Estruendos de fe

Ana Pobes
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Cerca de 200.000 cohetes retumban un año más en el cielo de Villarta de San Juan en señal de la devoción que los vecinos profesan a su patrona, la Virgen de la Paz

Estruendos de fe - Foto: Pablo Lorente

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Las Paces de Villarta de San Juan

Son las once y media de la mañana y la gente se empieza a concentrar en los alrededores de la iglesia. Dentro hace ya un rato que se celebra la eucaristía. Un estruendo rompe el silencio con el que los villarteros esperan a su Virgen de la Paz. Es la señal. Los acordes del himno de España, interpretados por la Banda Municipal ‘Villaharta’, anuncian que la patrona ya está en la calle. La emoción inunda la plaza de la iglesia entre los vítores y los aplausos. No faltan tampoco las lágrimas de los más devotos, mayores y jóvenes que no dejan de mirar a su patrona. La Asociación de Jubilados y Pensionistas lanzan unos globos blancos y dos palomas blancas. Es el momento en el que la patrona comienza el recorrido, desde la plaza de los Mártires hasta la ermita (iglesia vieja) y regreso. Un trayecto de unos 500 metros que dura unas cinco horas y en el que se lanzan miles de cohetes en señal del amor y la devoción que los vecinos profesan a su patrona. Y es que, cada uno de esos cohetes se convierten en oración y promesas.  
Explosión de fe que se remonta al año 1369 y que se ha transmitido de generación en generación a pesar del transcurso del tiempo. Es Villarta de San Juan, sus paces y su peculiar y única forma de demostrar su pasión incondicional por su patrona. Alrededor de 300 integrantes de entre 25 y 30 peñas comienzan a soltar cohetes durante el recorrido, donde se dejan el alma en las calles por su Virgen de la Paz. El estruendo de miles de promesas empiezan a estallar en los tímpanos y los carrizos comienzan a caer como señal de que las oraciones han sido bien recibidas. Este día el cielo acoge casi 200.000 cohetes de Villarta. 
Monos azules, blancos, naranjas, amarillos, verdes... Toda una infinidad de tonalidades que representan a cada una de las diferentes peñas. Los coheteros, protegidos con gorros, guantes y botas se convierten, junto a la Virgen de la Paz y los miles de cohetes, en los principales protagonistas de la fiesta grande, declarada de Interés Turístico Regional en el año 1994. Mayores, pequeños y jóvenes no contemplan ni Villarta de San Juan ni esta festividad sin estos artefactos pirotécnicos. Unas fiestas que «se viven con mucha intensidad, devoción y alegría. Son días de muchos sentimientos porque se mezclan recuerdos y promesas», comenta la alcaldesa de la localidad, Irene Ruiz, pocos minutos después de la salida de la Virgen. 
Estruendos de fe Estruendos de fe - Foto: Pablo LorenteLas peñas ayudan a mantener una fiesta en la que  la subasta en honor a la patrona (tras la procesión) también adquiere un significado especial. La gente puja por los brazos de las andas de la Virgen para poder portarla al año siguiente.  Festividad que «se espera todo el año con mucha ilusión», explica Irene Menchén ataviada con el mono de la peña Ten cuidado que me abrasas. Y para la ocasión, toda una serie de preparativos a los que ayer el tiempo dio una tregua y la lluvia que cayó a primera hora de la mañana dejó pasó horas más tarde a los rayos del sol. «Al final la patrona siempre consigue que salga el sol. Estamos muy contentos porque es un día muy especial, de mucho amor y mucha devoción», añade. 
Muy cerca de ella, se encuentra Francisco Madero. Es uno de los integrantes de la Peña La Tirantilla, de mono de color azul. Lleva más de treinta años lanzando cohetes y asegura que nunca se van esos «nervios e incertidumbre de que todo salga bien». Un momento, relata, en que la emoción no solo invade el pueblo sino también a villarteros, que como él, llevan en el pensamiento sus peticiones y agradecimientos a la Virgen.  
Más de cincuenta años lleva Alejandro Marchante participando en la procesión como cohetero. Un sentimiento «difícil de explicar», comenta ante la atención de sus compañeros, y más, relata entre la emoción, cuando la vives «con tus nietos». Emoción que aflora aún más cuando se le pregunta qué pedirá este año a la Virgen, y a lo que contesta que «algo muy especial». 
Estruendos de fe Estruendos de fe - Foto: Pablo LorenteDurante cinco horas no deja de sonar el ruido de la fe. Miles de personas acompañan a la patrona, pues «no solo somos los villarteros los que salimos en la procesión,  también viene mucha gente de fuera», añade la regidora, quien pidió a la Virgen «que Villarta crezca, progrese y avance y que ayude a todos los vecinos de Villarta». La devoción envuelve a la patrona con un manto de cariño que no abandonará hasta su regreso a la iglesia. 
A las tres y cuarto de la tarde llega la esperada ‘Operación 2.000’, una singularidad de estas fiestas que la hace única. El río Cigüela es  testigo de la batería formada por 2.000 docenas de cohetes. Un total de 24.000 explotan en apenas tres minutos. Es el momento en el que la patrona llega a la iglesia de San Juan Bautista de la localidad, conocida entre los vecinos, como ‘la iglesia vieja’. Dos  horas después, sobre las cinco de la tarde, la imagen ya está de nuevo en el templo, donde descansará hasta el próximo año, y tras haber cumplido con todas las promesas que se le hicieron, miles por la cantidad de veces que estalla el cielo.