Irresponsabilidad sin consecuencias

María Jesús Álava
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Las conductas indebidas deben tener efectos acordes a ellas, sobre todo si vienen de jóvenes que no miden los resultados de sus actos

Irresponsabilidad sin consecuencias - Foto: ANGELO CARCONI

En mayo del año pasado abordábamos el tema de la responsabilidad y nos planteábamos si éramos más responsables a raíz de la pandemia que estábamos padeciendo. En aquel momento, mi respuesta fue clara: «Esperar que de la noche a la mañana que la gente cambie y se vuelvan responsables quienes antes no lo eran es más un deseo que una realidad». Casi un año después, cada día asistimos a innumerables actos y comportamientos de irresponsabilidad, que ponen en peligro la vida de innumerables personas.

¿Por qué asistimos diariamente a comportamientos irresponsables con el SARS-COV-2?

Básicamente, por tres razones:

1. Por la información previa que, de forma errónea, se dio sobre este tema, y que se ha quedado grabada en muchos jóvenes, que aún siguen pensando que si se contagian de la COVID-19 lo van a pasar como si fuera una simple gripe.

2. Porque hay personas en las que prevalece la impulsividad, la falta de control, el egoísmo, la inmadurez y la sensación de la satisfacción inmediata.

3. Por la ausencia de consecuencias claras, contundentes y eficaces que actúen de forma disuasoria ante ese tipo de comportamientos.

¿Pero estas personas no piensan en que pueden contagiar a sus familiares?

No, no suelen pensarlo. Estas personas, mayoritariamente jóvenes, pero también de otras edades, prefieren centrarse en su propia satisfacción personal. Cuando les preguntan, tienden a buscar excusas del tipo «No es para tanto», «no puedo estar tanto tiempo sin salir», «yo necesito estar con mis amigos/as…», «soy joven y tengo derecho a divertirme».

¿Qué hay detrás de las conductas  agresivas contra la Policía?

En las últimas semanas, hemos visto cómo numerosas personas reaccionaban con violencia ante las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado cuando eran sorprendidas cometiendo una ilegalidad. Con frecuencia, estas personas han ingerido determinadas sustancias y entran en una vorágine de descontrol, donde se creen impunes, no temen las consecuencias y se sienten arropados por el grupo, que muchas veces les jalea como si fueran ídolos a imitar.

¿Qué se puede hacer para terminar con estas actuaciones?

En psicología sabemos que las conductas dependen en gran medida de cómo es cada persona, de los antecedentes y de las consecuencias.

- Intensificar al máximo el trabajo de sensibilización y concienciación previa.

- Las consecuencias tienen que ser acordes con la infracción y la irresponsabilidad cometida y deben ser asumidas por sus autores. No se trata de poner multas que sean abonadas por la familia, sin  consecuencia para los infractores.

- Al margen de las sanciones económicas, convendría que estas personas hiciesen trabajos sociales que les ayudase a concienciarse de la realidad que provocan con sus hechos.

- En el medio sociosanitario podrían prestar apoyo durante un tiempo (el que se determinase en cada caso). Por ejemplo, ayudar a los celadores, a las auxiliares de enfermería, personal administrativo… en aquellas tareas que resultasen más indispensables para los centros.

- Echar una mano en ciertas tareas en residencias de mayores.

- Dar apoyo a las fuerzas y cuerpos de seguridad en las labores que realizan para mejorar las condiciones higiénicas y sanitarias de la población en la que vivan.

- Vivir la realidad del personal que trabaja para preservar nuestra salud, sentir cómo se quedan destrozadas las familias que han perdido a sus seres queridos…

En definitiva, las consecuencias serán más eficaces si se dictan sentencias en la línea de las que emite el juez de Menores de Granada, el magistrado Emilio Calatayud, que ayuda a que los infractores sientan y asuman las consecuencias que tienen sus imprudencias.