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La 'zona cero' de las Casas Colgadas, también atrae visitas

Leo Trujillo
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La mayoría de los viajeros comparte el mismo pensamiento, y es que los encantos de Cuenca están por encima de este «accidente», que aunque sí les genera cierto «trastorno» no resta ni un ápice de «belleza» a la ciudad

La ‘zona cero’ de las Casas Colgadas, también atrae visitas - Foto: Reyes Martinez

Con un teléfono móvil equipado con el práctico palo para el selfie o con una cámara de fotos de las de toda la vida. Sonrientes, con cara de asombro o señalando a la zona del derrumbe. En grupos, en pareja o de forma individual. Sea como fuere, la zona cero del hundimiento del acceso a las Casas Colgadas de Cuenca ha captado la atención de los turistas, que no pierden la oportunidad de inmortalizar su visita, aunque una valla y una alambrada les obligue a contemplarlo únicamente desde la distancia. Casi todos comparten un mismo pensamiento al respecto, y es que los encantos de Cuenca están muy por encima de este lamentable «accidente» que aunque sí les genera cierto «trastorno», no resta ni un ápice de «belleza» a una ciudad única.

Pilar y Ricardo vienen desde Miguelturra, en la provincia de Ciudad Real. Aprovechando unos días de vacaciones en el trabajo, tenían pensado conocer la ciudad además de hacer barranquismo en el Júcar. Se enteraron de la situación en la que se encontraba el entorno a su llegada a Cuenca, hace dos días, cuando el recepcionista del hostal en el que se hospedan les entregó un mapa y les dijo por dónde se podían mover y qué trayectos deberían hacer, ya que temporalmente el Puente de San Pablo se encontraba cerrado. Él dice que «son cosas que pasan», aunque «molesta un poco» porque «no puedes disfrutar de la ciudad en todo su esplendor». Su novia, que termina de posar para la foto, asiente con la cabeza al tiempo que espera que pronto esté solventado, «aunque en este tipo de cosas siempre suelen surgir imprevistos y las obras pueden tardar más tiempo».

También de Castilla-La Mancha, pero en este caso de Albacete, son Andrea y Cristóbal. En su caso la molestia es algo mayor, pues de camino a la ciudad vecina habían decidido hacer un alto en su viaje desde Uña, únicamente, para poder pasar por el puente, y es que él, que vivió hace dos años en Cuenca, tenía el gusto de enseñarle la zona a su chica, que no la conocía. «Ha sido llegar, ver que estaba cerrado al paso y preguntarnos: ¿pero qué ha pasado aquí? No tenía ni idea», asume con cierta resignación un Cristóbal que ya se emplaza a una segunda visita en pareja: «Es la excusa perfecta», señala entre risas.

Otros que también prometen volver son José y Laura, de Madrid y Barcelona, respectivamente. Ellos tampoco sabían nada y en este caso la transmisora de la noticia ha sido una propia vecina de Cuenca, que a los pies de la subida al Parador les ha comunicado que el nexo de unión entre las dos zonas estaba interrumpido. «Es una pena que justo cuando venimos, que además viajamos desde lejos, no podamos pasar», se lamenta Laura. Es, dice, «mala suerte». José, que sí había estado «por lo menos un par de veces» en la ciudad, se muestra «tranquilo» porque el hecho de que ya estén trabajando en la zona para arreglar el problema denota que hay «preocupación» por volver a la normalidad cuanto antes.

A diferencia de los anteriores, Déborah y África sí sabían lo que había. Se enteraron cuando su viaje a Cuenca ya llevaba tres semanas planificado y con todas las reservas hechas. Además, recibieron la noticia de una forma un tanto llamativa. Un compañero de trabajo de Déborah le dijo que cómo era posible que vinieran ahora a la ciudad, «cuando se habían caído las Casas Colgadas». Palabras literales, dice esta madrileña que hasta ese momento no sabía nada. A partir de ahí, buscaron información y vieron que su compañero no estaba en lo cierto, «que solo se había caído un trocito de calle y que ya lo habían empezado a arreglar». Por eso explican que ni siquiera pasó por su cabeza retrasar o suspender el viaje: «Teníamos claro que queríamos venir». Y dieron en el clavo porque después de conocer el resto de la ciudad están encantadas: «Esta ciudad es preciosa, un accidente como éste no le resta encanto, merece la pena conocerla y nos sigue pareciendo igual de bonita aunque no podamos cruzar el puente».

El caso de Rosa, de Santander, es distinto al de los demás. Tampoco es conquense, pero no es una turista al uso. Su hija vive en Cuenca por cuestiones de trabajo y ella pasa algunas temporadas aquí. Son días sueltos cada cierto tiempo, pero suficientes para conocer la zona. «Lo vi en el telediario y además me mandaron vídeos y ahora me he acercado a verlo», explica mientras toma fotos. Sobre el terreno, le parece que el derrumbe es «mayor» que la primera idea que se hizo a través de la televisión. Quizá por eso piensa que tendrá una repercusión negativa en el turismo. Y quizá por eso también desea que «la próxima vez que venga a Cuenca esté reconstruido». Ese es el deseo de Rosa... y el de todos.