Acústico y experimental

Raquel Santamarta
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Manolo García embruja al público del Quijano con un repertorio de más de 30 canciones que suenan diferente. Un repaso a su extensa carrera que, gracias a una banda espectacular, brilla con una luz cegadora en 'Un giro teatral' que le convierte en un

Acústico y experimental

Lo de ayer no fue como lo de cada viernes. No fue “salir a dar una vuelta” y a “quemar la semana”. Lo de ayer fue un regalo para los sentidos. “El arte es un balón de oxígeno que me ayuda a vivir”, confesaba un incombustible Manolo García consumida la primera cuarta parte de un concierto de tres horas que daba sus primeros pasos con Del bosque de tu alegría, un tema que habla de “robarle el tiempo al minutero”. Y eso hizo el cantante barcelonés de origen albaceteño que, tras elegir Ciudad Real para abrir la primera gira acústica de su carrera, se entregó en cuerpo y alma al auditorio sin importarle lo más mínimo el reloj. Más de una treintena de canciones sonaron de manera diferente sobre las tablas de un Quijano en Un giro teatral (con el puso el broche) repleto de jaulas iluminadas -en ese guiño a los pájaros que forman parte de su imaginario- y sombras proyectadas en dos pantallas enmarcadas.

 

Acompañado por una extensa banda con nombres tan potentes como los de Ricardo Marín, nieto del guitarrista flamenco Isidro Marín Utrera, y Josete Ordoñez, miembro del equipo de Eliseo Parra, Manolo García -un firme defensor del trabajo en equipo- se lanzó a Exprimir la vida antes de desgranar un repertorio en el que no faltaron propuestas iniciales como Cierro la noche, Sólo amar y Sabrás que andar es un sencillo vaivén.

Acústico y experimental
Acústico y experimental - Foto:

 

Desde que empezara en el 81 con Los Rápidos, formación con la que compuso temas como Navaja de papel, que ayer entonó armónica en mano, Manolo García ha ido ahondando en la poética de lo cotidiano hasta alumbrar canciones como Océano azul, Ardieron los fuegos o El frío de la noche que -gracias a una banda completada por Víctor Iniesta, Juan Carlos García, Olvido Lanza, Charly Sardà e Íñigo Goldaracena- ayer brillaron con una luz cegadora. Y es que si por él fuera, saldría a escena con una orquesta.

 

Pero antes de entrar en ‘Geometría del rayo’, Manolo García se metió a los asistentes al show en el bolsillo con los versos de El último de la fila, grupo en el que militó junto a Quimi Portet hasta 1998. Ya no danzo al sol de los tambores hizo vibrar a un público que también se entregó a los ritmos Sara, A veces se enciende o Lápiz y tinta. “¡Cabrones. Me queréis hundir! ¡No toco ninguna más’”, reflexionó en voz alta antes de continuar con Nunca el tiempo es perdido, un tema con el también dejó “rastro” y dejó “huella”.

 

Si te vienes conmigo, intercalada con el inicio de Insurrección, puso a los asistentes a hacer el perro, el gato y hasta el burro. Un gran coro de onomatopeyas animales antes de retirarse a cambiarse la camisa. Como quien da un refresco, Rosa de Alejandría, tan “amarilla” como “sencilla”, Carbón y ramas secas, Pájaros de barro, A San Fernando, un ratito a pie y otro caminando, No estés triste, El club de los amantes desairados, Somos levedad, Una tarde de sol y Para que no se duerman mis sentidos se sucedieron en teatro municipal en el que no faltó la poesía de Antonio Machado, el tradicional pañuelo de yerbas manchego en sus manos o la entrega de una piedra, para pintar en ella, a la alcaldesa de la ciudad.

 

“PARA LO QUE CAIGA”. “Estamos aquí para lo que caiga y lo que ha caído hoy es estupendo”, confesó un Manolo García para el recuerdo más experimental y acústico que nunca. Salvo por el piano eléctrico encerrado en una vintage estructura de madera que convivió, en perfecta armonía, con instrumentos en forma de platillo volante como el hang -de cuyo acero emana música celestial- o con antenas como el theremín -que tiene la particularidad de que se toca sin tocar-. Porque Manolo viene de otra galaxia de ondas sonoras lejanas en la que no existen los móviles. “La tecnología no me interesa”, según aseveró un hombre sencillo que trata de «hacer más habitable» el mundo «duro e inhumano” que habita. Hoy repite.