El mundo del dolor acude a la Patrona

D.F.
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La Caravana Blanca llena de bullicio El Prado antes de recibir el mensaje de aliento y de fe del obispo de Ciudad Real para los enfermos, sus familiares y las personas que les atienden

El mundo del dolor acude a la Patrona - Foto: Tomás Fernández de Moya

El obispo de Ciudad Real, Gerardo Melgar, recibió ayer a los participantes en la Caravana Blanca, el acto dedicado a los enfermos que en 1964 promovió el entonces capellán de los hospitales del Carmen y de Alarcos, el sacerdote José Ballesteros.

En su intervención ante los fieles, el titular de la diócesis de Ciudad Real,  recordó que ésta es «una celebración entrañable y tradicional», en la que la Virgen, en cualquiera de sus advocaciones, «presenta a su hijo el dolor de los enfermos».

Melgar consideró necesaria la fe para sobrellevar las dolencias «con esperanza y alegría», y recordó los muchos casos en los que son los propios enfermos los que a través de su actitud, reconfortan a las personas que les ayudan o a quienes intentan animarles.

Al mismo tiempo, recordó cómo a través de la alegría y gratitud  que muestran los enfermos por la ayuda que reciben se ayuda también a recuperar la fe en Dios.

Sólo unos minutos antes de que comenzase la misa, el espacio ante la puerta de la Catedral de Santa María del Prado se convirtió durante unos minutos en un pequeño caos mientras las ambulancias que llegaban trataban de situarse y las que ya se habían detenido abrían sus puertas y hacían descender a sus primeros pasajeros en camilla. Pero un caos cuajado de sonrisas, de saludos, de reencuentros de devoción por la patrona de Ciudad Real y salpicado por los claveles blancos las postales con la imagen de la Virgen del Prado que repartían los integrantes de las Hospitalidad de Lourdes. Ismael Rodríguez, uno de los voluntarios que entregaba en mano las flores, señala a los medios de comunicación que éstas «son el símbolo de su dolor, de modo que cada uno que ofrece su dolor, una enfermedad, su problema, y nosotros les regalamos esta flor para que se lo ofrezcan directamente a la Virgen», comenta.

En pocos minutos, la comitiva que encabezaban los coches cedidos por el Club de Vehículos Históricos, donde viajaban la dulcinea, Fátima de la Flor, sus damas y el pandorgo; Julio Santiago Sánchez; logró ordenarse y trasladar a sus viajeros al interior de la basílica. Por detrás, un autobús y un microbús de la empresa Aisa, furgonetas y otros coches reunidos por la residencia de Santa Teresa de Jesús Jornet, así como las ambulancias formaron un largo cortejo que recorrió las calles de forma ruidosa.

El primero de los vehículos de la residencia de la calle Calatrava, una furgoneta, mostraba la imagen de la Virgen del Prado situada habitualmente en su capilla y que durante esta Caravana Blanca quedó junto a la puerta del templo.

Otros enfermos y ancianos llegaron en compañía de sus familiares, simplemente caminando por el Prado para llegar a la catedral.

Fátima de la Flor incidió en que  la jornada de ayer «es el día más emocionante, por toda la gente que viene a acompañar y ayudar a los ancianos y los enfermos», mientras que Julio Santiago Sánchez, insistía en que «compartir este día con los enfermos y con quienes les acompañan es muy bonito».

Por su parte, la coordinadora del operativo de Ambulancias Amaur, Encarni González, explica que esta fecha «se prepara con mucha ilusión» y resaltó que todos los trabajadores reunidos ante la catedral son «voluntarios, se pone la lista en la empresa y se apunta quien quiere, y quieren venir todos».

Para los sanitarios el trato con los enfermos en jornadas como la de ayer es «muy agradable, muy emocionante, porque ellos están esperando este día con mucha ilusión», refiere.

El mensaje de la propia Hospitalidad de Lourdes, con motivo de esta fecha recuerda que quienes acuden a esta cita ante la Virgen del Prado, lo hacen «porque tienen fe y porque esperan de ella su protección y sus favores». Más adelante, el escrito detalla que los enfermos llevan ante la patrona, «junto a unos ramos de flores, el tesoro de su dolor, de sus limitaciones, de su incapacidad para el trabajo y van a pedirle bendiciones y gracias en su vida».


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