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Cervantes sigue guiando a los barcos de Nafpaktos

Luis J. Gómez / Toledo
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A la entrada del puerto griego que mira al mar de la batalla de Lepanto preservan la memoria del autor del Quijote, que hace 450 perdió una mano, pero empezó a ganar su inmortalidad

Cervantes sigue guiando a los barcos de Nafpaktos

La mayoría de los autobuses de turisas pasan de largo al cruzar el pueblo griego de Nafpaktos y no porque no sea bonito. Pilla en el camino que va desde Olimpia a Delfos, que no faltan en las rutas de los itinerarios turísticos. Nafpaktos, que significa 'lugar de muchas naves', está después del puente de Patras que conecta el Peloponeso con el resto del país. Desde el asiento del autobús los turistas sí se levantan del asiento para tomar una instantánea de un pintoresco puerto amurallado que encierra a un mar brillante. Ymás si les cuentan lo que ocurrió en ese mar hace 450 años.

Nafpaktos es el lugar de la célebre batalla de Lepanto, que tuvo lugar el 7 de octubre de 1571. A los españoles les interesa, no tanto porque Felipe II obtuviera una gran victoria sobre el Mediterráneo, sino porque esas aguas vieron nacer el mito de un soldado que perdió la mano izquierda en la batalla y que luego con la mano derecha escribiría la primera novela contemporánea de la historia: El Quijote.

Quizá por ese motivo, el puerto de Nafpaktos no tiene una estatua al líder de la armada cristiana, el hermano bastardo del rey, don Juan de Austria. Ni tampoco al sultán Selim III. A quien tiene es a un poeta. La estatua muestra a un Cervantes espigado, con el brazo derecho levantado al cielo y sujetando la pluma de escribir. Bajo el pedestal la placa reza en castellano: Miguel de Cervantes Saavedra, 1547- 1616, soldado español». Desde allí, casi como un faro, sigue guiando con su pluma desde el puerto a los barcos de Nafpaktos.

Cervantes sigue guiando a los barcos de NafpaktosCervantes sigue guiando a los barcos de NafpaktosEl autor del Quijote llegó a esas aguas con su hermano Rodrigo en la galera Marquesa, que como todas movían los galeotes a remo y a ritmo de látigo. Probablemente el mejor lugar para contemplar hoy el 'campo de batalla' sea desde el moderno puente de Patras, desde donde cuesta imaginar que esas aguas azules del mar heleno se llegaran a teñir de rojo. Se calcula una cifra de entre 200.000 y 250.000 litros sangre.

Cervantes fue uno de los soldados que resultó herido, pero que pudo sobrevivir. Lo curioso es que ese 7 de octubre estuvo a punto de no luchar, al padecer de fiebres. En el libro Cervantes visto por un historiador', Manuel Fernández Álvarez rescata el testimonio del soldado Gabriel de Castañeda, que relató cómo el poeta se empeñó en pelear y al final sus oficiales cedieron y le entregaron el lugardel esquife con doce soldados: Peleó muy valientemente como un buen soldado contra los dichos turcos, hasta que se acabó la dicha batalla, de donde salió herido en el pecho de un arcabuzazo, y de una mano que salió estropeado».

Luego el propio Cervantes reconoció en el prólogo de sus' Novelas Ejemplares', que esa herida «aunque parece fea, él la tiene por hermosa». En algunos de sus poemas, Cervantes revive sus días de soldado, como el que escribe siendo cautivo a Mateo Vázquez, secretario de Estado de Felipe II. Así recuerda el mar ensangrentado, por ejemplo, en el combate naval: «Vi el formado escuadrón roto y deshecho, y de bárbara gente y de cristiana rojo en mil partes de Neptuno el lecho». También el propio Cervantes relata en verso la herida que luego le hizo ganar el sobrenombre de 'manco': «El pecho mío de profunda herida sentía llagado, y la siniestra mano estaba por mil partes ya rompida».

ARCHIVADO EN: Austria