Navarro logra la patente de su motor de alto rendimiento

D. R.
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Una persona conduce un vehículo, en una imagen de archivo. - Foto: Pablo Lorente

Este invento utiliza como combustible gasolinas y gasóleos pero incorpora un ciclo termodinámico que permite recuperar la energía disipada a la atmósfera.

La industria automovilística es uno de los sectores en los que más se apuesta por la I+D+i, si bien aunque los motores de los vehículos cada vez son más potentes y eficientes, su rendimiento aún sigue siendo de aproximadamente un 30 por ciento. O lo que es lo mismo, que el 70 por ciento del combustible se pierde y acaba siendo emitido a la atmósfera en forma de dióxido de carbono (CO2). Un hecho que podría revertirse gracias a Ángel Navarro, consultor técnico nacido en Zaragoza aunque residente en Puertollano desde hace cuatro décadas. Si en 2017 anunció en este diario la invención de un motor de combustión interna con un rendimiento superior a los actuales motores convencionales, ahora ha logrado la patente.
Como bien explica Navarro, se trata de un motor de combustión interna de alto rendimiento que utiliza como energía primaria gasolinas y gasóleos normalizados de automoción, y que incorpora un ciclo termodinámico que permite recuperar la energía disipada a la atmósfera de la refrigeración del motor térmico y la contenida en los gases de escape, utilizando dióxido de carbono en estado «supercrítico» como fluido de potencia.
De este modo, la energía en forma de potencia eléctrica, recuperada en el ciclo termodinámico, «constituye una segunda fuente de energía que, aplicada a un motor eléctrico de arrastre, integrado en el mecanismo de accionamiento del vehículo, configura un sistema adicional de propulsión eléctrica que subordinado al primero permite incrementar el rendimiento global del conjunto por encima de las limitaciones termodinámicas que afectan a cada uno de los dos sistemas por separado, formando entre ambos un conjunto mixto de propulsión compartida: mecánica y eléctrica».
Navarro obtuvo su patente por parte de la Oficina Española de Patentes y Marcas el pasado 31 de enero, siendo publicada la concesión el 7 de febrero en el Boletín Oficial de la Propiedad Industrial (BOPI). Y su originalidad está «fuera de toda duda», supuesto que en la realización del Informe del Examen del Estado de la Técnica no se encontró nada parecido en las bases de datos europeas, sólo aparecieron dos referencias: una en Estados Unidos y otra en una patente de una universidad de Beijing (China), que fueron descartadas por no mostrar ninguna relación con la solicitud presentada. A este respecto, el consultor técnico pone de manifiesto que lo realizado hasta este momento «sólo es el comienzo, y a partir de ahora será necesario iniciar el desarrollo del proyecto en detalle». Así, reconoció que en estos momentos se está iniciando su promoción entre empresas de fabricación de motores para saber si habría nicho de mercado.
Y en relación a si este invento tendría cabida de cara a las nuevas leyes sobre vehículos que actualmente hay sobre la mesa, este consultor técnico ya jubilado y que ha desarrollado parte de su vida laboral en el Complejo Industrial de Repsol en Puertollano asegura que «el motor amparado en esta patente, por el solo hecho de consumir menos combustible para las mismas prestaciones, ya contamina menos». Sin embargo, Navarro hizo especial hincapié en que «no es posible establecer en este momento tan complicado la posición que puede llegar a ocupar en el conjunto de la tecnología de propulsión de vehículos».
Para ello, Navarro hace referencia a las «desafortunadas declaraciones» de la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, proponiendo plazos para llevar a cabo la transición al vehículo «cien por cien eléctrico», las cuales -a su juicio- «no ayudan mucho en este sentido, supuesto que al mismo tiempo que dan por conseguido el desarrollo de las baterías de alta capacidad de carga, imprescindibles para este tipo de vehículos, lo cual es mucho suponer, generan incertidumbre, desmotivan el perfeccionamiento de los actuales motores de combustión interna para conseguir mejores rendimientos y paralizan las inversiones necesarias que permitirían investigar soluciones a más corto plazo para reducir las emisiones contaminantes durante este incierto y dudoso periodo de transición a la electrificación total de los vehículos».