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La luz enciende la indignación

Manuela Lillo
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Responsables de pequeños establecimientos de la capital explican la incidencia de la factura eléctrica en sus negocios y ven con preocupación y malestar la sucesiva escalada de precios mientras sus tiendas arrastran los efectos del COVID

La luz enciende la indignación - Foto: Tomás Fernández de Moya

Prácticamente día tras día, el precio de la luz ha marcado en estas primeras semanas de agosto un máximo histórico, lo que supone un susto tras otro para los comerciantes y las familias que ven con preocupación e indignación esta escalada de precios. Ayer mismo, el importe de la electricidad en el mercado mayorista aumentó un 17,77 por ciento, por lo que se situó en los 105 euros el megavatio hora (MWh) y hoy jueves encadena su tercera subida, de 7,6%, y se eleva a 113,4 euros el precio del MWh. 

La media de estos primeros quince días del mes se sitúa por encima de los 100 euros el megavatio/hora y ya hay organizaciones de consumidores, como Facua, que apuntan a que la factura de la luz de agosto será la más cara de la historia: 92 euros para un usuario medio. Eso, por lo que respecta a las viviendas,, mientras que para los comercios el impacto será, previsiblemente, mayor. 

Un golpe para los pequeños negocios que llega tras un año muy complicado, marcado por la reducción de las ventas debido a la crisis derivada de la pandemia de coronavirus. El sentimiento de malestar de propietarios de los establecimientos es grande, ya que consideran que la nueva tarifa eléctrica es una losa más que se une a los gastos, reduciendo el exiguo margen de beneficio que ya tienen.

La luz enciende la indignaciónLa luz enciende la indignación - Foto: Tomás Fernández de Moya«Somos dependientes de la luz: secadores, planchas, termos de agua caliente y lo que más gasta es el aire acondicionado, que tiene que estar todo el día», explica a La Tribuna Beatriz Magán, de la peluquería que lleva su nombre y que está ubicada en la plaza de San Francisco. En su caso, el último recibo de electricidad ha sido «justo el doble» de lo que venía pagando y lamenta que el pequeño comercio es el que lo tendrá más complicado para hacer frente a la subida. 

Eso, a pesar de la reducción del IVA de la luz del 21 al 10% aprobada por el Gobierno a mediados del pasado mes de julio y que tiene por objetivo mitigar el impacto de los precios récord que se están alcanzando en el mercado mayorista. Esta medida se aplicará hasta final de año para todos los consumidores que tengan una potencia contratada de hasta 10 kilovatios (kW), siempre que el precio medio mensual del mercado mayorista se sitúe por encima de los 45 euros el megavatio/hora.

Santiago de Miguel Montes, de la tienda de ropa Miguel Montes, situada en la calle Ciruela de la capital, señala, además, el importante porcentaje del recibo que suponen los impuestos y comenta que en su caso, aunque está a la espera del último recibo, ya se ha visto incrementado el coste de la luz en un 40 por ciento con la nueva regulación. Los focos, las luces del escaparate, el aire acondicionado o el ordenador son elementos imprescindibles en su comercio para dar servicio a la clientela, sobre todo en estos días de calor en los que el público se prueba ropa, por lo que comenta que la refrigeración se hace necesaria, aunque conlleve un gasto importante. 

La luz enciende la indignaciónLa luz enciende la indignación - Foto: Tomás Fernández de MoyaEl propietario de este establecimiento de ropa de fiesta explica que, aunque se están reactivando poco a poco los eventos, en las bodas se ha reducido el número de invitados, de manera que hay menos actividad comercial. Y eso supone menos ingresos mientras los gastos van al alza, lamenta. «Muchos negocios lo están pasando mal», agrega con pesadumbre, por lo que espera que se tome conciencia de la situación que atraviesan y se planteen soluciones. «Esperemos que pongan medidas porque esto va algún día a explotar por algún lado, llevamos ya desde la pandemia con muchas cosas y al final no hacen nada para bajarte los impuestos», asegura. 

En la cafetería de José Miguel Cruz, ubicada en la calle Postas, ya se espera el golpe que asestará la subida de la luz. Con el aire acondicionado más horas funcionando por el calor, la cafetera encendida entre ocho y diez horas al día, el horno en marcha o las cámaras frigoríficas enchufadas las 24 horas del día para mantener los productos, sabe que con el próximo recibo se llevará un disgusto. Calcula que la factura de su negocio puede pasar de suponer unos 800 euros al mes a «quizás 1.200 o 1.300». «Entre el alquiler, la luz y los gastos, y encima que la cosa en verano no está muy bien...», apostilla.

Sin alternativa.

En su negocio, como en el de la mayoría, el margen de actuación que tienen para evitar el impacto de la escala de precios es mínimo. «Los locales con terraza, por ejemplo, no necesitan el aire acondicionado, pero los de interior tenemos que tenerlo. No podemos regular el horario y es en las horas laborables, las más caras, en las que estamos trabajando», comentó en referencia a las ya famosas invitaciones del Gobierno a poner la lavadora o planchar por la noche. 

La luz enciende la indignaciónLa luz enciende la indignación - Foto: Tomás Fernández de MoyaLa iluminación desde luego destaca en la céntrica juguetería Juguettos, que abarca un amplio local comercial en la calle Alarcos. Sin embargo, ese gran número de puntos de luz para facilitar las compras es lo que también ha supuesto «una subida importante» de la factura eléctrica, a la espera de los últimos recibos. «Entiendo que es un tema político porque la regulación la hace el gobierno, es un mercado totalmente regulado y, como siempre, los políticos se olvidan de la gente de la calle», critica su responsable, en referencia a las «clavadas impresionantes» que se van a sufrir por la luz y también por el aumento del precio que está registrando el combustible. 

Por su parte, en su pequeña papelería entre la calle Postas y Juan II, Gabriel Rubio, considera que es «tremendo» el histórico ascenso que está experimentando el importe de la electricidad y que en su negocio cuantifica en «el triple» de lo que venía pagando hasta ahora. «¿A esto hay derecho?», pregunta dejando abierta una respuesta que manifiesta después en forma de indignación por la situación que ya padece el comercio local. 

La luz enciende la indignación
La luz enciende la indignación - Foto: Tomás Fernández de Moya