extendido, sin embargo, son las difíciles situaciones económicas a las que se ven abocadas. En muchos países, las viudas son discriminadas y, por ejemplo, no tienen derecho a heredar, pueden perder sus tierras o propiedades, ven negado el acceso a servicios bancarios o créditos, a las pensiones o tienen dificultades para trabajar.

Como resultado, una de cada 10 mujeres en esta situación que hay en el mundo vive en pobreza extrema, según las estimaciones de Naciones Unidas.

«Los derechos humanos, incluido el derecho a heredar y a poseer bienes, no deben estar supeditados al estado civil. El derecho sucesorio y las redes de seguridad social deben garantizar la protección y seguridad de las viudas», defendió el secretario general de la ONU, António Guterres, en su mensaje con motivo del Día Internacional.

Según los datos de ONU Mujeres, un 40 por ciento de los países siguen teniendo sistemas de herencia desiguales, que perjudican a las viudas y que las dejan sin un acceso seguro a tierras y recursos para poder mantenerse.

Owen subraya que muchas se ven abocadas a una situación casi de esclavitud o a la exclusión, un problema que repercute a menudo en los hijos, perpetuando esa situación de generación en generación.

Ahora, con la pandemia y con numerosos conflictos armados en curso, el número de viudas está creciendo de forma «exponencial» y amenaza con dejar a este colectivo «aún más atrás», señala la abogada.

 

El impacto del virus

La irrupción de la COVID-19 no ha hecho más que complicar ese panorama, multiplicando el número de viudas y limitando los recursos y la atención que se dedican a ellas.

«A menudo sin ahorros y sin otro apoyo de ingresos, se han visto especialmente expuestas a la repentina pérdida de empleos durante la pandemia creando vulnerabilidades financieras inmediatas y graves», señala la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka. Ello está teniendo serias consecuencias, desde inseguridad alimentaria a un mayor riesgo de caer en la trata de personas, lo que hace que «la falta de cualquier tipo de protección social para las viudas es un asunto particularmente urgente».

«La asistencia social puede ayudar a las viudas, que a menudo tienen que asumir la plena responsabilidad de sus familias. Los Gobiernos deben hacer un esfuerzo especial para que estas medidas lleguen a las mujeres poco visibles», añadía Guterres.

Para Naciones Unidas, junto a ese apoyo público, es fundamental mejorar el acceso de las viudas a herencias y tierras, acabar con leyes discriminatorias y sistemas patriarcales que las perjudican y facilitar el «empoderamiento» con acceso a la educación, a trabajos dignos y acabar con los estigmas.