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Cañada, un año sin COVID

Ana Pobes
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Cumplir a rajatabla las medidas sanitarias ha sido clave para que este pequeño municipio de algo más de cien habitantes haya esquivado al 'bicho' durante doce meses manteniendo desde entonces a cero el número de positivos

Cañada, un año sin COVID - Foto: Tomás Fernández de Moya

Ya es mediodía en Cañada de Calatrava y el ruido de los pájaros solo se interrumpe por la presencia de algún coche esporádico. En las calles apenas hay gente, y los pocos vecinos que transitan por el pueblo cumplen a rajatabla las medidas sanitarias de llevar puesta la mascarilla y mantener la distancia social para evitar los contagios. Y ése ha sido el único secreto para que este pequeño municipio de algo más de cien habitantes haya esquivado al 'bicho' en el último año. Según datos de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Cañada de Calatrava está libre de coronavirus desde enero del año pasado, por lo que desde entonces su tasa de incidencia es de cero casos por cada 100.000 habitantes. Se ha blindado al virus y ha logrado resistir a la variante Ómicron y a la Navidad manteniendo a cero el número de positivos por COVID-19. La sexta ola no ha entrado en el municipio. 

 Salir de casa, bajarse a la plaza, charlar con un vecino o tomarse una caña con la seguridad casi absoluta de que, se cruce con quien se cruce, esa persona está libre de coronavirus es posible en Cañada de Calatrava. La alcaldesa, la socialista Cristina Espadas, se muestra satisfecha de que el pueblo sea un ejemplo a seguir, pero asegura que los vecinos han sido los principales responsables de que el virus no haya hecho acto de presencia en el pueblo desde hace doce meses. Durante toda la pandemia, recuerda, solo ha registrado cinco contagios. «Afortunadamente, sin ninguna hospitalización ni fallecimiento», comenta a La Tribuna. 

El rango poblacional, la aceleración de la vacunación y la concienciación de vecinos y forasteros ha sido clave para ser lugar sin COVID.  Pero también, señala Espadas, la suerte.  El esfuerzo ha sido de todos, y desde el Ayuntamiento se han adoptando todas las medidas para paliar los efectos de la pandemia y seguir siendo un pueblo sin coronavirus. Con ese objetivo se suspendieron las fiestas patronales y las actividades navideñas. «La gente está muy concienciada y no tiene ganas de fiestas. La Navidad ha sido muy austera. Aún hay miedo», y eso se palpa. Se nota. 

Cañada, un año sin COVID Cañada, un año sin COVID - Foto: Tomás Fernández de MoyaPonciano Ureña apenas sale de su casa. A sus 80 años se protege del coronavirus «con la mascarilla, y teniendo siempre mucha precaución. Si hay mucha gente, me doy la vuelta». Una tónica que ha seguido todo el pueblo, y «eso ha sido lo que nos ha llevado a ser noticia», comenta con satisfacción mientras toma un vino en la barra del bar. El objetivo era mantener a raya el virus, y se ha conseguido. Aunque el camino no ha sido fácil. Conchi García lo sabe muy bien. Desde que llegó la pandemia restringió a la más mínima expresión los abrazos, los besos y los encuentros familiares, esos que tampoco han existido esta Navidad. «Mi padre tiene 90 años, mis hermanas y yo decidimos no juntarnos para protegerle», señala al tiempo que subraya que la mascarilla y mantener más de dos metros de distancia social ha sido, y es, de obligado cumplimiento para vivir sin coronavirus en un país que suma más de 90.000 fallecidos y casi ocho millones de contagiados.  

Atrás quedó la primera ola de la pandemia, donde las labores de desinfección también tuvieron su protagonismo en la localidad. La propia alcaldesa, junto con un agricultor y personal de mantenimiento se encargaron de desinfectar cada rincón del pueblo. Juan Francisco Muñoz fue uno de los que se encargaba de esta tarea que se realizaba tres veces a la semana. Tiene claro que había que colaborar, y él lo hizo. «Era impactante. El pueblo tiene muy poca gente, pero por aquel entonces parecía el pueblo fantasma. No se veía a nadie por la calle. No me cruzaba con nadie». 

Hasta el momento, la pandemia ha pasado de puntillas por la localidad, donde sus habitantes confían en seguir manteniendo los cero contagios. Para ello, insisten, se  seguirá cumpliendo con las normas impuestas por la autoridad.