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"Estuvo a merced del agresor" del crimen de los Rosales

Pilar Muñoz
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El Ministerio Fiscal eleva la pena a 22 años de prisión, frente a los 20 iniciales, a la vista de la prueba testifical de la forense que ha declarado que a la víctima le seccionaron la yugular con unas tijeras sin posibilidad de defensa

"Estuvo a merced del agresor" del crimen de los Rosales

"Estuvo a merced del agresor", ha aseverado en la Audiencia Provincial de Ciudad Real la médico forense que examinó y practicó la autopsia al cadáver de Isidro Antonio González que "murió a manos de su vecino Francisco Pablo Seco de Herrera Arnés en la puerta de su casa" de la calle Arrayanes de la urbanización los Rosales de Ciudad Real la noche del 29 de enero de 2020. Así lo considera probado el Ministerio Público que a la vista del informe forense ha elevado la petición de pena a 22 años de cárcel, frente a los 20 iniciales, en el juicio con jurado desarrollado en la Audiencia Provincial de Ciudad Real desde el pasado lunes.
La médico forense, que ha emitido su informe a primera hora de esta mañana, ha indicado que el cadáver tenía 27 lesiones, una de ellas mortal de necesidad, le seccionó la vena yugular y se desangró en pocos minutos. En cuanto al arma homicida, unas tijeras, la especialista en Medicina Legal ha dicho que la mayoría de las heridas son "compatibles" con las tijeras que estaban junto al cadáver. 
La forense María Jesús Delgado que examinó el cadáver de Isidro Antonio González minutos después de que se produjera la muerte ha asegurado ante el Tribunal del Jurado que en ese instante ya vio "claros indicios" de muerte violenta. Ha afirmado que no había signos de heridas de defensa en las manos de la víctima, lo que evidencia que no pudo defenderse. "Estuvo a merced de su agresor" , ha reiterado tras una lección magistral de Medicina Legal. 
El cadáver de Isidro Antonio González tenía múltiples heridas, casi todas causadas con un objeto de punta y filo cortante "compatible con las tijeras", ha explicado para a continuación pasar a describir las lesiones y decir que 15 de las heridas estaban en el cuello, una de ellas seccionó la yugular; siete en la cara, dos en el cráneo, otras dos en el tórax y una en el codo. Mientras informaba de las lesiones se han proyectado en una pantalla las fotografías del cadáver en la escena del crimen. El acusado ha mirado a la forense y las imágenes aparentemente sin conmoverse.

No han encontrado ADN del acusado. En la cuarta sesión del juicio que se sigue en la Audiencia Provincial de Ciudad Real peritos del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses de Madrid han declarado ante el jurado que con certeza sólo pueden decir que han detectado sangre de Isidro Antonio González en las muestras analizadas, que se recogieron en el lugar, en las tijeras -arma homicida- y en un juego de llaves. "No podemos decir que haya otro perfil genético porque no lo hemos detectado", es decir no han encontrado ADN que coincida con el del acusado Francisco Pablo Seco de Herrera Arnés, han dicho las peritos del Servicio Biológico y Criminalístico del citado instituto de Madrid tras reiterar que "sólo había sangre y ADN de Isidro Antonio González".

En cuanto a las lesiones, han indicado que presentaba 18 heridas inciso-penetrantes, compatibles con unas tijeras. Del análisis se desprende que la herida más importante, "irregular y con colgajos", se había hecho retorciendo el objeto punzante. 

"Estuvo a merced del agresor" del crimen de los Rosales - Foto: Tomás Fernández de Moya

Respecto al arma homicida, las peritos de Toxicología y Ciencias Forenses que analizaron el fragmento de piel de la víctima remitido a Madrid, han sido rotundas: la mayoría de las lesiones se hicieron con un objeto cortante. Las tijeras recogidas en el escenario del crimen tenían mucha sangre.

El abogado Francisco Risueño Jiménez, que defiende al encausado, se agarra al informe del servicio de Biología y Criminología en defensa de su representado. El letrado sostiene que Francisco Pablo Seco de Herrera "es inocente, se limitó a defenderse porque fue objeto de un ataque y agresión por parte de Isidro Antonio González". El abogado ha peleado en el juicio para demostrar que no hay pruebas contra su cliente y esgrime las pruebas biológicas realizadas por peritos del Instituto de Toxicología y Ciencias Forenses como principal argumento de defensa, ya que "no han encontrado ADN ni sangre del encausado en las tijeras del crimen".
"Es imposible matar a alguien sin dejar rastro alguno de ADN o sangre en el arma homicida», ha remarcado el abogado del procesado tras iniciar su alegato de defensa aludiendo a la frase de Benjamin Franklin ‘es preferible que cien personas culpables puedan escapar a que un solo inocente sufra’ o, lo que es lo mismo, más vale cien culpables libres que un inocente en la cárcel, ha reiterado sobre el principio de justicia universal. También ha apuntado al dinero que «siempre subyace», en relación a las cantidades que se piden en concepto de indemnización para la viuda y la hermana del fallecido.

"Las siete mentiras". El letrado ha tratado de desmontar las versiones incriminatorias de los tres testigos «considerados por las acusaciones directos». Ha asegurado que ninguno vio lo ocurrido la noche del 29 de enero de 2020 "ni siquiera el que dice haber visto al acusado apuñalar a Isidro Antonio González en el pecho. «Siete mentiras del amigo íntimo", ha subrayado para añadir: "Ha declarado que llegó el primero y luego su vecino el guardia civil ha dicho que había sido él. Primera mentira. Ha afirmado que las tijeras estaban entre las piernas del cadáver y se encontraban a la cabecera, segunda mentira; tercera que el coche de su mujer no estaba delante cuando él llegó en el suyo y pegó un frenazo al ver el apuñalamiento ...», ha recalcado la defensa, quien ha agregado que el guardia civil «cuando llamó a la Policiia dijo que había una pelea, no que había habido una pelea y que Isidro Antonio estaba muerto, ya que declaró que le había tomado el pulso y que no había nada que hacer porque era cadáver. Después fue cuando hizo la llamada a la Policía».

"Estuvo a merced del agresor" del crimen de los Rosales - Foto: Tomás Fernández de Moya

A juicio del letrado, no se sostiene la acusación de asesinato planificado. «Si uno va a matar a otro coge un cuchillo o una navaja, no unas tijeras de coser o bricolaje, y desde luego no va en alpargatas». La defensa mantiene que la muerte fue accidental, se clavó las tijeras en el forcejeo. 

27 lesiones. Sin embargo, la forense del Instituto de Medicina Legal de Ciudad Real no cree que la muerte fuera accidental. El cadáver tenía 27 lesiones, una de ellas mortal de necesidad, le seccionó la vena yugular y se desangró en pocos minutos. En cuanto al arma homicida, unas tijeras, la forense María Jesús Delgado ha dicho que la mayoría de las heridas son «compatibles» con las tijeras, que estaban junto al cadáver. Ha reiterado que no había signos de heridas de defensa en las manos de la víctima, lo que indica que no pudo defenderse. «Estuvo a merced de su agresor» , ha recalcado tras una lección magistral de Medicina Legal.

Ante el jurado ha explicado las lesiones mientras en una pantalla se proyectaban las fotografías del cadáver en el escenario del crimen. «Tenía 15 heridas en el cuello, una seccionó la yugular; siete en la cara, dos en cráneo, otras dos en el tórax y una en el codo».

"Estuvo a merced del agresor" del crimen de los Rosales - Foto: Tomás Fernández de Moya

A traición. A la vista del informe forense, y pese a no haber restos de ADN ni de sangre del acusado en las tijeras, la teniente fiscal Carmen Mendiola ha pedido 22 años de cárcel por asesinato alevoso. «Mató a traición, a conciencia, sin posibilidad de defensa», ha aseverado en un detallado y argumentado informe en el que no ha pasado por alto la declaración de la notaria amiga que testificó en la sala de vistas que "la madre del acusado la llamó para decirle: creo que Curro ha matado al vecino". 

Para el Ministerio Fiscal, hay suficiente prueba para condenar al encausado. "No fue una muerte accidental, fue violenta", remarcó Mendiola mirando al jurado para, a continuación, subrayar que Isidro Antonio González y su mujer María Fernanda Colmenero regresaron a su casa poco antes de las nueve de la noche tras realizar la compra. Él salió a mirar si había en el buzón un aviso de la entrega de un paquete, le dieron el el hombro, se giró y vio a su vecino Curro, como conocen al acusado su familia y vecinos. Como quiera que estaban hartos de que pusiera la música a todo volumen (lo llevaba haciendo desde el 24 de diciembre de 2019), le dijo "nos vas a volver locos, apaga la música y dejanos en paz". Fue entonces, según considera probado la fiscal, cuando le agarró, le acorraló y empezó a clavarle las tijeras hasta matarle. Con lo que no contaba el asesino es que hubiera testigos, ha dicho Mendiola. "Aparecieron tres vecinos que habían salido a sacar a sus perros. "Uno de ellos vio como le atacaba y apuñalaba", ha afirmado para añadir: "Le mató en la puerta de su casa, donde aguardaba su mujer para ponerle una inyección por la esclerosis múltiple que sufre". 

El acusado "no les dejaba vivir. Era una tortura vivir con este señor y tuvieron que insonorizar el dormitorio para amortiguar el ruido de la música a todo volumen".

"Estuvo a merced del agresor" del crimen de los Rosales - Foto: Tomás Fernández de Moya

Ensañamiento. El letrado Federico Castejón, que ejerce la acusación particular en nombre de la viuda, considera que Francisco Pablo Seco de Herrera es autor de un delito de asesinato con ensañamiento que había planificado para salir impune. Pero los testigos que aparecieron de forma casual malograron su plan.  

Castejón también ha hecho una reflexión ante el jurado: «La viuda con un 55% de minusvalia, esclerosis múltiple, glaucoma y problemas de audición, pasó el confinamiento sola recién asesinado su marido, valiéndose de sus vecinos para que le dejaran la compra en la puerta. Iban a disfrutar de la jubilación, él era su pies y sus manos, y aquella noche su vecino acabó con sus sueños, con sus vidas», ha concluido tras exponer sus conclusiones definitivas ante el jurado.

Muerte segura y buscada. Rodrigo García, abogado que ejerce la acusación particular en representación de la hermana del fallecido, ha estado brillante en su alegato final. «Le acorraló y cosió a tijerazos. Fue una muerte segura y buscada. No hay legítima defensa que valga, ni siquiera empatía o pena por parte del acusado, ya no digo arrepentimiento", ha subrayado el letrado, que ha aludido al lenguaje corporal del procesado y a su semática de hombre culto, licenciado en Periodismo y Derecho. "De su actitud se desprende que está por encima de la pobre mujer medio inválida y de su marido pensionista, al que arrebató la vida».

"Estuvo a merced del agresor" del crimen de los Rosales - Foto: Tomás Fernández de Moya

Habló de prueba directa e indirecta y dijo que gracia a un testigo se supo que había llamado a su madre y que le había dicho "he matado al vecino, llama a la notaria", ha subrayado Rodrigo García, quien ha destacado que gracias a ello hay una confesión. La notaria amiga de la familia declaró en el juicio. "Estaba nerviosa porque el acusado es el hijo de un amigo y compañero de profesión y tenía un conflicto interno, pero ha dicho que hubo una pelea y que la madre la llamó diciendo que creía que Curro había matado al vecino".  La madre también ha testificado y "ha faltado a la verdad, al negar haber pronunciado esa frase", ha concluido el letrado.

Derecho a la última palabra. Francisco Pablo Seco de Herrera no ha querido hacer uso al derecho a decir la última palabra en el juicio. Se ha limitado a decir que suscribe todo lo que ha dicho su abogado.

¿Culpable o inocente?, el jurado debate desde el miércoles aislado. Las seis mujeres y cinco hombres que conforman el jurado contando a los dos suplentes (sin voz ni voto) han quedado incomunicados a las tres y veinte de la tarde de este miércoles en la Audiencia Provincial de Ciudad Real tras recibir el objeto de veredicto y las instrucciones de la magistrada presidenta del Tribunal, Mónica Céspedes. El primer punto a debatir es determinar el delito: Francisco Pablo Seco de Herrera Arnés es culpable del asesinato de su vecino Isidro Antonio González como sostienen las acusaciones o se limitó a defenderse y es inocente como dice su abogado. La magistrada les ha dicho que para condenar a alguien hay que demostrar su culpabilidad tras aludir al principio de presunción de inocencia. El jurado tiene que debatir si mató a su vecino, las circunstancias, si fue con alevosía, si hubo ensañamiento, premeditación ... El acusado ha mantenido que es inocente, ha recordado la magistrada, quien le ha dicho al jurado que han de razonar el veredicto. "Sólo se puede condenar si hay pruebas", ha recalcado la presidenta del Tribunal del Jurado. 

"Estuvo a merced del agresor" del crimen de los Rosales - Foto: Tomás Fernández de Moya

 

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