El orgullo en La Mancha

H. L. M.
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La asociación ciudadrealeña Plural Lgtbi reivindica este año la necesidad de mostrar que se puede se gay, lesbiana, bisexual o transexual sin necesidad de escapar a una gran ciudad o de huir del municipio en el que se nace

El orgullo en La Mancha - Foto: Pablo Lorente

Salir del armario en el anonimato de una gran ciudad es difícil, pero hacerlo en el pueblo necesita un toque de valentía y romper con la ‘clandestinidad’ por completo. Esta es la reivindicación que realiza este año con motivo de las celebraciones del orgullo la asociación Plural Lgtbi y que ha lanzado este año en la forma de una campaña Yo me quiero aquí, con un vídeo que lleva miles de visitas sobre todo en los municipios de la comarca de La Mancha. Se trata de un pequeño fragmento en vídeo, que tendrá continuidad, en el que ciudadanos de Alcázar de San Juan, Quintanar de la Orden o Mota del Cuervo narran su experiencia y los motivos que les ha llevado a quedarse en el municipio donde nacieron.
«El problema no es que nos quedemos aquí, sino que no nos queremos ir de aquí», señala Jesús Muñoz, quien está detrás de esta campaña y que preside Plural Lgtbi. «Irse a Madrid puede ser menos doloroso para hacer procesos» como, por ejemplo la transexualidad, «pero las personas no quieren dejar la familia» ni que haya estigmas en el regreso. Por este motivo se incide en que hay que «ser más visibles» y mostrar que en todos los pueblos de España existen personas con orgullo. «Se dice sal del armario, pero si vas a Madrid y ligas no pasa nada, lo que queremos es lo contrario, decir que se puede vivir nuestra orientación sexual de una forma tan natural como una persona heterosexual», expone Muñoz.
«En el pueblo, cuando uno sale del armario sale toda la familia tanto para lo bueno como para lo malo». Lo bueno es que no hay tantos delitos de odio y lo malo que todo el mundo lo sabe, que señalan. En el caso de Jesús su salida del armario fue «tardía» ya que estuvo años en el Seminario y por fe decidió ocultar su homosexualidad, «como si fuera una fantasía más». Creía que «había que tener una familia tradicional y tener hijos» y estuvo luchando contra ese mundo más de tres décadas, hasta que se enamoró del que es su marido, con el que lleva casado 17 años. Se conocieron vía nuevas tecnologías, una de las salvaciones que existen para el colectivo Lgtbi a la hora de encontrar pareja en los pueblos pequeños. «Salí del armario, delante de mi familia al principio y en mi trabajo», dijo Muñoz, celador en el hospital La Mancha Centro.
Entre los que también se quedan en su municipio, aunque les despidan cuando se mostraron como realmente se sienten o sus amistades se retiren de su lado, está Yeray Mayenco, un vecino de Quintanar de la Orden que desde hace dos años y medio se llama así, cuando se dio cuenta que no era una mujer lesbiana como pensaba, sino una persona transexual. Su recorrido en su municipio tiene una vida oculta durante años, ya que apenas se enteró gente de su orientación lesbiana, salvo las mujeres con las que estuvo. «Es muy fácil encubrirlo, dices es mi amiga y ya está». Hace dos años decidió mostrar su orgullo y darse a conocerse como Yeray al darse cuenta que encajaba con su «realidad», argumenta. Un año después de llamarse como se sentía, no como dice, aún, su DNI, su familia se enteró de rebote cuando una niña le llamó Yeray por la calle. Le conocía así de toda su vida, y su madre le hizo la pregunta con la que rompió el armario. «Si yo digo que me llamo Yeray, me llamo Yeray, es como si alguien se llama Robustiana y dice que se llama Tita, su mote, sin cuestionárselo. Los motes a todo el mundo se le respeta pero a mi no me respetan mi nombre», reclama para visibilizar su situación, de la que aprenden, incluso, sus compañeros de Plural.
También en esos vecinos que se quedan está Maricarmen García, profesora albaceteña, pero residente en La Mancha, entre Campo de Criptana y Alcázar de San Juan desde hace 18 años. «Desde muy chiquitita me di cuenta que era lesbiana, por lo que me empieza a llegar desde el exterior, ya que me gustaban cosas de chicos, el deporte, los árboles, jugar y el entorno te empieza a devolver cosas, negativas, que tú intentas como obviar o eludir», expone. «Yo no quiero ser la tortillera o marimacho», indica entra recuerdos a que en la adolescencia «veía que me gustaban las chicas pero no me lo podía permitir». A sus 43 años ha estado casada, con la novia que le hizo asentarse en La Mancha, se ha divorciado de ella y ha hecho «una salida escalonada del armario»: primero con las amigas, luego a otros grupos hasta que al final lo dijo en la escuela, «el último círculo, porque había mucho miedo al rechazo y a que te señalen». El círculo se rompió de forma definitiva en la boda, cuando decidió que «no me iba a casar por la puerta de atrás». Hubo alguna sorpresa y menos personas que dieran la espalda que aquellos que causaron «revuelo» entre enhorabuenas y una normalidad que no sabía que podía ocurrir.
Ana Olivares conoce esa normalidad desde el inicio en que decidió mostrar su elección afectiva en su municipio, Campo de Criptana. En su caso estuvo con un chico hasta los 17 años, en una relación que al concluir se convirtió en una relación con una amiga. «Empezó con un beso y me dije esto es raro y conocí algo que no había experimentado nunca» entre preguntas de amigos de por qué estuvo con un chico y luego con una chica. En ese momento comprendió que «me daba igual» que fuera un chico o una chica sino que lo que importaba es que la persona que sea «me trate bien». «Yo me guio más por lo afectivo que por lo sexual», señala antes para remarcar su bisexualidad. Su decisión ha hecho que tenga que explicar su decisión porque la gente «solo acepta que o te gustan las mujeres o te gustan los hombres», se sea hetero u homosexual y enfrentarse a las críticas de quienes le dicen que es «vicio» o «si es una moda», lo que muestra que la bisexualidad es algo que está muy tapado y desconocido. «Desde primera hora dije yo soy bisexual, pasé de ser hetero a la bisexualidad» que fue lo que le contó a su madre cuando decidió trasladar que es como es. «Al principio choca», pero lo acepta y con el tiempo lo fue aceptando su padre, los abuelos que entendieron todo desde la felicidad, los amigos... para «vivir sin tener que esconderlo». «Si tienes valentía se puede vivir siendo bisexual en Campo de Criptana», concluye como muestra del Orgullo en La Mancha.