scorecardresearch

Vino, la crisis que no cesa

Vidal Maté
-

La ligera recuperación de la demanda no reduce los excedentes ni el miedo a otra gran vendimia. El Ministerio de Agricultura pide un mayor control sobre los rendimientos de uva

Vino, la crisis que no cesa - Foto: Alberto Rodrigo

Según los datos manejados por el Observatorio Español de los Mercados del Vino, a medida que avanzan los resultados positivos en la lucha contra la pandemia y se abre progresivamente la restauración la demanda interior ha iniciado en los últimos meses un proceso de la recuperación con un incremento interanual de las ventas al mes de marzo del 3,4% hasta los 9,1 millones de hectolitros. Se trata de unas cifras positivas lejos de los casi 11 millones de 2019, cuando el vino había iniciado la remontada, pero totalmente insuficientes para llegar a un cierto equilibrio entre la oferta y la demanda que abriese la puerta a una vendimia sin tensiones de precios a la baja en las zonas de mayor producción.

En el caso del comercio exterior, en 2020 se registró un descenso del 2,6% en volumen hasta los 20,2 millones de hectolitros y del 3,6% en valor hasta los 1.548 millones. Desde finales del pasado año y especialmente en los últimos meses, a pesar de los recortes en los mercados de China y Rusia, también se ha registrado un incremento de salidas, especialmente en las ventas de graneles a una media de 0,40 euros litro y de 2,31 euros los envasados. Aunque se trata de unos de los precios más bajos de todos los países exportadores -y muy especialmente frente a la media superior a los seis euros de los vinos franceses o a los más de tres euros de los italianos-, las salidas han supuesto un respiro para las bodegas haciendo hueco ante la próxima cosecha.

A pesar de esa ligera mejoría en los datos sobre la demanda en todos los mercados, el sector sigue ahogado por los excedentes actuales y, sobre todo, con la mirada puesta en las posibilidades de una nueva gran vendimia ante la existencia de agua en el subsuelo para el desarrollo de las plantas y el escaso riesgo de fuertes heladas a estas alturas. En esta situación todas las organizaciones agrarias consideran necesario aplicar nuevamente medidas para regular la oferta y adelantarse a los problemas en los mercados. UPA y COAG reclaman la vendimia en verde, que en la pasada campaña tuvo solo una asignación de 10 millones de euros que se quedó corta para atender todas las demandas.

De cara a la próxima campaña, las existencias actuales se elevan a 53,8 millones de hectolitros, 5,5 millones más que hace un año, pero inferior en tres millones a la cifra de finales de 2020. Esta situación de existencias es consecuencia de la reducción de la demanda en una media superior al 20%; el incremento del consumo en los hogares no palió el hundimiento en la restauración con un descenso del 60%, a lo que se sumó una gran cosecha de 46 millones de hectolitros entre vinos y mostos. Los 91 millones de euros sacados del Plan de Acción del vino para la destilación de dos millones de hectolitros, almacenar otros 2,25 millones de hectolitros y la vendimia en verde o destrucción de uva en viñedo en solo unas 4.300 hectáreas no fueron suficientes para lograr el equilibrio entre la oferta y la demanda.

El Ministerio de Agricultura, para reducir la oferta de vino, implantó el pasado año la exigencia de limitar los rendimientos por hectárea a 20.000 kilos para la uva blanca y a 18.000 kilos parta la tinta, medidas que afectan fundamentalmente a grandes zonas de producción también con rendimientos muy elevados como Castilla-La Mancha y, en menor medida, la Comunidad Valenciana o Extremadura; esto no ocurre en los Consejos Reguladores en los que prima la calidad sobre el volumen y tienen establecidas limitaciones de entre 7.000 y 8.000 kilos por hectárea.

Desde la Dirección General de Producciones y Mercados se considera que se podrían seguir bajando esos techos de producción para reducir la oferta, pero que en este momento lo importante sería que se aplicaran mayores controles para su cumplimiento por parte de las comunidades autónomas. En medios oficiales se estima que no tiene sentido producir más vino para su quema y transformación en alcohol. En medios de la producción, aunque no se manifiestan claramente sobre una autocrítica, se coincide también en que es un sinsentido utilizar grandes cantidades de agua allí donde precisamente no abunda, para aumentar las producciones de uva en base a variedades de grandes rendimientos y a mejora de las estructuras. Desde el Observatorio Español de los Mercados del Vino, Rafael del Rey se manifiesta sobre la necesidad de avanzar fundamentalmente en las políticas de calidad frente al volumen para todos los mercados, lo que supondría una mejora en la imagen de una parte de los vinos españoles y además una mejora de los ingresos.

De cara a la puesta en marcha de nuevas medidas, desde Atocha se advierte además de que no hay más fondos. España había planteado el destino de más recursos para el vino con el apoyo de una docena de países. La respuesta de la Comisión fue negativa fundamentalmente ante los graves daños provocados por las heladas en los viñedos de media Europa, lo que aventura una reducción importante de las producciones y la oportunidad de no utilizar recursos para limitar oferta. Bruselas contempla con su posición la posibilidad de un incremento del comercio de vino en toda la UE, lo que a las bodegas españolas les podría suponer ganar posiciones en esos mercados si no se abre la puerta sin mecanismos de control a la entrada de vino desde terceros países.

En estas circunstancias, en España, donde el escenario es diferente, para reducir excedentes sería necesario seguir tirando de los recursos existentes en el Plan de Acción del sector dotado anualmente de 202 millones de euros, pero cuyo destino principal eran medidas de reestructuración, reconversión, modernización o de apoyo a la demanda en todos los mercados. En otras palabras: desvestir a un santo para vestir a otro, aplazar medidas de modernización de la industria o de potenciación de la demanda para atajar problemas de coyuntura que deberían tener su propia respuesta en las políticas de producción. Mientras tanto, el vino sigue en estado de asfixia.