Condenado a 5 años un masajistas por abusos

Pilar Muñoz
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Condenado a 5 años un masajistas por abusos - Foto: Tomás Fernández de Moya

La Audiencia Provincial de Ciudad Real afea al procesado su última palabra en la que dijo que a la víctima le gusta «figurar» y que denunció para lavar su imagen porque se había separado, «algo que no se puede entender»

La Audiencia Provincial condena a un masajista de Valdepeñas a cinco años de cárcel al juzgar probado que abusó sexualmente de una mujer que acudió a su centro para recibir un masaje terapéutico. Ocurrió el 14 de julio de 2016 en el centro que el procesado regentaba con su mujer en Valdepeñas.
Ante la proximidad de un viaje y los problemas que tenía para caminar debido a una fascitis plantar, la víctima acudió a este centro por la confianza que le inspiraba el hecho de conocer a la mujer del encausado y a él mismo, a través de los hijos que iban al mismo colegio y eran amigos y también porque las dos mujeres habían coincidido con anterioridad en algunos trabajos.
Cuando la mujer llegó al centro   (le dio cita a última hora de la tarde) y una vez en la cabina de masaje, el procesado José M.P., de 48 años, le dijo que se quitara la ropa y se tumbara en la camilla para darle el masaje tras dejarle una toalla. Comenzó en el pie y acabó abusando de ella de forma tan sorpresiva que no tuvo capacidad de reaccionar ante el tocamiento y abusos. Así lo juzga probado el Tribunal que enjuició a primeros de mes estos hechos en base al testimonio de la víctima, testigos y, sobre todo, informes periciales.
Reproche.  El procesado hizo uso del derecho a decir la última palabra en el juicio, pero no estuvo acertado. El Tribunal se lo afea en  la sentencia. En los fundamentos de derecho motiva de forma precisa la convicción de la Sala. Expone los argumentos tras analizar, punto por punto el plenario, todas las pruebas. El Tribunal juzga que «no se atisban móviles espurios» en la declaración de la perjudicada, pese a que se señalaba, de un lado, el interés económico, y de otro, el ánimo de «figurar» y de lavado de imagen, que el abogado de la defensa y el acusado esgrimieron.
El procesado dijo que la denunciante pudo obrar por venganza y  que era una mujer que a la que le  gusta figurar. El Tribunal considera preciso matizar que no se debe confundir ese «figurar», con «un presentar una fachada socialmente aceptable», que es lo recoge el informe obrante, que concluye que presenta características de personalidad sana».
Tampoco puede asumir el Tribunal que la perjudicada presentara la denuncia para hacerse publicidad, según dijo el encausado, porque en la causa «no hay nada que permita si quiera sospechar tan extravagante, entendido como singular y chocante, aserto, como sería igualmente errático y grotesco pensar que su reciente separación fue lo que llevó al acusado a actuar en tal forma».
«En la segunda década del siglo XXI, bajo ningún concepto puede entenderse que una separación o divorcio se plantee como una situación indecente o vergonzante que requiera de lavado de imagen alguno», concluye el Tribunal.